Este mes y el que viene proponemos aprender de uno de los escritos principales de Nichiren Daishonin, La selección del tiempo, tomando como base un extracto de la disertación que Daisaku Ikeda le dedicó hace ahora quince años.
Puesto que su propósito primordial es la felicidad de quienes viven en el momento presente, el budismo siempre tiene en cuenta el tiempo. El título del conocido tratado de Nichiren Daishonin que nos disponemos a estudiar, La selección del tiempo, tiene una importancia clave en su enseñanza, porque «seleccionar el tiempo» significa seleccionar correctamente el Último Día de la Ley como tiempo propicio para la amplia propagación de la Ley Mística, es decir, como la época del kosen-rufu.
El Daishonin, nacido en ese Último Día, vivió en el momento preciso. Consciente del significado que tenía para el budismo, eligió certeramente la enseñanza más apropiada para ese período y comenzó a transmitirla para liberar del sufrimiento a quienes vivían en él.
El período conocido como Último Día de la Ley
En el Sutra de la gran compilación, el buda Shakyamuni habla al bodisatva Acervo Lunar sobre los cinco períodos de quinientos años posteriores a su muerte. Señala que en su transcurso el budismo se propagará, prosperará y luego declinará. Esos períodos son, concretamente: 1) la época de lograr la emancipación, en la cual muchas personas se emancipan del sufrimiento mediante la práctica de las enseñanzas del Buda; 2) la época de meditar, en la cual la meditación pasa a ser la práctica predominante; 3) la época de estudiar y recitar los sutras y escuchar disertaciones sobre ellos como práctica central; 4) la época de construir templos y estupas, en la cual se erigen muchas construcciones religiosas, pero declina el espíritu de búsqueda hacia las enseñanzas budistas; y 5) la época de enfrentamientos y disputas, y de conflicto entre las diversas escuelas budistas, en que las enseñanzas de Shakyamuni se oscurecen y se pierden. Desde el punto de vista de los tres períodos, los primeros mil años constituyen el Primer Día de la Ley; los mil años siguientes se identifican como el Día Medio de la Ley, y el quinto período de quinientos años marca el inicio del Último Día de la Ley.
La época correcta para la propagación, la persona correcta para iniciar la propagación y la enseñanza correcta para la propagación: cuando se conjugan estos tres elementos vitales –la época, la persona y la Ley– se abre la forma de aliviar a las personas de sus sufrimientos en el nivel más profundo. La enseñanza que el Daishonin identificó como la más apropiada para el Último Día fue la gran Ley de Nam-myoho-renge-kyo, esencia del Sutra del loto implícita en su capítulo 16.º, «La duración de la vida de El Que Así Llega».
Nam-myoho-renge-kyo es la semilla de la budeidad; es la causa por la cual todos los budas logran la iluminación. Cuando disipamos las nubes de la oscuridad o ignorancia que envuelven nuestra vida, usando para ello la «filosa espada»[1] de la fe, nuestra vida es iluminada por la luz de la Ley Mística y, al instante, manifiesta «los dignos atributos que poseen [los seres humanos] en forma intrínseca».[2] En otras palabras, podemos tomar contacto con el poder infinito de la Ley Mística que hay en nuestra vida y revelar nuestra budeidad innata.
Cuando disipamos las nubes de la oscuridad o ignorancia que envuelven nuestra vida, usando para ello la “filosa espada” de la fe, nuestra vida es iluminada por la luz de la Ley Mística y, al instante, manifiesta “los dignos atributos que poseen [los seres humanos] en forma intrínseca”. En otras palabras, podemos tomar contacto con el poder infinito de la Ley Mística que hay en nuestra vida y revelar nuestra budeidad innata.
La capacidad de obtener simultáneamente la verdadera causa y el verdadero efecto de la budeidad en nuestra vida mediante el poder de la fe responde a la función de Nam-myoho-renge-kyo.[3] Cuando tomamos conciencia de la Ley igual e imparcial de Nam-myoho-renge-kyo, llegamos a sentir una profunda conexión con los semejantes. A medida que más personas vayan compartiendo esta clase de lazos, la humanidad irá uniéndose y acercándose.
También obtendremos la fortaleza de prevalecer sobre la tendencia al conflicto de un período como el Último Día, creando paz y felicidad. La clave es que cada uno de nosotros manifieste en su vida el poder de Nam-myoho-renge-kyo, la Ley fundamental de la iluminación. Este es el propósito de todo lo que hacemos por el kosen-rufu. Más aún, a través de nuestra acción constante por difundir la enseñanza correcta, podemos superar la declinación crítica de la Ley, situación en la cual «prevalecen las peleas y las disputas, y en que la Ley pura se oscurece y se pierde».[4]
Nichiren Daishonin es el Buda del Último Día de la Ley, que inició esta lucha en los albores de esa época corrupta. La selección del tiempo detalla su valiente labor por propagar la Ley Mística como devoto del Sutra del loto. Por ello, en sentido específico este escrito puede verse como una proclama sobre la identidad del maestro que selecciona correctamente el tiempo: el maestro correcto del budismo que guía a todas las personas a la iluminación en el Último Día de la Ley.
Es más, el Último Día se extiende hacia el eterno futuro. En especial, en este escrito el Daishonin señala que en el mundo «estallarán luchas y disputas, peores a todo lo que el hombre haya conocido jamás».[5] En el siglo XX, justamente llamado el «siglo de la guerra», se desataron luchas y disputas «peores a todo» lo conocido, en concordancia exacta con este pronóstico. La Soka Gakkai surgió como organización en ese contexto de inestabilidad social.
Es hora de que la Soka Gakkai afiance más aún las sólidas bases que ha establecido en bien del kosen-rufu en Japón y en todo el mundo.
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Contexto de La selección del tiempo
Nichiren Daishonin compuso La selección del tiempo en 1275, a los cincuenta y tres años, mientras residía en el monte Minobu. Se cree que fue enviado a un creyente de nombre Yui, que habría vivido en Nishiyama, en la provincia de Suruga (actual zona central de la prefectura de Shizuoka). Un año antes, en octubre de 1274, las fuerzas mongolas habían atacado Japón. Esto respondió a la predicción, basada en los sutras, de la calamidad de la invasión extranjera que el Daishonin había incluido ya en 1260 su tratado Sobre el establecimiento de la enseñanza correcta para asegurar la paz en la tierra. De este modo, La selección del tiempo vio la luz en un entorno amenazado por una segunda invasión y en un momento caracterizado, consecuentemente, por la consternación y el temor.
Al inicio de este escrito, Nichiren Daishonin esclarece su tema central: «Para estudiar las enseñanzas del budismo, primero hay que aprender a discernir el tiempo».[6] Aquí, «tiempo» se refiere específicamente al tiempo para exponer la Ley.
El Daishonin sigue explicando que ni el buda Excelencia de la Gran Sabiduría Universal[7] (un buda del pasado) ni el buda Shakyamuni (un buda del presente) ni el bodhisattva Maitreya[8] (un buda del futuro) ni otros expusieron la Ley en un período en que esperaban la llegada del momento propicio, sino que lo hicieron solo después de discernir y escoger el tiempo adecuado.[9] Es decir, aun cuando a los budas se les pide que prediquen la Ley, se abstienen de hacerlo hasta que llega el momento oportuno. Antes de eso, aunque existan individuos de capacidad sobresaliente que podrían comprenderla, no predican la enseñanza para el logro de la budeidad. En cambio, cuando llega el momento propicio, exponen libremente la enseñanza aun a quienes se atribuye una capacidad de comprensión inferior.
Sobre esta base, el Daishonin confirma que el principal criterio con el cual Shakyamuni comenzó a predicar la Ley suprema para el logro de la iluminación no se relacionó con la presencia de personas con capacidad suficiente para entenderlo, sino con que, efectivamente, había llegado el tiempo oportuno para iniciar la transmisión. Estas observaciones refutaban frontalmente la postura aceptada por las escuelas budistas de la época, según la cual la capacidad de las personas era más importante que el tiempo.
Desde luego, esto no quiere decir que el Daishonin subestimara la relevancia de la capacidad subjetiva. Como se ve a partir de las cartas enviadas a seguidores individuales, ponía enorme esmero y cuidado en transmitir su mensaje de la manera más adecuada a cada destinatario.
No obstante, mucho más trascendental era tener claro que el Último Día de la Ley es una época en la cual se debe proclamar la enseñanza correcta para guiar a todas las personas a la iluminación, sea cual fuere su capacidad o la persecución que esta iniciativa pueda provocar. Como el Daishonin era profundamente consciente de ello, dio suprema importancia al tiempo.
El Último Día de la Ley es una época en la cual se debe proclamar la enseñanza correcta para guiar a todas las personas a la iluminación, sea cual fuere su capacidad o la persecución que esta iniciativa pueda provocar. Como el Daishonin era profundamente consciente de ello, dio suprema importancia al tiempo.
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En su tesis Sobre el establecimiento de la enseñanza correcta para asegurar la paz en la tierra, el Daishonin explica que la razón por la cual advierte al gobernante en términos tan rigurosos es para impedir la calamidad de la guerra, derivada de los dos desastres que estaba prediciendo: la invasión extranjera y la rebelión interna. Estos eran, de los siete desastres prenunciados en los sutras,[10] los únicos dos que todavía no se habían manifestado en los tiempos de Nichiren Daishonin. La selección del tiempo también puede verse como una ardiente proclama de paz, antes de que sea demasiado tarde. «¡Evitemos que sucedan graves conflictos y enfrentamientos que hagan sufrir a las personas! ¡Construyamos, en cada lugar, un reino de paz para la prosperidad y la seguridad de las personas!». Esta es nuestra postura fundamental como budistas, y el espíritu del budismo de Nichiren Daishonin.
La selección del tiempo también puede verse como una ardiente proclama de paz, antes de que sea demasiado tarde.
La determinación de Ikeda Sensei
«Hace años [en 1964], publiqué un volumen de disertaciones sobre La selección del tiempo. El maestro Toda había empezado a escribir una serie de conferencias sobre esta obra, y yo me ocupé de concluirla después de su muerte; por lo tanto, ese volumen terminado representaba una labor conjunta de maestro y discípulo.
En aquella serie, recuerdo haber tratado extensamente la cuestión de cómo interpretar en los tiempos modernos la referencia del Daishonin a «luchas y disputas, peores a todo lo que el hombre haya conocido jamás». Hice notar que, para algunos, esa conflagración sin precedentes y ese estado de conflicto de proporciones mundiales aludiría al estallido de una tercera guerra mundial. Sin embargo, en lo personal consideré que un conflicto global en esta era nuclear significaría la destrucción casi segura del género humano; dado este panorama, debemos asegurarnos de que esa temida tercera guerra mundial no llegue a producirse jamás. Sobre la base de este razonamiento, expliqué que en mi caso interpretaría esas «luchas y disputas, peores a todo lo que el hombre haya conocido jamás» como referencia a la Segunda Guerra Mundial, para seguir recalcando la importancia de avanzar valerosamente por el camino del kosen-rufu, y crear un mundo donde prevalezca la paz.
Hoy, sigo sintiendo lo mismo. O, mejor dicho, siento esta convicción incluso más que antes. Debemos lograr la paz, absolutamente. En 2009 presenté una propuesta de desarme nuclear. En la histórica declaración para la abolición de las armas nucleares de Toda Sensei (de septiembre de 1957) se trasmite su apasionado clamor: «Es mi deseo ir aún más lejos y atacar el problema desde su raíz. Quiero dejar al descubierto y arrancar las garras que yacen ocultas en lo más profundo de ese tipo de armas».
Yo decidí adoptar su proclama como propia, y me lancé a actuar con miras a construir un mundo sin armas nucleares. Ahora, quisiera pasar el testigo del kosen-rufu mundial –el testigo creador de la paz– a los jóvenes de la Soka. Pues, sin duda alguna, el foco central del budismo de Nichiren Daishonin es que todas las personas puedan vivir en paz y seguridad».[11]
(Basado en la disertación publicada por entregas en la revista de estudio Daibyakurenge, entre abril y agosto de 2010; continuará).
[1] ↑ Véase Una comparación entre el «Sutra del loto» y otros sutras, en END, pág. 1084.
[2] ↑ Véase El verdadero aspecto del Gohonzon, en END, pág. 873.
[3] ↑ En La entidad de la Ley Mística, Nichiren Daishonin escribe: «Cuando el Venerable observó el principio […], percibió que existía esta Ley única y prodigiosa [myoho] que poseía en forma simultánea causa y efecto [renge], y la llamó Myoho-renge. Esta Ley que es Myoho-renge abarca en sí todos los fenómenos pertenecientes a los diez estados y a los tres mil aspectos, sin carecer de uno sólo de ellos. Todo el que practique esta Ley obtendrá simultáneamente tanto la causa como el efecto de la Budeidad» (en END, págs. 442‑443).
[4] ↑ Sobre la práctica de las enseñanzas del Buda, en END, pág. 412.
[5] ↑ La selección del tiempo, en END, pág. 567.
[6] ↑ Ib., pág. 563.
[7] ↑ Según se expone en el capítulo «La parábola de la ciudad fantasma» (7.º) del Sutra del loto, el Buda Excelencia de la Gran Sabiduría Universal enseñó el Sutra del loto en un pasado inconcebiblemente lejano. En La selección del tiempo, el Daishonin escribe: «En el pasado, cuando el buda Excelencia de la Gran Sabiduría Universal advino al mundo, estuvo diez kalpas pequeños sin predicar un solo sutra» (en END, pág. 563).
[8] ↑ Maitreya es un bodisatva que, según una predicción, sucederá a Shakyamuni como buda en el futuro. En La selección del tiempo, el Daishonin afirma: «El bodhisattva Maitreya pasa cinco mil seiscientos setenta millones de años en la corte interior del cielo de Tushita, aguardando el momento de advenir al mundo» (en END, pág. 563).
[9] ↑ Véase END, pág. 563.
[10] ↑ El Sutra Maestro de la Medicina enuncia siete desastres causados por los actos contra la enseñanza correcta: 1) pestes; 2) invasión extranjera; 3) luchas internas; 4) cambios extraordinarios en los cielos; 5) eclipses solares y lunares; 6) tormentas fuera de estación; 7) sequías fuera de estación.
[11] ↑ Pasaje extraído de la disertación en que se basa este artículo.
