Entrevista a Osman Bakar
Presentamos un extracto de la entrevista realizada por el Seikyo Shimbun al Datuk Dr. Osman Bakar. Esta se publicó en el periódico el 23 de mayo de 2024, tras la celebración en Malasia, en enero de ese año, de un acto conmemorativo en honor a Daisaku Ikeda (1928-2023) en el que el profesor Bakar ofreció una conferencia. En la conversación, reflexiona sobre el enfoque pionero del maestro Ikeda en favor del diálogo que, al poner de relieve los valores universales compartidos por toda la humanidad, trasciende las fronteras culturales, religiosas y de civilización.

Seikyo Shimbun: En el evento conmemorativo celebrado en enero de 2024 a cargo de la Soka Gakkai de Malasia (SGM) y el Instituto Internacional de Pensamiento y Civilización Islámicos (ISTAC) de la Universidad Islámica Internacional de Malasia (IIUM), usted se refirió a Daisaku Ikeda como un destacado filósofo que promovió el diálogo entre personas de diversas culturas y religiones. ¿Cómo ve su impacto en el mundo y en las personas actualmente?
Osman Bakar: El impacto global del Sr. Ikeda se produjo, ante todo, en el plano de las ideas. Sus escritos, especialmente sus diálogos con figuras prominentes tanto de Oriente como de Occidente, ayudaron a que las personas aprecien lo que yo llamo «diálogo civilizacional» y a comprender su importancia. Debido a que tuvo relación directa con representantes de las principales civilizaciones, su influencia se extendió naturalmente por todo el planeta.
Sin embargo, para la comunidad internacional de la Soka Gakkai y sus numerosos miembros en todo el mundo, la influencia de Daisaku Ikeda va mucho más allá del ámbito de las ideas. Hay muchísimas personas que se esfuerzan sinceramente por poner en práctica su filosofía, y me ha impresionado profundamente el compromiso inquebrantable y la fuerte disciplina que poseen para hacer realidad esos ideales en sus vidas.
Daisaku Ikeda también fue un pensador cuyo intelecto trascendía las naciones y culturas. Esto se hace patente en el modo en que abordó cuestiones como la dignidad humana compartida, la paz, la tolerancia y la cooperación, de manera tal que resonaba con toda la humanidad, mediante un lenguaje universal capaz de traspasar las fronteras culturales, civilizatorias y religiosas.
Esto se vuelve particularmente significativo hoy en día, cuando las sociedades siguen profundamente divididas y preocupadas por cuestiones sectarias. Hace décadas, podría haberse considerado un activista intelectual solitario, especialmente en Asia; pero ahora creo que sus esfuerzos de toda una vida están dando frutos. Aunque nuestro mundo sigue fragmentado, cada vez más personas comienzan a reconocer y valorar este nuevo modo de enfocar las cuestiones globales.
Tenemos entendido que usted conoció a Daisaku Ikeda gracias a su diálogo con el historiador británico Arnold J. Toynbee.
Sí, me impresionó profundamente el compromiso intelectual de Daisaku Ikeda en esos diálogos que mantuvo con Toynbee. Toynbee fue un gran historiador que influyó en muchos pensadores, no solo en Occidente, sino también en Oriente. El simple hecho de contar con una figura de esta talla como interlocutor eleva de por sí la calidad del intercambio, y, al mismo tiempo, plantea exigencias considerables a quien conversa con él. Sin embargo, el Sr. Ikeda logró expresar su visión con claridad y convicción.
Cuando me encontré por primera vez con su diálogo Elige la vida, yo estaba realizando un doctorado en Londres. Como estudiante de filosofía, me atraían las reflexiones filosóficas de Daisaku Ikeda. Ese descubrimiento marcó el comienzo de mi interés personal por su figura y sus escritos.
Él no separaba la reflexión filosófica de las cuestiones espirituales o religiosas, y eso era importante para mí. En aquella época, yo estudiaba las obras de pensadores occidentales como Bertrand Russell, para quienes la filosofía estaba en gran medida separada de la religión. Pero, para nosotros, en Oriente, la espiritualidad siempre ha sido una parte integral de la vida. Por eso, el modo en que Daisaku Ikeda abordaba los asuntos internacionales desde una perspectiva espiritual me resultó especialmente atractiva.
Aunque su espiritualidad estaba arraigada en el budismo, él se enfocaba en las dimensiones universales de dicha religión. Por esa razón, considero que sus ideas poseen puntos en común con otras tradiciones espirituales del mundo, incluida mi propia tradición islámica.
El Sr. Ikeda no solo era un filósofo o un líder religioso, sino también un activista intelectual de una energía extraordinaria. Quizás ese fue el aspecto que más me impresionó. A mi juicio, Elige la vida es una de las mejores obras que he tenido la ocasión de conocer. Por ello le estoy profundamente agradecido.

Usted ha establecido también estrechos vínculos con miembros de la Soka Gakkai en Malasia y en otras partes del mundo. ¿Qué impresión le causan?
Aunque había conocido la Soka Gakkai por los escritos de Daisaku Ikeda, mis encuentros personales con los miembros de la organización comenzaron en la década de 1990. En la Universidad de Malaya, donde ocupaba el cargo de vicerrector adjunto, había un estudiante japonés que era miembro de la Soka Gakkai. Gracias a él, tuve la oportunidad de visitar la Universidad Soka en Japón a finales de los años noventa.
Posteriormente, me invitaron a diversos eventos y actividades organizadas por la Soka Gakkai de Malasia (SGM). Y aunque debido a mis compromisos profesionales no pude asistir a todos los que hubiera deseado, aquellos en los que participé, incluidos los relacionados con cuestiones medioambientales celebrados en la Universidad de Malaya, me impresionaron mucho.
Cuando se publicó la edición en malayo del diálogo del Sr. Ikeda con el expresidente de Indonesia Abdurrahman Wahid (La sabiduría de la tolerancia: Una filosofía de generosidad y paz), fui invitado a escribir el prólogo, y acepté con mucho gusto. En mi preparación leí el libro con atención y quedé realmente impresionado y profundamente agradecido por la dedicación y la disciplina de los miembros de la Soka Gakkai de Malasia que apoyaron el proyecto. No solo eso; también tuve el honor de pronunciar un discurso especial en el acto conmemorativo en honor a Daisaku Ikeda en enero de 2024, lo que me acercó aún más a los miembros de la Soka Gakkai de Malasia.
¿Qué impresión le causó el diálogo del Sr. Ikeda con el expresidente Wahid?
Fue un diálogo entre dos figuras de enorme talla, representantes del mundo budista e islámico. En él abordaron una amplia gama de temas de gran importancia, y lo significativo es que no los consideraron meramente como asuntos de Asia, sino como temas de interés universal. También es digno de mención que estos dos intelectuales asiáticos fueran capaces de encontrar tantos puntos en común y áreas de convergencia.
Conocí personalmente al presidente Wahid: en el mundo musulmán era muy admirado por su espíritu abierto y tolerante. La sabiduría de la tolerancia, que fue el tema central del diálogo y se refleja en el título del libro, también es un valor largamente apreciado en la tradición islámica.
Cuando el profeta Mahoma estableció el islam en el siglo VII en la ciudad de Medina, la tolerancia hacia los diversos pueblos y religiones se convirtió en una característica definitoria de la comunidad. Desde entonces, el islam ha contribuido al desarrollo de sociedades pluralistas, ofreciendo vías para la convivencia armoniosa en comunidades multiétnicas y multiconfesionales.
El mismo tipo de sabiduría de la tolerancia se encuentra en el budismo. Las perspectivas budistas que Daisaku Ikeda presentó en el diálogo con el presidente Wahid se basan en valores universales compartidos por el islam, el cristianismo, el hinduismo y otras tradiciones.
Debo añadir que la traducción al malayo del diálogo fue realizada por mi amigo el profesor doctor Md Sidin Ahmad Ishak, vicepresidente de la Junta de Libros para Jóvenes de Malasia. Es una traducción excelente, de gran calidad.
En 1996, usted fundó el Centro para el Diálogo Civilizacional en la Universidad de Malaya. ¿Podría contarnos qué le llevó a tomar esta iniciativa y cuál es su objetivo?
Apenas unos meses antes, la Universidad de Malaya había acogido una conferencia internacional sobre el diálogo entre civilizaciones. En aquel momento, acababa de ser nombrado vicerrector adjunto, pero ya participaba en muchas actividades relacionadas con el diálogo. El evento fue inaugurado oficialmente por Anwar Ibrahim, que entonces era vice primer ministro y ahora es primer ministro de Malasia. Anwar y yo habíamos sido compañeros de escuela y compartíamos un gran interés por la civilización y el diálogo. Con el apoyo del Gobierno, pudimos celebrar una conferencia a gran escala.
Esto ocurrió en el momento álgido de la controversia suscitada por la famosa teoría de Samuel Huntington sobre el «choque de civilizaciones». Su argumento de que el islam y el confucianismo unirían sus fuerzas para enfrentarse a Occidente provocó críticas generalizadas en todo el mundo, incluido en Malasia. Yo también rechazo esa opinión. El espíritu del islam está arraigado en el diálogo, no en la confrontación; y la idea de una unión contra Occidente responde a una visión demasiado simplista.
En Malasia, donde los malayos de origen chino constituyen la segunda comunidad más numerosa después de los malayos, el islam y el confucianismo han coexistido durante siglos. Sin embargo, a pesar de esta larga historia de coexistencia, apenas ha habido un diálogo serio entre ellos.
Para contrarrestar la percepción de que el islam y el confucianismo difícilmente podían entablar un diálogo significativo, invitamos a representantes de ambas tradiciones a la conferencia. Entre los participantes se encontraba el doctor Tu Weiming, renombrado erudito confuciano de la Universidad de Harvard. El descubrimiento de muchos valores compartidos por ambas tradiciones fue una grata sorpresa para los participantes. Inmediatamente después del éxito de la conferencia, tomé la iniciativa de crear el Centro para el Diálogo Civilizacional.
En 2021, el Centro celebró su 25.º aniversario, y en la actualidad sigue siendo una institución muy activa. Continúa siendo un referente fundamental para el diálogo entre civilizaciones, no solo en Malasia, sino en todo el sudeste asiático.
Nacido en Malasia en 1946, Osman Bakar es un renombrado filósofo, considerado uno de los quinientos musulmanes más influyentes del mundo. En 1996, fundó el Centro para el Diálogo Civilizacional en la Universidad de Malaya. En septiembre de 2024, fue nombrado rector de la Universidad Islámica Internacional de Malasia (IIUM). También es profesor emérito y titular de la Cátedra Al-Ghazali de Epistemología y Estudios Civilizacionales y Renovación en el Instituto Internacional de Pensamiento y Civilización Islámicos (ISTAC-IIUM). El Dr. Bakar promueve activamente el diálogo por la paz y la coexistencia en la sociedad multiétnica y multiconfesional de Malasia. Es autor o editor de cuarenta libros y más de trescientos artículos sobre diversos aspectos del pensamiento y la civilización islámicos, en particular de la ciencia y filosofía islámicas, campos en los que es reconocido como una destacada autoridad.
Como distinguido filósofo islámico, ha escrito profusamente sobre el papel del islam en la globalización. ¿Podría hablarnos de sus reflexiones sobre dicho rol y su importancia?
El Corán habla de la unidad de la familia humana. El islam se presenta como una síntesis de todas las escrituras anteriores. La pregunta aquí es: ¿qué une a la humanidad? No es la raza ni el materialismo: es la espiritualidad. Es lo que el Corán llama la conciencia de Dios, inherente a todos los seres humanos. En este sentido, el Corán es una escritura universal que reafirma la verdad presente en todas las escrituras anteriores.
Tras la muerte del profeta Mahoma, el islam se expandió rápidamente tanto hacia el este como hacia el oeste, y la gente se hizo cada vez más consciente de su carácter global. De hecho, uno de los pilares es la peregrinación a La Meca, donde cada año se reúnen millones de personas de diversas razas y etnias. La Meca no es solo un centro espiritual, sino también una encrucijada cultural que contribuye a fomentar una conciencia global.
Sin embargo, la realidad es que muchas de las contribuciones positivas del islam se han visto eclipsadas por percepciones distorsionadas. En el mundo musulmán contemporáneo se han producido incidentes relacionados con diversas formas de extremismo y, dado que ese radicalismo y esa violencia reciben una gran atención mediática, los numerosos aspectos constructivos y humanistas del islam no son ampliamente conocidos.
Por supuesto, hay extremistas que cometen actos violentos en nombre del islam. Pero es esencial entender que la inmensa mayoría de los musulmanes no apoyan ni aprueban ninguna forma de extremismo. Espero que se difunda por todo el mundo una comprensión más profunda del islam, y que se preste más atención a sus enseñanzas fundamentales que a sus interpretaciones politizadas.
El propósito de la civilización es conocernos unos a otros. El Corán enseña que la humanidad se dividió en naciones y tribus para que pudiéramos comprendernos mejor. Durante siglos, el islam ha servido de puente entre las civilizaciones oriental y occidental, fortaleciendo la conciencia global al compartir su rico legado de conocimientos y valores humanísticos.
El Sr. Ikeda también estableció una clara distinción entre las religiones que dividen a las personas y aquellas que las unen. Dedicó su vida a estas últimas, a los esfuerzos que unen a la humanidad en un espíritu de solidaridad.

Los miembros de la Soka Gakkai continúan manteniendo vivo el espíritu del Sr. Ikeda dedicándose al diálogo y al entendimiento mutuo en favor de la paz y la felicidad de la humanidad. ¿Cuáles son sus impresiones sobre estos esfuerzos?
Tal como mencioné antes, durante mucho tiempo he sido testigo y admirador de la disciplina, la dedicación y el compromiso de los miembros de la Soka Gakkai. Lo que espero es que continúen con la excelente tradición establecida por Daisaku Ikeda y no solo profundicen en la comprensión de su pensamiento, sino que también lo pongan en práctica. Más que con el conocimiento, es mediante la acción que su filosofía cobra vida.
Los miembros de la Soka Gakkai han contribuido enormemente a la sociedad con las diversas actividades que llevan a cabo. Lo que subyace a sus esfuerzos son los ideales de Daisaku Ikeda y sus predecesores: Tsunesaburo Makiguchi y Josei Toda.
De verdad, espero que sigan avanzando con confianza y sinceridad en su labor al servicio de la humanidad. Nuestro mundo necesita personas como ellos. También espero que expandan la colaboración con grupos de alrededor del mundo que comparten los mismos ideales.
Debemos unirnos en la búsqueda de paz y justicia. Creo que la Soka Gakkai desempeña un papel importante en la conexión de personas de orígenes diversos en todo el mundo.
