Experiencia compartida por Kanta Kudo durante el encuentro de intercambio entre jóvenes de la Soka Gakkai de la región japonesa de Hokkaido y de España.

Soy responsable del Departamento de Estudiantes de la Soka Gakkai en la región Toda de Sapporo, que abarca el pueblo de Atsuta, lugar donde Daisaku Ikeda, en su juventud, hizo el juramento de lograr el kosen-rufu mundial.[1] Esta oportunidad de compartir mi experiencia me hace muy feliz.
Estoy realizando un doctorado en la Universidad de Hokkaido, teniendo como ámbito de investigación la ecología política en zonas agrícolas. Esta disciplina estudia la influencia de la política en los ecosistemas y, viceversa, la de los ecosistemas en la política. El objetivo de mi investigación es identificar qué políticas públicas, culturas y conductas humanas pueden evitar la destrucción del medioambiente.
En este momento, estoy investigando en particular en la conducta de personas que viven en pueblos de Palestina y se dedican al cultivo del olivo. En esa región existe una larga tradición, de miles de años, que valora y protege la naturaleza. Más específicamente, estoy analizando de qué manera la cultura de esta región ha resistido las violencias provocadas por las guerras y el colonialismo. La razón por la que me ha interesado Palestina es la intuición de una cierta sintonía entre la historia del pueblo palestino y la de la Soka Gakkai, una organización que en el pasado ha sido difamada, tildada de negativa y perseguida por las autoridades –como ocurrió, por ejemplo, en el incidente de los mineros de Yubari, aquí en Hokkaido–,[2] pero que siempre ha sido sostenida por personas sinceras.
Cada día me esfuerzo en mis estudios con la convicción de que lo que más se necesita hoy en día es una transformación cultural de la forma en que viven los seres humanos, al dar la espalda al medio natural y privilegiar el desarrollo tecnológico, especialmente en un momento en que se agravan los ya numerosos problemas globales, como los desastres ambientales provocados por el ser humano o los conflictos bélicos.
Llegué a Hokkaido en 2022. Durante los dos años en que cursé el máster previo al doctorado, me propuse desafiarme a recitar doscientos minutos de daimoku cada día. Al mismo tiempo, me dedicaba a las actividades del Departamento de Estudiantes y a mis estudios.
Como no estaba acostumbrado a vivir en una tierra tan vasta, al principio me costó adaptarme. Hubo momentos en los que me desalenté por no lograr encontrarme con ningún miembro después de caminar hasta cuatro horas para visitarlos en sus casas.
En esa época, leí el capítulo «La semilla comienza a germinar» del volumen 7 de La nueva revolución humana. En él, Shin’ichi Yamamoto[3] alienta a una compañera que sufría a consecuencia de los desafíos que le imponía el tamaño de los Estados Unidos: «Es cuestión de elevar su estado de vida. Por ejemplo, un muro de piedra parece infinitamente alto cuando es visto desde el suelo, pero desde un avión parece solo una línea divisoria, apenas elevada. Si su condición de vida cambia, también lo hará el modo en que ve las cosas y la forma en que responde ante ciertas circunstancias. Se hallará a sí misma superando cualquier adversidad con compostura, y disfrutando plenamente de la existencia».[4]
Grabando esta orientación en mi corazón, pude terminar el máster con la mejor calificación. Fue en la primavera de 2024, tras haberme dedicado plenamente a las actividades de la Soka Gakkai y a mis estudios.
Ahora, ya en mi segundo año del doctorado, he comenzado a recitar dos horas de daimoku cada mañana. Estoy esforzándome para dar lo mejor de mí tanto en las actividades de la Soka Gakkai como en mis estudios, lleno de vitalidad. Hasta el momento he podido presentar mi trabajo en el Reino Unido, en tres ocasiones ya.
Mis objetivos para el futuro son obtener mi título doctorado y conseguir un puesto como profesor universitario. A través de las actividades de la Soka Gakkai seguiré puliendo mi corazón y, mediante la investigación y la educación, contribuiré a la meta a la que quiero dedicar mi vida: la paz de la humanidad y de la Tierra. Rompiendo mi pequeño cascarón dominado por el interés personal, sin dejarme influir por los elogios ni por las críticas, determino crecer como un sabio valor humano de la Soka.
[1] ↑ Véase IKEDA, Daisaku: La nueva revolución humana, vols. 25 y 26, Rivas-Vaciamadrid: Ediciones Civilización Global, 2022, pág. 104.
[2] ↑ Lo que se conoce como Incidente de Yubari es un caso de discriminación religiosa en la que incurrió la dirección del Sindicato de Mineros del Carbón de Yubari, y que tuvo su punto álgido en 1957. El episodio tuvo como víctimas a los mineros locales que eran miembros de la Soka Gakkai, quienes fueron amenazados con perder sus empleos si no abandonaban la organización. Esto motivó que Josei Toda enviara a esa localidad de Hokkaido a su joven discípulo Daisaku Ikeda, para revertir la situación.
[3] ↑ Shin’ichi Yamamoto es el nombre del personaje que representa a Daisaku Ikeda en su obra de historia novelada La nueva revolución humana.
[4] ↑ IKEDA, Daisaku: La nueva revolución humana, vols. 7 y 8, Rivas-Vaciamadrid: Ediciones Civilización Global, 2013, pág. 66 (texto adaptado).
