«Crear una ola de cambio hacia un siglo sin guerras»
A ochenta años del final de la Segunda Guerra Mundial, el 1 de agosto el presidente de la Soka Gakkai, Minoru Harada, presentó una declaración titulada «Crear una ola de cambio hacia un siglo sin guerras», reafirmando su compromiso con la paz.
El texto se basa en la determinación de que nadie en este planeta debería padecer el horror de la guerra. Tras referirse a sus propias experiencias durante los bombardeos sobre Tokio, Harada expresa sus condolencias por las víctimas de la guerra y su pesar por el dolor que las fuerzas armadas japonesas causaron durante la Segunda Guerra Mundial.
Escribe: «Como ciudadano japonés, una vez más me comprometo firmemente a seguir trabajando para construir la paz, no solo en la región de Asia y el Pacífico, donde las acciones pasadas de Japón causaron inmensa devastación y sufrimiento, sino en todo el mundo, guiado por una profunda reflexión sobre esta historia».
Harada recalca que las iniciativas de la Soka Gakkai en bien de la paz se fundan en la preocupación por el sufrimiento que las guerras imponen a la población civil. Esta misma conciencia ha motivado los múltiples esfuerzos por promover la paz y la renuncia a la guerra iniciados por su maestro Daisaku Ikeda (1928-2023), presidente de la SGI: desde sus viajes a los países de Asia devastados por la brutalidad japonesa hasta sus llamamientos a librar el mundo de las armas nucleares, así como sus propuestas de paz presentadas anualmente a lo largo de cuarenta años.
Harada enuncia su grave inquietud por los prolongados conflictos y las desastrosas situaciones que se viven en lugares como Ucrania y Gaza, y aboga por un esfuerzo diplomático persistente para lograr, en cada caso, un alto el fuego real. Lamenta que el objetivo de la Carta de las Naciones Unidas –librar al mundo del flagelo de la guerra– no se haya alcanzado aún al cabo de ochenta años, y exhorta a adherir a la legislación humanitaria internacional. Asimismo, propone movilizar la opinión pública con el fin de prohibir y abolir las armas nucleares.
Harada concluye planteando tres compromisos clave de la Soka Gakkai.
Primero, mantener intercambios juveniles sostenidos, a tono con la larga trayectoria de la organización, que ha promovido intercambios en el nivel ciudadano entre países vecinos en Asia, como China y Corea del Sur. Escribe: «Creemos firmemente que las relaciones de amistad entabladas por los jóvenes que representan a la próxima generación serán el basamento más sólido para los baluartes contra la guerra».
Segundo, Harada reafirma la determinación de la Soka Gakkai y de la SGI (Soka Gakkai Internacional) de seguir promoviendo el diálogo interreligioso.
Tercero, insta a expandir las redes de solidaridad global y se compromete a apoyar de manera constante los esfuerzos centrados en la ONU para abordar cuestiones referidas a los derechos humanos y el cambio climático.
Afirma: «Hoy, más que nunca, la comunidad internacional debe prestarse a una transición entre una era caracterizada por la escalada militar motivada por la desconfianza mutua y una era en que las naciones colaboren para abordar las amenazas y los desafíos compartidos que la humanidad enfrenta». A medida que se avance en esa dirección, el camino hacia un siglo definido por la renuncia a la guerra se irá abriendo con claridad, sin falta».
