Un destino inesperado


Experiencia compartida por Invención Fernández durante el encuentro de intercambio entre jóvenes de la Soka Gakkai de la región japonesa de Hokkaido y de España.

Invención, con su madre y su hermano

Crecí en una familia desestructurada, con un padre ausente y un profundo sentimiento de inseguridad en mí misma. Mi madre, una gran luchadora, nos sacó adelante a mi hermano y a mí, sola y con el corazón roto por el abandono de mi padre. En el colegio nunca fui una buena estudiante; esto alimentó mi falta de confianza y durante toda esa etapa escolar me sentí inútil e insignificante.

En la adolescencia me di cuenta de mi vocación de servicio, lo que me llevó a encontrar en la psicología una pasión. Fue cursando esa carrera universitaria cuando empecé a generar algo de autoestima, al descubrir que sí me gustaba estudiar, que no se me daba tan mal y que podía valer para algo.

Durante mis primeros años de universidad, debido al ambiente en el que me movía, me resultó natural refugiarme en el alcohol y el cannabis, encontrando en la evasión la forma de afrontar el sufrimiento que arrastraba desde pequeña.

Fue también en la etapa universitaria cuando conocí el budismo Nichiren, a través de mi madre. En 2012, cuando encaraba mi último año de carrera, ingresé en la Soka Gakkai, en una época llena de dudas sobre mi futuro laboral y mi porvenir. Creo que fue entonces cuando conecté con el corazón de Daisaku Ikeda, algo que fue absolutamente clave. Encontrar a mi maestro resultó crucial para profundizar y mantener mi fe, y para guiar mi vida en todos los aspectos, también en el profesional. Gracias a la orientación y el aliento de Ikeda Sensei descubrí mi vocación como educadora y decidí seguir sus pasos, considerando la educación como la empresa más importante para cambiar el mundo.[1]

Así, en 2015 conseguí un trabajo como orientadora educativa dentro del gabinete psicopedagógico de una universidad en Madrid. Disfrutaba mucho impartiendo talleres y charlas a los estudiantes, y reafirmé mi determinación de convertirme en docente universitaria. En el ámbito académico, un requisito para asegurar una plaza fija como profesora universitaria es obtener un doctorado, así que ese fue mi siguiente objetivo.

Mi jefe en el gabinete psicopedagógico, que también dirigía el Departamento de Psicología, satisfecho por mi desempeño, con el tiempo me fue brindando todo tipo de oportunidades, promocionándome como coordinadora del gabinete, facilitándome el acceso a un programa de doctorado e incluso, en el 2021, asignándome la docencia de una asignatura en el grado de Psicología. ¡No cabía en mí de lo contenta que estaba, era un sueño hecho realidad!

No obstante, poco a poco en el trabajo se fue instalando una dinámica de manipulación y maltrato en la que mi jefe abusaba de su poder, y con los años la situación fue derivando en acoso laboral. Las faltas de respeto fueron cada vez menos sutiles, y el chantaje con el despido se volvió cotidiano. Mi salud física y mental se fue resintiendo y entendí que debía protegerme.

En mis años de trabajo allí me había ganado la confianza de mis compañeros, así como del equipo directivo, y gozaba de muy buena reputación en la institución, por lo cual la posibilidad de ser despedida resultaba tan injusta e inverosímil que decidí no ceder ante esta dinámica laboral que no dignificaba mi vida. Los ataques se intensificaron y hubo momentos extremadamente dolorosos. Llegó un punto en que casi todos los días salía llorando de trabajar. Incrementé mi oración por la armonía, la justicia, y para que esa amenaza de despido –que me perseguía como una pesadilla– no se hiciera realidad: yo amaba mi trabajo.

Gracias a la práctica budista, manifesté una fuerza interior que no sabía que tenía. Recordaba las frases del Gosho y de Sensei casi a cada instante; mantuve la fe y me volqué en las actividades de Gakkai. A pesar del sufrimiento, yo me sentía invencible. Tal como explica Sensei, «la verdadera felicidad puede encontrarse en medio de los desafíos. Los problemas pueden ser factores de crecimiento para nosotros… Y los oponentes poderosos nos vuelven mucho más fuertes. Es tal como dice el Daishonin cuando escribe: “No son nuestros aliados los que más nos ayudan a avanzar, sino nuestros enemigos poderosos”»[2].[3]

Finalmente, en julio de 2023 las amenazas de despido se hicieron realidad y perdí ese empleo que tanto amaba. Fue un despido improcedente y me otorgaron la mayor indemnización económica posible por los ocho años de trabajo allí, lo que representó una protección enorme. También recibí muchos mensajes de apoyo y cariño de mis compañeros de trabajo, quienes incluso me enviaron cartas de recomendación para mi búsqueda de nuevo empleo.

Al mismo tiempo, fue como caer en un abismo. El doctorado que había empezado en esa universidad y todavía no había terminado se esfumó de un plumazo, y yo me sentí profundamente fracasada y en un callejón sin salida. Fue mi momento más oscuro, pero, como aprendí de Ikeda Sensei, «cuanto más oscura es la noche, más cerca está el amanecer».[4] Y yo me encontraba justo antes del amanecer: tan solo dos meses después, encontré de nuevo trabajo como profesora, impartiendo clases en línea en varias universidades a distancia.

Invención da una clase presencial en un aula universitaria

En lo sentimental, desde muy joven solía establecer relaciones amorosas no basadas en el respeto y, en el fondo, creía imposible formar la familia que anhelaba, transformar mi karma y construir una relación de pareja donde me sintiera realmente querida y apreciada. En 2022, contra todo pronóstico y en medio de mi lucha contra el acoso laboral, conocí a mi actual pareja, que me cuida y me quiere como nunca antes lo han hecho. Y que me despidieran del trabajo me permitió irme a vivir a Tenerife, donde él reside. Además, la misma semana en que me mudé, encontré allí un nuevo empleo como profesora universitaria, volviendo a las clases presenciales –el escenario donde siento que puedo crear el máximo valor– y a algo que realmente extrañaba: el contacto en persona con mis alumnos.

Invención posa con su pareja

Además, en 2023 volví a matricularme en un programa de doctorado con una postura renovada, determinada a vivirlo no como un trámite, sino como una gran oportunidad de crear valor en la sociedad. Enfoqué mi tesis en la prevención y detección del suicidio en población juvenil a través de las redes sociales.

Hoy puedo decir que aquel supuesto fracaso fue la causa de una victoria aún mayor, un trampolín que me ha catapultado a vivir una vida radicalmente diferente, más plena y feliz de lo que podía haber logrado donde me encontraba. He comprendido que cuando oramos con sinceridad ante el Gohonzon nuestra vida se orienta hacia la mejor dirección posible y que no hay oración sin respuesta, aunque esta no sea la que esperamos en nuestra mente.

He podido experimentar con mi vida la verdad contenida en las palabras de aliento de Sensei cuando dice: «Cuando uno dedica la vida al kosen-rufu, no tiene nada que reprocharse. Todas sus luchas tendrán sentido, y se convertirán en causas para su victoria».[5]

El título que he escogido para este relato de mi experiencia hace alusión a cómo, gracias al budismo, hoy tengo una vida que no hubiera podido soñar, y a cómo he podido cambiar el rumbo de mi historia y mi destino. Sé con certeza que, de no haber conocido la práctica budista, hoy estaría en un lugar muy oscuro: probablemente entregada a adicciones, rendida, sin el coraje de luchar por mis sueños profesionales, y atrapada en relaciones profundamente infelices.

En el corazón de Sensei he encontrado todo el amor compasivo y la confianza que han llenado por completo el vacío que marcó mi infancia. Gracias a su grandeza, hoy me siento realmente valiosa, porque soy discípula de un maestro de un valor inigualable. Y tengo un propósito de vida que supera todas las expectativas que albergaba sobre cómo emplear mi existencia.

Invención, responsable del Departamento de Mujeres Jóvenes de la SGEs, junto a otros jóvenes del Comité de Representantes de la entidad en el reciente curso de intercambio Italia-España

[1]En la conferencia que pronunció en la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Columbia, Nueva York, el 13 de junio de 1996, Daisaku Ikeda declaró: «[C]reo que el emprendimiento último de mi vida, y también el más crucial e importante, será la educación. […] [L]a labor educativa podrá ser el medio más lento de cambio social, pero es el único posible». El texto de la conferencia puede leerse íntegramente en IKEDA, Daisaku: Un nuevo humanismo, Guadalajara y Rivas-Vaciamadrid: Instituto Ikeda y Ediciones Civilización Global, pág. 65, y también en línea.

[2]El comportamiento del devoto del «Sutra del loto», en END, pág. 809.

[3]IKEDA, Daisaku: El juramento de Ikeda Kayo-kai, Rivas-Vaciamadrid: Ediciones Civilización Global, 2017, pág. 10.

[4]Véase IKEDA, Daisaku: Sabiduría para ser feliz y crear la paz. Parte 2: La revolución humana, Rivas-Vaciamadrid: Ediciones Civilización Global, 2022, pág. 149, o en línea.

[5]El juramento de Ikeda Kayo-kai, op. cit., pág. 32.