¡Esforcémonos vibrantemente por el kosen-rufu, con exuberante vitalidad!


Mensaje de Minoru Harada, presidente de la Soka Gakkai

Minoru Harada | Foto: Seikyo Shimbun

El budismo del sol se eleva como un faro brillante que disipa la oscuridad de nuestra época.

El budismo del sol irradia cálidos rayos de esperanza a nuestros amigos que enfrentan adversidades.

El budismo del sol palpita, lleno de vida, en lo profundo de nuestro corazón, mientras avanzamos con determinación en pos del kosen-rufu.

Pase lo que pase, en cualquier circunstancia, los miembros de la Soka Gakkai desplegamos la exuberante vida de los Bodisatvas de la Tierra y, colmados de incontenible alegría, emprendemos acciones vibrantes en el escenario de nuestra misión. Ese sublime espíritu refleja la esencia de estas palabras de Nichiren Daishonin: «Cuando el bodhisattva Prácticas Superiores irrumpió de la tierra, ¿acaso no lo hizo bailando?».[1]

La existencia de Ikeda Sensei, absolutamente comprometida con su juramento, es y será nuestro modelo y referencia eternamente. El 6 de enero de 1951, al inicio de un nuevo año, en un momento en que enfrentaba la peor crisis de sus empresas, Josei Toda transfirió a su amado discípulo todas sus disposiciones sucesorias, tanto públicas como privadas. Ikeda Sensei aceptó esta voluntad sin la más mínima duda, declarando: «Siempre he estado preparado para entregarle mi vida entera, sin la menor lamentación». La fuerza impulsora hacia la victoria, en todas las cosas, nace del juramento que asume el discípulo, decidido a ponerse de pie en nombre de su maestro y avanzar a su lado. Esta es la actitud que debemos grabar en lo profundo de nuestro ser.

Hace sesenta y cinco años, el día de Año Nuevo de 1961, Sensei anunció: «Estoy decidido a crear, en un año, una historia que valga por un siglo». Ese 28 de enero inició su primer viaje de orientación a países y territorios del continente asiático. Se lanzó a dar ese paso, valiente e histórico, abrigando en el corazón el fervoroso deseo de su maestro: llevar la luz del sol a los pueblos de Asia.

Con determinación inamovible, resuelto a hacer realidad el mandato del Daishonin de la transmisión del budismo hacia el oeste, viajó por toda Asia con el espíritu de impregnar de daimoku esa tierra. Alentó de todo corazón al pequeño número de miembros de la Soka Gakkai que había allí en aquel momento, propuso iniciativas que, tiempo después, cobrarían forma a través de la creación de entidades como el Instituto de Filosofía Oriental y la Asociación de Conciertos Min-On. Sensei vislumbraba un futuro en que la Soka Gakkai florecería como movimiento religioso global basado en el humanismo.

En enero de 1991, en la reunión de la sede central para responsables, habló sobre la filosofía de vida del célebre actor cómico Charlie Chaplin (1889-1977) y enfatizó que, cuantos más obstáculos encontrásemos en la lucha por el kosen-rufu y cuanto más valientemente los afrontásemos, más experimentaríamos con cada fibra de nuestro ser la «mayor de todas las alegrías»[2] de la Ley Mística.

Habiendo grabado en mi pecho ese poderoso rugido de león, este año, una vez más, estoy decidido a dar todo de mí por el logro de la budeidad de cada compañero de fe, por el establecimiento de la enseñanza correcta para asegurar la paz en la tierra, y por el logro de una paz duradera en el mundo.

Estamos justo en la mitad de la segunda serie de Siete Campanadas.[3] ¡Busquemos más que nunca la orientación de nuestro maestro para nutrir nuestra vida de vibrante energía y avanzar con valor por el noble camino de la revolución humana!


[1]El gran mal y el gran bien, en END, pág. 1165.

[2]OTT, pág. 212.

[3]Siete campanadas: La primera serie de Siete Campanadas abarcó siete períodos consecutivos de siete años cada uno en la historia de la Soka Gakkai, desde su fundación en 1930 hasta 1979. El 3 de mayo de 1966, Daisaku Ikeda habló de una nueva serie de siete campanadas para el siglo XXI. Tiempo después, amplió este esquema a un total de siete series de Siete Campanadas hasta mediados del siglo XXIII.