El arte de enseñar con creatividad

Originarios de Cerdeña y residentes en España desde hace años, Alida Moi y Andrea Moro han desarrollado trayectorias profesionales vinculadas a la educación y la formación: ella, como educadora de nivel infantil y creadora de un proyecto pedagógico propio; él, como fundador y profesor de una escuela de italiano. Tras protagonizar una reciente entrega del programa que la televisión regional sarda, Videolina, dedica a presentar las vivencias de coterráneos afincados en otras partes del mundo, dialogamos con ellos.
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Andrea Sechi, periodista con una amplia trayectoria en los medios de comunicación de Cerdeña, se dirige a Alida durante la emisión del programa que presenta | Imagen: Il rotocalco: Sardi nel mondo · Videolina

CGlobal: ¿Qué significó para vosotros ser entrevistados por un programa de la televisión sarda y dar a conocer vuestras experiencias a una audiencia tan especial como la de vuestra tierra natal?

Alida Moi: Lo primero que sentí fue entusiasmo y gratificación, después de haberme esforzado en España durante tantos años. La entrevista ha sido toda una experiencia y ha abarcado muchos aspectos, no solo el profesional.

Alida: «Sentí […] entusiasmo y gratificación, después de haberme esforzado en España durante tantos años».

Si bien el programa Il rotocalco: Sardi nel mondo se enfoca, como indica su nombre, en sardos que viven fuera de la isla, la entrevista surgió como resultado de haber podido llevar mi proyecto de Drakulín a Cerdeña. Esto, de por sí, fue muy satisfactorio.

Por otro lado, cuando, durante el proceso de preparación, el periodista me preguntó si conocía a otro sardo en Madrid que pudiera compartir conmigo la entrevista, pensé enseguida en Andrea. Mi desarrollo personal en España ha estado estrechamente ligado a la práctica del budismo Nichiren, y en su día animé a Andrea a probar con ella también. Tanto él como Francesca, otra amiga sarda con quien inició el proyecto de la escuela de italiano, aceptaron la propuesta y han construido sus trayectorias profesionales en España en paralelo a su revolución humana.

Tres sardos en Madrid: de izquierda a derecha, Francesca Murru, Alida Moi y Andrea Moro

Alida: «Mi desarrollo personal en España ha estado estrechamente ligado a la práctica del budismo Nichiren, y en su día animé a Andrea a probar con ella también. […] Por todo esto, la invitación a tomar parte en el programa televisivo ha significado mucho más que un logro personal: es una muestra elocuente de cómo compartir la práctica budista con otras personas nos permite no solo ampliar nuestra propia vida, sino también observar cómo se amplían sus vidas, con la alegría que esto da».

Por todo esto, la invitación a tomar parte en el programa televisivo ha significado mucho más que un logro personal: es una muestra elocuente de cómo compartir la práctica budista con otras personas nos permite no solo ampliar nuestra propia vida, sino también observar cómo se amplían sus vidas, con la alegría que esto da. Tras la emisión del programa recibí felicitaciones de familiares y amigos, que hacían alusión sobre todo al coraje, la alegría y el tesón que mostré ante las dificultades.

Andrea Moro: Aparecer en el programa fue muy bonito, pero tengo que decir que al principio la propuesta me generó dudas, porque no creía que mi proyecto pudiera interesar. Cerdeña siempre ha sido una región muy aislada en Italia, en todos los sentidos. Los sardos tendemos a ser inseguros, reservados y, en definitiva, nos suele costar mucho reconocer lo que sabemos hacer. Precisamente por eso, luego pensé que podía ser de aliento contar cómo yo, sardo, había ido a estudiar a otra parte de Italia y posteriormente a vivir a otro país.

Igual que Alida, después del programa recibí mensajes de personas desconocidas que me daban la enhorabuena y se alegraban de conocer mi proyecto, y que me decían que podía aportar mucho a Cerdeña… Incluso pasaron cosas impensables como conocer a un amigo de mi abuelo y de mi tío abuelo, a quien le conmovió escuchar mi historia.

Andrea: «Igual que Alida, después del programa recibí mensajes de personas desconocidas que me daban la enhorabuena y se alegraban de conocer mi proyecto, y que me decían que podía aportar mucho».

Fotograma del episodio del programa protagonizado por Alida y Andrea en la televisión regional sarda | Imagen: Il rotocalco: Sardi nel mondo · Videolina

¡Recibid nuestra enhorabuena también! Alida, hace ya más de veinte años que desarrollas tu proyecto pedagógico en distintos espacios educativos de España y, como nos has dicho, ahora has tenido la oportunidad de presentarlo en Cerdeña. ¿Cómo ha evolucionado el proyecto a lo largo del tiempo y qué ha significado para ti llevarlo finalmente a tu tierra natal?

Alida: Drakulín es un personaje de fantasía que creé en el marco de un proyecto de odontofobia para niños y niñas. La idea nació en la Universidad de Zaragoza en 2001 y, desde entonces, ha tenido una trayectoria extraordinaria.

Sin embargo, debo decir que la primera vez que intenté presentarlo en Cerdeña recibí comentarios muy duros, por no ser dentista ni tener la preparación que algunas personas consideraban adecuada. Llegaron a decirme que, si seguía adelante, ¡me arrepentiría durante los próximos cuarenta años! Como veis, esas palabras se me quedaron grabadas. Sufrí una fuerte desilusión, porque yo creía profundamente en el personaje.

En ese momento reuní fuerzas y decidí volver a España. En Madrid, me abrieron las puertas el Museo Nacional de Ciencias Naturales y el Museo Ratoncito Pérez. Y cuando el proyecto llegó al Colegio Oficial de Odontólogos y Estomatólogos de Madrid (COEM), este lo identificó como el primer proyecto de odontofobia para niños; hasta ese momento, nadie había pensado específicamente en ellos, ni había desarrollado una propuesta semejante. Así, desde hace quince años colaboro con el COEM en campañas escolares, y en 2018 publicamos el libro Vamos al dentista con Drakulín.

Además, gracias a que participo en la asignatura Educación para la Felicidad de la Universidad de Alcalá con una sesión titulada «Desarrollo de la creatividad», tengo la oportunidad de compartir con futuros educadores mi recorrido con la maleta pedagógica de Drakulín.

Más de dos décadas después de aquella desalentadora experiencia en Cerdeña, la acogida que el proyecto ha tenido allí hace poco ha sido increíble. Y hay maestras que ya me han pedido programar sesiones en próximas visitas a la isla. Lo considero el resultado de haber creído firmemente en el proyecto y haber luchado contra cualquier tipo de juicio.

La orientación de Daisaku Ikeda me ha acompañado desde mi juventud y me ha ayudado a entender que no es suficiente albergar sentimientos puros y nobles, sino que es necesario ser fuertes para crear valor. «Uno no puede llegar a ser protagonista de su propia historia si se deja arrastrar fácilmente por las emociones que se producen frente a cualquier incidente. La fortaleza de carácter se manifiesta al desempeñar plenamente el rol que nos corresponde en cada situación con coraje y convicción, practicando la autorreflexión y ejerciendo el autocontrol».1 «Desafiaos en algo, sea lo que fuere. Cuando os pongáis en marcha, el camino naturalmente se abrirá ante vosotros».2

Para mí, esa es la base: encontrar algo en lo que creer profundamente y dedicarle todo el ser.

Alida y Drakulín brindan a los más pequeños recursos para hacer frente a la odontofobia | Foto: Cortesía de Alida Moi

Eres todo un ejemplo de tesón y una fuente de inspiración, Alida… Andrea, la enseñanza de idiomas está atravesando una transformación impulsada por las plataformas digitales, las aplicaciones móviles y la inteligencia artificial. ¿Cómo influyen estos cambios en la propuesta educativa de tu escuela?

Andrea: Herramientas como la IA facilitan muchos aspectos del trabajo a nivel organizativo y operativo, pero la propuesta de nuestra escuela está centrada en la creatividad y las relaciones, así que la prioridad es el aspecto humano.

Para nosotros, a la hora de preparar una clase, es muy importante tener en cuenta quiénes son los alumnos, qué necesidades tienen, qué circunstancias o dificultades viven. La propuesta pedagógica incluye que se lleven adelante también otras actividades en las cuales las personas se relacionan entre sí, como por ejemplo un encuentro informal fuera de la clase para hablar italiano, ir al cine a ver una película italiana, tomar un aperitivo en un bar italiano o dar un paseo por un barrio de Madrid hablando en italiano… Eso no se puede hacer de forma virtual o a través de la IA.

El italiano se estudia principalmente por placer o porque se tiene familia o pareja italiana… Y no solo se estudia por el idioma, sino también por la cultura y el arte. En este sentido, nuestros alumnos disfrutan del esfuerzo de asistir a clase, y no hay exigencia de que la parte virtual ocupe mucho espacio en nuestra propuesta educativa.

Hablando de la práctica budista, debo decir que a mí me ha llevado naturalmente a querer conocer a las personas que desean aprender el idioma para que estén a gusto en nuestra academia y encuentren alegría en esta actividad; sin el budismo me sería muy difícil abordar este desafío de forma tan cercana y humana.

Andrea posa con un grupo de estudiantes frente a la entrada de su academia, en Madrid | Foto: Cortesía de Andrea Moro

Qué admirable resulta que, después de años, tu profesión siga despertando en ti la pasión que traslucen tus palabras.

Andrea: Lo que la alimenta son las relaciones humanas. Estar con personas apasionadas con lo que estudian me lleva a esforzarme en experimentar yo la misma energía y deleite.

La docencia me permite utilizar al máximo la creatividad, y me anima a cambiar e innovar para no quedarme en una sola manera de enseñar. De eso se trata también el tipo de didáctica que utilizamos: nos obliga a buscar el cambio, a que las clases sean cada vez más refrescantes, que no sea siempre lo mismo. De hecho, todos los profesores de la academia seguimos formándonos y profundizando en esta didáctica para apasionarnos cada vez más y mantener ese ambiente educativo vivo. En la academia, las palabras que más escucho cuando los alumnos se expresan con respecto a una clase o el ambiente son «felicidad», «alegría» y «disfrute». Me llena de satisfacción por que estas son también palabras muy presentes en los escritos de Ikeda Sensei.

Andrea: «La docencia me permite utilizar al máximo la creatividad, y me anima a cambiar e innovar […]. En la academia, las palabras que más escucho cuando los alumnos se expresan con respecto a una clase o el ambiente son “felicidad”, “alegría” y “disfrute”».


  1. IKEDA, Daisaku: «Discurso en una reunión general de la SGI de Brasil», 13/2/1993, disponible en línea. ↩︎
  2. IKEDA, Daisaku: Conversaciones sobre la juventud, disponible en línea (texto adaptado). ↩︎