Recursos para la introducción de las reuniones de diálogo de la SGEs
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El reino de los fenómenos es la Tierra de la Luz Tranquila.
↳ Frase de Las catorce acciones contra la Ley, en END, pág. 798. Esta carta fue escrita por Nichiren Daishonin a finales de 1276 en respuesta al sacerdote laico Matsuno Rokuro Saemon. Este le había preguntado si los beneficios que recibía un venerable cuando entonaba el daimoku eran diferentes de los que recibía un practicante común, a lo que su maestro contesta que no. «Sin embargo», continúa, «hay diferencia cuando uno entona el daimoku pero actúa contra el propósito del sutra» (pág. 793). Y a raíz de mencionar las catorce acciones contra la Ley explica dicho propósito.

En el Sutra del loto, quintaesencia de las enseñanzas de Shakyamuni, hallamos el principio de que «el mundo saha es, en sí mismo, la Tierra de la Luz Tranquila». Saha es un vocablo sánscrito que significa «soportar» o «resistir». […]
Si las personas conciben primariamente el mundo como un lugar plagado de aflicciones, corren mayor riesgo de interactuar con él de la manera equivocada; por ejemplo, buscando solo su propia salvación personal; o sintiéndose impotentes y resignadas ante la dura realidad social; o incurriendo en respuestas pasivas, en espera de que alguien resuelva sus problemas.
La verdadera intención de Shakyamuni no fue sentenciar que el mundo saha era un lugar donde soportar penurias, sino esclarecer que es el entorno preciso donde debemos construir la tierra de nuestros sueños y aspiraciones; es decir, la «Tierra de la Luz Tranquila». Este principio se ilustra con detalles en el undécimo capítulo del Sutra del loto, titulado «El surgimiento de la torre de los tesoros». Allí, en ese mundo saha donde se han congregado multitudes a escuchar la prédica del Buda, emerge una gigantesca torre iluminada por la luz de la dignidad. Entonces, el mundo saha se convierte en la Tierra de la Luz Tranquila a los ojos de todos. […]
En los tiempos de Nichiren, el pueblo japonés vivía a merced de una serie interminable de catástrofes. A los conflictos armados se sumaban desastres naturales como terremotos y tifones, y también epidemias. Pero la sociedad estaba dominada por ideologías escapistas, que mantenían a la gente encerrada en el cascarón de su egoísmo y en la negación de la realidad, o por sistemas de pensamiento que representaban al ser humano como una criatura impotente. Estas creencias alimentaban un círculo vicioso que debilitaba y drenaba la fuerza vital de la población.
En este trasfondo social, Nichiren habla sobre la escena del Sutra del loto donde surge la torre de los tesoros, que da inicio al proceso de transformación de la tierra. Recalca que esa torre que se vuelve visible ante la asamblea allí reunida representa, en realidad, el «cuerpo individual» de todas las personas. Y, con ello, nos enseña que este proceso de toma de conciencia –el descubrimiento de que cada uno de nosotros es esa misma luz digna y brillante que emite la torre de los tesoros, capaz de iluminar el mundo transido de aflicciones– es el yacimiento del cual aflora nuestro potencial humano ilimitado. Además, proclama la importancia de crear con nuestras propias manos el mundo que deseamos, mediante el esfuerzo de cada persona por brillar como esa torre de los tesoros y mediante la acción redoblada de todos para alumbrar de esperanza la sociedad.[1]
En el texto del cual se ha extraído el comentario anterior, la propuesta de paz que elevó a las Naciones Unidas en 2020, Daisaku Ikeda habla sobre su encuentro con Wangari Maathai en 2005:
Hablamos sobre su labor sembradora de esperanza en la creación de un mundo nuevo, que comenzó por su entorno inmediato. Puesta a reflexionar sobre el Movimiento Cinturón Verde, que empezó plantando apenas siete retoños, la doctora Maathai afirmó: «El futuro no existe en el futuro: nace de lo que hagamos hoy. Si queremos lograr algo en el futuro, tenemos que ponernos a trabajar ya en esa dirección». […]
A propósito, ese encuentro con la doctora Maathai tuvo lugar dos días después de la entrada en vigor del Protocolo de Kioto, el primer acuerdo marco que planteó la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero. El movimiento iniciado por la doctora Maathai en Kenia tal vez no haya sido tema de grandes titulares, comparado con ese convenio histórico. Sin embargo, con el paso del tiempo, la esperanza que ella encendió con sus acciones fue ganando ímpetu y apoyo, y creció hasta convertirse en una campaña coauspiciada por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), que ha proseguido después del fallecimiento de su iniciadora. Estamos hablando de un emprendimiento que condujo a la plantación de más de 15 000 millones de árboles en todo el mundo.
Hasta el día de hoy, guardo en mi memoria vívidamente estas palabras de la doctora Maathai: «Aunque creamos que cierta acción particular hecha por un individuo es muy pequeña, pensemos en qué ocurriría si se repitiera varios millones de veces… Sin duda, marcaría una diferencia». Sus palabras transmiten un potente alborozo cuyo origen es el desafío de la construcción.[2]

Ikeda Sensei definió en ocasiones el budismo, con llaneza y profundidad a la vez, como una «filosofía de la vida». Las plantas corporeizan con fuerza la vida, y también pueden hacerlo las personas. De hecho, en el Sutra del loto encontramos una expresión que aúna el potencial de ambas: «flores humanas».[3] La victoria de este grupo de diálogo de la SGEs en Fuerteventura, con la juventud a la vanguardia, ha sido responder a las expectativas del maestro convirtiendo una tierra depauperada en el jardín de valores humanos que vemos brillar en la imagen. ¡Enhorabuena!
Envío de imágenes a: prensa@ediciones-civilizacionglobal.com
[1] ↑ IKEDA, Daisaku: La construcción de una era de solidaridad humana: Hacia un futuro para todos, propuesta de paz de 2020, disponible en daisakuikeda.org.
[2] ↑ Ib.
[3] ↑ SL, cap. 5, pág. 105.
