Una isla de paz en medio del ruido
Mattia Caracciolo | Barcelona

Tuve el privilegio de ilustrar la invitación para la asamblea de Barcelona. Mientras dibujaba, sentí una conexión profunda con el espíritu de la asamblea: transmitir esperanza, alegría, ganas de vivir. Ver luego mis ilustraciones en las paredes del recinto donde se llevó a cabo fue un regalo inesperado. Fue como ver mi deseo de paz convertido en una imagen compartida.
Desde el primer momento sentí que algo se movía: no solo en la sala, sino dentro de cada persona. Se respiraba sinceridad, coraje, vulnerabilidad. Una energía limpia, con risas, lágrimas y ese compromiso invisible de quienes transforman su karma en misión.
El verdadero valor de esta experiencia fue humano y espiritual. Días después, toqué un fondo importante, enfrentando patrones de autodestrucción muy antiguos. Sin embargo, gracias al ambiente creado y al apoyo de mis compañeros de fe, pude dar un giro.
Hice un juramento con mi vida: dejar atrás lo que me daña y empezar de nuevo. Y poco a poco están emergiendo soluciones concretas: en Italia encontré una vía para operarme la garganta y estoy iniciando un camino más profundo de cuidado mental.
Aunque aún no haya encontrado el trabajo que deseo, me siento sostenido por mi práctica budista, por el Gohonzon, por la Soka Gakkai y por tantos jóvenes que, como yo, luchan por despertar su valor.
Esta asamblea fue una isla. Un refugio en medio del ruido. Me la llevo como una semilla que ya ha empezado a germinar. Sé que dará frutos.

