Aprendiendo a agradecer a través del desafío

Jorge de la Cruz | Lleida


Nací en Perú y abracé la práctica budista en 2015 en Argentina. Gracias al impulso de la fe, pude concluir mis estudios de guitarra clásica, y, aun sin contar con los medios económicos necesarios, en 2020 decidí mudarme a España para realizar un posgrado.

Los inicios fueron difíciles, pero el apoyo en la fe que recibí de los compañeros de la Soka Gakkai fue fundamental para terminar el máster con éxito.

Poco después me trasladé a Lleida por trabajo, y las responsabilidades que fui asumiendo en el Departamento de Hombres Jóvenes de la SGEs fueron grandes oportunidades para expandir mi vida y mi capacidad, en todos los sentidos. Determinado a que creciera el movimiento del kosen-rufu en mi zona, alenté en la práctica del budismo a más de quince personas, fui construyendo vínculos de amistad con los compañeros jóvenes y vi cómo los chicos iban transformando su realidad.

Estos últimos años han sido bastante complejos a nivel personal debido al fallecimiento de mi hermano menor y de mi padre. Estas pérdidas me han llevado a profundizar en el budismo: decidí transformar el dolor en fortaleza y volverme un verdadero apoyo para mi familia. Así, transmití la Ley a ocho familiares, algunos de los cuales ya han tenido beneficios. Y también volví a determinar cumplir todos mis sueños, con la certeza de que mi propio avance generaría valor en la vida de las personas a mi alrededor.

Además, comprendí que, para concretar mi sueño de ser concertista y visitar a los chicos a lo ancho de Catalunya, necesitaba mejorar mis condiciones financieras. A través de un desafío en la aportación y en el daimoku, desarrollé una mayor capacidad de trabajo…

En septiembre pasado surgió una plaza de profesor para la cual no cumplía todos los requisitos formales (es decir, la homologación de los títulos de estudio y nivel de catalán); sin embargo, determinado a demostrar el poder de la práctica, me presenté… ¡Y fui seleccionado! Mi pareja también obtuvo su plaza en una escuela de música, y así hemos logrado la estabilidad económica en nuestro hogar.

Hace poco decidí enfrentar el reto de la movilidad en una zona geográficamente amplia como la mía. Compramos un coche, pero yo no tenía carné de conducir. Esto me obligó a pulir mi falta de confianza y la atención a los detalles y, basándome en las orientaciones de Ikeda Sensei sobre la protección y la responsabilidad, el mes pasado me presenté al examen y lo aprobé. Ahora cuento con el permiso de conducir ¡y ya he podido usarlo en «Mi campaña de Osaka», visitando a veintisiete chicos!

Estoy comprobando con alegría que cada actividad y desafío que he asumido en laSoka Gakkai ha repercutido en la expansión de mi vida.

Mi determinación es seguir adelante en este avance vibrante y en mi campaña de visitas, fortaleciendo el vínculo con mis compañeros y con mi maestro.

Jorge posa junto a compañeras y compañeros en la asamblea conmemorativa del 16 de marzo del grupo Fukyo, en Reus