El desarme interior
Desde el Departamento de Estudiantes de la SGEs
Durante los últimos tres años, en el Departamento de Estudiantes hemos profundizado de manera continuada en las propuestas de paz de Daisaku Ikeda. Esta decisión partió de la convicción de que dichos textos nos interpelan de forma especial a nosotros: jóvenes que hoy se están formando para construir el futuro.
De la orientación de Ikeda Sensei hemos aprendido que la etapa estudiantil no consiste solo en adquirir conocimientos o prepararse para una profesión. Es también un momento decisivo para preguntarnos qué clase de sociedad queremos construir, al servicio de quién pondremos nuestros aprendizajes y cómo podemos transformar la realidad desde el lugar que ocupamos.
La etapa estudiantil no consiste solo en […] prepararse para una profesión. Es también un momento decisivo para preguntarnos qué clase de sociedad queremos construir, al servicio de quién pondremos nuestros aprendizajes y cómo podemos transformar la realidad desde el lugar que ocupamos.
Las propuestas de paz nos invitan a asumir esa misma responsabilidad: comprender los problemas globales sin sentirnos impotentes ante ellos y descubrir que el diálogo, la educación y la transformación personal pueden convertirse en fuerzas concretas de cambio. Estudiarlas es aprender a reconocernos como jóvenes protagonistas de la paz.
De hecho, en la propuesta de paz de 2019,1 Daisaku Ikeda plantea que el verdadero desarme no debe limitarse a la eliminación de armas, sino que debe comenzar en el interior del ser humano. Para ello plantea tres puntos clave donde enfocar esta responsabilidad.
En primer lugar, destaca que el origen de los conflictos se encuentra en la conciencia humana, en el miedo, la desconfianza y la tendencia a percibir al otro como una amenaza. El desarme interior, por tanto, implica transformar estas actitudes y desarrollar una visión basada en la empatía y el reconocimiento de la humanidad compartida. Tal como indica el título de la propuesta, es necesario «un enfoque centrado en las personas»2 para construir una paz duradera.
En segundo lugar, Ikeda propone un cambio en el concepto de seguridad. En lugar de basarse en el poder militar, que aumenta considerablemente año tras año, defiende una seguridad centrada en la dignidad de la vida. Esto supone priorizar el respeto por cada persona y fomentar valores internos que promuevan la convivencia, sustituyendo la lógica de la fuerza por la del cuidado y la responsabilidad compartida.
Finalmente, subraya el papel activo de cada individuo en la construcción de la paz. Así, el desarme interior se convierte en la base indispensable para lograr un desarme real y duradero en el mundo. Y respecto a nuestro papel, recalca: «Los jóvenes en general, y los estudiantes en particular, son los principales agentes en condiciones de aportar la energía transformadora que necesita nuestro mundo».3
Estamos decididos profundizar en nuestro propio desarme interior y hacer realidad estos puntos claves en nuestra vida cotidiana.
