Nuestro futuro, nuestra elección

El sábado 12 de septiembre tuvo lugar un acto de presentación del libro Nuestro futuro, nuestra elección: Fragmentos escogidos de las propuestas de paz de Daisaku Ikeda. Se trata del tercero de los «Volúmenes del Instituto Ikeda», colección que resulta de la colaboración entre Ediciones Civilización Global y el Instituto Universitario Mixto de Investigación en Educación y Desarrollo Daisaku Ikeda (IEDDAI-Instituto Ikeda) de la Universidad de Alcalá (UAH). Por ello, hablaron sobre la trascendencia de la nueva publicación dos representantes de dicho instituto: Ana Belén García Varela e Isabel Cano Ruiz. A continuación, compartimos un extracto de sus intervenciones, que pudieron seguirse presencialmente en el auditorio del Centro Cultural Soka y mediante emisión en directo en el canal de YouTube de la editorial.
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En sus palabras de apertura del acto de presentación, Enrique Caputo, director de Ediciones Civilización Global, señaló: «Daisaku Ikeda defendió que el siglo XXI debía ser el siglo de la paz y de la vida, una etapa histórica orientada a superar la violencia y a situar la dignidad humana en el centro. Sin embargo, la realidad parece avanzar en sentido contrario. Publicar este libro con el atrevido título Nuestro futuro, nuestra elección es una invitación a no desfallecer en el compromiso de transformar la época que nos ha tocado vivir, sin perder la esperanza ni la determinación» | Foto: CGlobal

INTRODUCCIÓN
Por Ana Belén García Varela

El objetivo del Instituto Ikeda es promover la investigación, la formación y la difusión del pensamiento educativo y humanista de Daisaku Ikeda desde una perspectiva interdisciplinar. Lo hacemos a través de tres líneas de trabajo.

La primera es la investigación, el estudio académico del pensamiento de Daisaku Ikeda y de la educación creadora de valor, desde diferentes disciplinas. La segunda línea es la formación, y específicamente la formación de docentes, a través de la asignatura de grado Educación para la Felicidad, que comenzó ya hace 10 años, y el Máster en Innovación Educativa para la Creación de Valor, que este curso recibe a su tercera promoción. Y la tercera línea de trabajo del Instituto es la de las publicaciones, que incluyen Cuadernos del Instituto Ikeda, una revista científica, y la colección «Volúmenes del Instituto Ikeda». Esta última ya contaba con el libro Elige la vida, un diálogo de Daisaku Ikeda con Arnold Toynbee, y Un nuevo humanismo, una recopilación de discursos universitarios de Daisaku Ikeda. Y ahora suma esta joya, Nuestro futuro, nuestra elección: Fragmentos escogidos de las propuestas de paz de Daisaku Ikeda.

Lo que tienen en común estos tres libros es la preocupación por el valor de la vida, la responsabilidad personal y colectiva, y el compromiso de construir respuestas respetuosas ante los problemas de nuestro tiempo, que sin duda necesitamos.

Nuestro futuro, nuestra elección contiene una selección de fragmentos de las propuestas de paz de Daisaku Ikeda desde 2012 hasta 2022, así como otros textos que abordan diferentes temas. Pero lo importante es la conexión que demuestra entre esos diversos temas: ningún problema está aislado, sino que se interconecta con los demás. Y esto encaja muy bien con la mirada interdisciplinar del Instituto Ikeda.

Otro hilo fundamental del libro es la confianza en la capacidad de las personas para transformar la realidad. Y tres temas que trabajamos mucho en el máster: la esperanza, la dignidad humana y el potencial ilimitado.

Creo que esta obra ayuda a pensar qué nos aporta el pensamiento de Daisaku Ikeda a nivel institucional, comunitario e individual. Algo que el libro plantea, ya desde el título, es que el futuro no es algo inmutable, que va a llegar hagamos lo que hagamos, sino que siempre está en construcción. Esto me parece especialmente relevante cuando lo habitual es escuchar frases como «No se puede hacer nada», «Esto es lo que hay», «Resígnate…». Estas ideas impactan en todas las personas, pero mucho más en los jóvenes.

Cierro mi intervención con una pregunta: ¿qué futuro queremos construir y qué decisiones estamos dispuestos a tomar para hacerlo posible?

Algo que el libro plantea, ya desde el título, es que el futuro no es algo inmutable, que va a llegar hagamos lo que hagamos, sino que siempre está en construcción.

Junto a Ana Belén García (a la izquierda de la imagen) e Isabel Cano (a la derecha) estuvo Carola Bendinger, quien moderó la presentación del libro, que incluyó también un amplio turno de intervenciones del público | Foto: CGlobal

PRESENTACIÓN
Por Isabel Cano Ruiz

Presentar esta obra es un acto sobre todo de responsabilidad ética y un compromiso con la paz. Gracias por confiar en mí.

Como se ha dicho, el libro Nuestro futuro, nuestra elección reúne 11 años de propuestas de paz de Daisaku Ikeda, de 2012 a 2022. Esta selección no es casual: es un tramo especialmente revelador de su pensamiento, porque nos muestra cómo se va consolidando una visión de la paz, que no es algo abstracto o retórico, sino que es, para mí, una visión profundamente práctica y orientada a la acción.

En efecto, Ikeda nos recuerda que la paz no es algo filosófico y que no es un horizonte romántico o ensoñador. Es una forma de vida, una forma de organizar nuestras prioridades, de construir nuestros recursos y de sostener la dignidad humana, incluso en condiciones adversas. La paz, cuando es real, no depende de discursos, sino de estructuras, de hábitos, de marcos éticos y morales que se repiten hasta convertirse en cultura. Y en este contexto para mí resulta extraordinario que durante 40 años un ciudadano, una voz civil –es decir, no una voz armada, no una voz política, no una voz partidista o estatal– haya insistido en ofrecer año tras año una brújula, un mapa ético y de acción para pensar el mundo.

Las propuestas de paz de Daisaku Ikeda no buscan adornar la conversación global en el mundo, sino reorientarla. Cada propuesta es un intento deliberado de traducir valores en medidas, principios en procedimientos y aspiraciones en prácticas concretas. Lo más notable de su contenido es la continuidad, esa repetición anual que va creando en nosotros una memoria colectiva, una línea de pensamiento que no se diluye en palabras, sino que se vuelve una herramienta. Primeramente, para quienes diseñan políticas, pero también una herramienta para quienes educamos; para aquellas personas que están en asociaciones, en comunidades; para quienes acompañan a personas vulnerables; o para quien busca transformar su entorno sin esperar a las grandes instituciones, que a veces no reaccionan. Por eso este legado importa mucho.

Las propuestas de paz de Daisaku Ikeda no buscan adornar la conversación global en el mundo, sino reorientarla. Cada propuesta es un intento deliberado de traducir valores en medidas, principios en procedimientos y aspiraciones en prácticas concretas. Lo más notable de su contenido es la continuidad […] anual que va creando en nosotros una memoria colectiva, una línea de pensamiento que no se diluye en palabras, sino que se vuelve una herramienta.

Para comprender el alcance real de estas propuestas, conviene detenerse en su naturaleza: no son sermones o manifiestos cerrados, y tampoco son textos que buscan una adhesión emocional. Son documentos que operan en un terreno mucho más exigente, donde se cruzan la ética y el diseño institucional.

Para mí cada propuesta se compone de tres capas: en primer lugar, el maestro Ikeda hace un diagnóstico del mundo; en segundo lugar, crea unos principios que orientan una acción (principios como la dignidad humana, la seguridad, la interdependencia, la responsabilidad global, la solidaridad); y, en tercer lugar, hace recomendaciones que pueden traducirse en políticas, en programas, en una guía docente, o en prácticas. Y esta estructura de tres capas, como si fuera una cebolla, es la que las convierte en algo útil, en algo replicable, adaptable a cada uno en su entorno.

Además, su fuerza reside en la pluralidad de aplicaciones. Aquí es importante detenernos porque, cuando digo pluralidad, no hablo de algo abstracto, sino que hablo de una acción real, de escenas que cualquier persona se puede imaginar. Por ejemplo, en la escuela, la educación para la paz de la cual nos habla el maestro Ikeda, lejos de ser un concepto teórico, puede ser por ejemplo un profesor que cada jueves dedica una hora a que los estudiantes analicen un conflicto real en su aula (una discusión, un malentendido, una situación de exclusión) y que aprendan a resolverlo mediante el diálogo, la escucha y el acuerdo. También puede ser un grupo de estudiantes que prepara un protocolo para que los recreos sean entornos seguros. En la universidad, la educación para la paz es enseñar a los estudiantes a identificar discursos de odio y a desmontarlos con argumentos. O, en un ayuntamiento, la idea de Daisaku Ikeda de crear valor significa, por ejemplo, que cuando se plantea un proyecto –una reforma urbana, una actividad cultural o una inversión– no se pregunta solo cuánto va a costar, sino qué aporta, si mejora la convivencia, si reduce la soledad no deseada, si hace más accesibles algunas calles, si fortalece la participación ciudadana… Crear valor es, por ejemplo, cuando un concejal decide priorizar un programa para apoyar jóvenes porque genera más valor social que una obra vistosa. No son utopías: son escenas que ya existen en muchos lugares y que se pueden multiplicar si se adoptan los criterios que Ikeda propone.

Pero voy más allá: para entender mejor el impacto real de estas propuestas, hay que analizar realmente sus mecanismos de influencia. No influyen por lo que en el derecho llamamos hard power, el derecho duro. Las propuestas de Daisaku Ikeda no son normas jurídicas que nos obligan a hacer algo; influyen realmente porque están diseñadas como secuencias que permiten transformar valores en prácticas que se pueden tocar.

La audiencia presente en el auditorio del Centro Cultural Soka arropó a las integrantes de la mesa del acto | Foto: CGlobal

Cuando uno se adentra en este libro, Nuestro futuro, nuestra elección, descubre que esas propuestas que van de 2012 a 2022 no son 11 textos aislados, sino que constituyen un recorrido coherente, casi una travesía que nos acompaña a través de grandes desafíos de nuestro tiempo. Cada año añade una pieza, un matiz, una respuesta a un problema emergente de ese momento, y juntas forman una visión amplia y profundamente humana de lo que significa construir la paz en un mundo interdependiente.

El viaje comienza en el año 2012 con la seguridad humana y la sostenibilidad: Ikeda nos recuerda que proteger la vida no es solo evitar la guerra, es garantizar salud, alimentación, educación y dignidad. En otras palabras, que la paz comienza por lo básico, por lo que sostiene la vida cotidiana.

En el año 2013 introduce la idea de la coexistencia creativa y esto es muy interesante: como en un matrimonio, ya no basta con tolerarnos, sino que necesitamos colaborar, imaginar soluciones juntos, construir espacios comunes y sobre todo que las diferencias no sean amenazas, sino riqueza.

¿Qué pasa en 2014? Ikeda Sensei dirige el foco hacia la resiliencia y la creación de valor, y nos invita a pensar cómo las comunidades pueden hacerse más fuertes para afrontar crisis climáticas, sociales, económicas. Es decir, no se trata solamente de resistir como valientes, sino generar valor, incluso en tiempos difíciles.

En 2015 amplía su mirada hacia la justicia social. La paz, nos dice el maestro, no puede existir donde hay desigualdad extrema, exclusión o abandono.

En 2016 vuelve el centro de todo: la dignidad humana. La dignidad no es un concepto abstracto, es un criterio para evaluar decisiones. Si una política, un programa o una práctica no protege la dignidad, no sirve.

En 2017 pone el foco en los jóvenes, no como destinatarios de políticas, sino como protagonistas. Ikeda ve en los jóvenes la capacidad de imaginar futuros que a veces los adultos ya no alcanzamos a ver.

En 2018 nos habla de derechos humanos y de la necesidad de construir un movimiento popular que los sostenga. Los derechos no se garantizan solo desde las instituciones; se garantizan desde la ciudadanía activa.

En 2019 aborda el desarme desde una perspectiva humana: no se trata solo de armas, sino de vidas, de víctimas y de responsabilidad.

En 2020, en plena pandemia, introduce la solidaridad humana como eje. La crisis sanitaria mostró que dependemos unos de otros más de lo que pensábamos. La solidaridad dejó de ser un valor moral para convertirse en una necesidad.

En 2021 vuelve a la creación de valor, esta vez en tiempos de crisis. Nos invita a preguntarnos cómo podemos transformar la adversidad en una oportunidad para fortalecer la convivencia y la responsabilidad.

Y en 2022 culmina este recorrido con una propuesta que es casi una llamada a la civilización, a transformar la historia humana. No como un gesto grandioso, ojo, sino como una suma de pequeñas acciones sostenidas y repetidas que cambian la cultura desde dentro.

En el libro, este recorrido temático se acompaña de unas notas, 7 en concreto, que acompañan a algunas de sus propuestas. Y aquí conviene detenerse porque las notas cumplen una función esencial. Son como pequeñas linternas que iluminan aspectos que nos pueden pasar desapercibidos. Por ejemplo, la nota sobre Naciones Unidas nos recuerda la importancia de las instituciones internacionales –y aquí hablo de Derecho– para proteger la seguridad nacional. La nota sobre Arnold Toynbee nos invita a leer la historia como un diálogo entre civilizaciones. O la nota sobre China y Japón revela cómo la cooperación puede nacer de actores civiles y no solo de Gobiernos. Gracias a estas notas, nosotros, como lectores, no solamente entendemos qué propone Ikeda, sino por qué lo propone y cómo puede aplicarse. Son pequeñas ventanas que amplían nuestra mirada y conectan cada propuesta con un contexto más amplio. Ese contexto puede ser histórico, ético, pedagógico…

En definitiva, estas propuestas por la paz no son un catálogo de virtudes abstractas; son, para mí, una invitación doble: intelectual y práctica. ¿Por qué? Porque nos obligan a reorganizar prioridades y a traducir los valores en estructuras. No basta con comprender la dignidad, dice Ikeda, sino que hay que diseñar mecanismos que la protejan. No basta con hablar de diversidad y solidaridad: hay que construir redes que las sostengan. Por eso, la propuesta y la pregunta final que hago es: ¿qué gesto, qué decisión, qué práctica vamos a introducir esta misma semana para que una de esas propuestas deje de ser una idea y se convierta en una acción?

No basta con comprender la dignidad, dice Ikeda, sino que hay que diseñar mecanismos que la protejan. No basta con hablar de diversidad y solidaridad: hay que construir redes que las sostengan.

Y ahora voy a tomarme una licencia personal.

El maestro Ikeda se fue en cuerpo el 15 de noviembre de 2023. Mi padre se fue justo una semana después, el 22 de noviembre de 2023. Mi padre era manchego y un gran amante de la cultura, y tuvo la brillante idea de obligarnos a todos sus hijos a estudiar todas las obras de Cervantes. Como homenaje al maestro Ikeda y a mi padre, finalizo con una conversación que he imaginado entre dos personas a las que admiro mucho: Don Miguel de Cervantes y el maestro Ikeda.

Don Miguel de Cervantes: «Decidme, maestro Ikeda, ¿qué mundo es este que habéis heredado? Yo dejé atrás guerras, hambres, desigualdades y esperanzas muy frágiles, pero también vi que el ser humano, cuando quiere, es capaz de levantarse una y mil veces. ¿Ha cambiado mucho la condición humana?».

El maestro Ikeda le respondería: «Don Miguel, la esencia humana permanece. Cambian las herramientas, cambian los ritmos, los tiempos, cambian los peligros, pero el corazón sigue buscando sentido, justicia y dignidad. Hoy tenemos tecnologías que conectan continentes, pero también soledades que desconectan almas. Tenemos más información que nunca, pero no siempre más sabiduría».

Don Miguel: «Ay, la sabiduría… ¿Cuántos la confunden con el ruido? En mi tiempo, maestro Ikeda, la ignorancia se escondía en la falta de letras, en no saber leer, pero ahora, por lo que decís, se disfraza en exceso de palabras. ¿Y qué hay de la paz, maestro? ¿Sigue siendo ese ideal que todos pronuncian y pocos practican?».

Y el maestro Ikeda respondería: «La paz es más urgente que nunca. No es un sueño, sino una tarea. Y no depende ni de reyes ni de Gobiernos: depende de la gente común, de jóvenes que se organizan, de comunidades que se cuidan, de escuelas, de colegios que enseñan a dialogar. La paz es una práctica diaria, como escribir, como comer, como cultivar un bonito jardín, como respirar».

Don Miguel: «Me habla usted, maestro, de jóvenes, y me alegra. Siempre confié en ellos. Don Quijote, aunque viejo, tenía alma joven. Veía gigantes donde otros veían molinos porque todavía creía que el mundo podía cambiar. ¿Creen todavía los jóvenes en gigantes?».

Y el maestro Ikeda: «Sí, don Miguel, creen en gigantes, pero también ven gigantes reales: desigualdad, crisis climática, violencia, polarización… Sin embargo, también ven posibilidades. Cuando les damos herramientas, cuando los escuchamos, cuando los acompañamos, se convierten en protagonistas de la historia. No son espectadores».

A lo que don Miguel respondería: «Me place mucho oírlo, porque si algo aprendí es que la dignidad humana es el único tesoro que no puede perderse sin que todo lo demás se derrumbe. ¿Hablan ustedes de dignidad en este siglo, en su siglo tan veloz?».

Y diría el maestro Ikeda: «La dignidad es el centro de todo. Sin dignidad no hay paz. Sin dignidad no hay justicia, no hay convivencia. Por eso siempre insisto, durante 40 años, en que la seguridad humana no solo es proteger nuestros cuerpos, sino proteger almas, proteger proyectos de vida, proteger esperanzas».

Y don Miguel le replicaría: «¿Decís, maestro, proteger almas? Me parece escuchar a los viejos humanistas. ¿Qué diríais, maestro Ikeda, a quienes hoy se sienten perdidos, cansados, desbordados en un mundo que va demasiado deprisa?».

«Pues yo les diría» –afirmaría el maestro Ikeda– «que no están solos, que la globalización no solamente es un fenómeno económico, tecnológico, sino que también es una realidad humana. Estamos conectados, nos afectamos mutuamente, dependemos los unos de los otros, y esta conexión puede ser una fuerza si la llenamos de cuidado, de responsabilidad y de solidaridad. Cada gesto de apoyo, cada palabra de aliento, cada acto de bondad tiene un impacto real en este mundo global».

Y don Miguel: «Pequeñas acciones, dice usted, maestro, como las de Sancho, que sin saberlo sostenía a su caballero. Me gusta esa idea, maestro… Quizás la paz sea eso: una suma de Sanchos que sostienen Quijotes y de Quijotes que inspiran a Sanchos».

E Ikeda contestaría: «Efectivamente, la paz necesita idealismo, pero también realismo. Necesita sueños y necesita manos. Necesita Quijotes que imaginen y Sanchos que construyan, y necesita que ambos se reconozcan como compañeros».

Y don Miguel afirmaría: «Si es así vuestro mundo, maestro Ikeda, entonces no está perdido. Mientras haya alguien que crea, alguien que cuide y alguien que actúe, la esperanza seguirá cabalgando».

Y finalizaría el maestro Ikeda: «Y mientras haya quien escriba como vos, don Miguel, recordándonos que la condición humana es capaz de la grandeza, seguiremos avanzando».

Muchísimas gracias.

Al finalizar la presentación del libro, los miembros del Departamento de Estudiantes de la SGEs presentes se tomaron una foto con las ponentes | Foto: Jacopo Mandelli

Ana Belén García Varela es profesora titular de la UAH en el área de la Psicología Evolutiva y Educación y subdirectora del Instituto Ikeda. Doctora en Psicología de la Educación, desarrolla su actividad docente e investigadora en torno a la innovación educativa, la formación y el desarrollo profesional docente, además de la educación para la ciudadanía global y la creación de valor. Es directora del Máster Universitario en Innovación Educativa para la Creación de Valor de la UAH. Participa en proyectos, publicaciones y encuentros académicos relacionados con la educación, la sostenibilidad y la ciudadanía global.

Isabel Cano Ruiz es profesora de Derecho Eclesiástico del Estado en el Departamento de Ciencias Jurídicas de la UAH y es miembro del Instituto Ikeda. Además, actualmente es directora de Evaluación del Profesorado en la misma universidad. Aunque su trayectoria académica siempre se ha desarrollado en el ámbito del derecho, ha prestado especial atención a cuestiones relacionadas con la dimensión ética y social de la convivencia, los derechos humanos, la paz y la responsabilidad ciudadana. Participa regularmente en actividades académicas y de divulgación vinculadas al Instituto Ikeda, contribuyendo al diálogo entre el pensamiento jurídico, la educación y los grandes desafíos de la sociedad contemporánea.


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