Continuación de la entrega publicada en el número anterior
Dentro de esa «época en que prevalecen las peleas y las disputas»[1] que es el Último Día de la Ley, Nichiren Daishonin nació, específicamente, en el período Kamakura (1192‑1333). Este se caracterizó porque, por primera vez, Japón tenía un régimen militar; además, el país se vio, también por primera vez, ante la amenaza de una invasión extranjera. Tomando en consideración estas circunstancias, un buen subtítulo de La selección del tiempo podría ser «Escoger la paz».
En la época contemporánea, la Soka Gakkai surgió en el período de entreguerras, durante el que el Japón se entregó al militarismo. Y la SGI se fundó en un momento en que la guerra fría atenazaba al mundo entero y en que existían peligrosas tensiones entre China y la Unión Soviética.
¿Qué debería aprender el ser humano de las dos guerras mundiales desatadas en el siglo XX? Que deberíamos adoptar como valores humanos universales los axiomas que sostienen que «no hay barbarie que se compare con la guerra» y que «nada es tan preciado como la paz».[2] De ahí la profundidad del significado que tienen las iniciativas impulsadas por el movimiento Soka con la meta de propagar los ideales y la filosofía de respeto a la dignidad de la vida que representa el budismo de Nichiren Daishonin, con miras al logro de la paz.
¿Qué debería aprender el ser humano de las dos guerras mundiales desatadas en el siglo XX? Que deberíamos adoptar como valores humanos universales los axiomas que sostienen que «no hay barbarie que se compare con la guerra» y que «nada es tan preciado como la paz». De ahí la profundidad del significado que tienen las iniciativas impulsadas por el movimiento Soka con la meta de propagar los ideales y la filosofía de respeto a la dignidad de la vida.
Nuestro humanismo debe imponerse a la naturaleza demoníaca inherente a la vida. Esta es la lucha del kosen-rufu.
El propósito del budismo es envolver a la humanidad en una cálida corriente de amor compasivo. Cuando practicamos el budismo de un modo que concuerda con la época, naturalmente desplegamos una conducta compasiva. Nuestro esfuerzo por valorar y atesorar a cada persona contribuye a la construcción de una sociedad humana y solidaria, en la que se respete a cada individuo.
El maestro Toda señaló que, si bien, como personas comunes, puede no resultarnos fácil actuar con amor compasivo, sí podemos extraer coraje. El coraje de pulirnos a nosotros mismos y de ayudar a los demás, el coraje de hacer nuestra revolución humana y de esforzarnos por el kosen-rufu: esto encarna, de por sí, el amor compasivo.
Hoy, en el siglo XXI, ¿estableceremos sólida y ampliamente los valores de respeto a la dignidad de la vida y la dignidad humana, a través de una red de solidaridad espiritual entre personas lúcidas en todo el mundo? ¿O nos limitaremos a presenciar cómo cunden y echan raíz ideas que denigran el valor y la dignidad de la vida, dando lugar a una cadena causal de desconfianza y odio cuyo origen se encuentra en la oscuridad o ignorancia fundamental?
El hecho de que, en este momento de encrucijada histórica para el género humano, el movimiento Soka esté expandiéndose en todo el mundo de manera sostenida, firmemente comprometido con la creación de valor humano, es trascendental.
El corazón de las personas es mecido por las corrientes de la época. Sin acción positiva, corremos peligro de extraviar el rumbo. La poderosa determinación de impulsar la época hacia el bien, de manera sostenida, es la fuerza motriz que nos impulsa a crear el tiempo propicio. El «tiempo» no solo es una condición objetiva; en esencia, es moldeado por una firme voluntad. En otras palabras, lo que construye una época segura es nuestra voluntad de luchar y vencer cada día, a paso firme y seguro, se den o no cuenta los demás de nuestros esfuerzos. Toda Sensei decía: «Debemos enfocar nuestro esfuerzo en forjar a un nuevo miembro sincero, y luego a otro, y otro… Así se crea el tiempo». En tal sentido, el tiempo correcto no es algo que debamos esperar, sino algo que nos corresponde crear por nosotros mismos.
LA ÉPOCA DEL KOSEN-RUFU MUNDIAL
En el esfuerzo que hacen los practicantes del Sutra del loto por derrotar las funciones demoníacas es donde se encuentra el poder de transformar el Último Día para que su significado primordial ya no sea la decadencia de la Ley, sino la era del kosen-rufu mundial y la iluminación universal. El Daishonin en persona se ocupó de esta tarea con dedicación altruista, como devoto del Sutra del loto, venciendo toda suerte de funciones destructivas y abriendo la corriente que, en el futuro, desembocaría en la era de la propagación amplia y universal. Lo proclama con vigor y elocuencia en La selección del tiempo.
Mientras el concepto de la iluminación universal quede confinado al mundo de las teorías y los principios abstractos, el kosen-rufu no avanzará hacia su concreción. Las palabras por sí solas no hacen que una sola persona logre la budeidad, por no hablar del conjunto de la humanidad.
En cambio, una persona que comprenda lúcidamente la esencia de los ideales y los principios del Sutra del loto hará, uno a uno, todos los esfuerzos necesarios para superar los diversos obstáculos que se interpongan en el camino hacia el logro de tales ideales y principios. Entonces dará el primer paso de avance real del kosen-rufu. Ese primer paso podría describirse como un «salto de coraje» para cruzar el abismo que hay entre los ideales y la realidad. Quien logra acometer con éxito ese salto de coraje es una persona de acción, capaz de hacer realidad los ideales del Sutra del loto; en otras palabras, un devoto del sutra.
En La selección del tiempo, el Daishonin se describe a sí mismo como «el supremo devoto del Sutra del loto en todo el territorio de Jambudvipa».[5] Afirma claramente que, mediante su esfuerzo abnegado por esclarecer la enseñanza correcta, ha establecido las bases para la iluminación de todas las personas y el kosen-rufu mundial.
La lucha imperecedera del Daishonin puso en marcha un proceso de profunda transformación para que el Último Día deje de ser una época malvada, caracterizada por los sufrimientos y el engaño, y se convierta en la época del kosen-rufu mundial, en la que se abre el camino para la iluminación de todas las personas y se puede establecer una enseñanza correcta, capaz de asegurar la paz de la tierra.
La lucha imperecedera del Daishonin puso en marcha un proceso de profunda transformación para que el Último Día deje de ser una época malvada, caracterizada por los sufrimientos y el engaño, y se convierta en la época del kosen-rufu mundial, en la que se abre el camino para la iluminación de todas las personas y se puede establecer una enseñanza correcta, capaz de asegurar la paz de la tierra.
EL COMPROMISO DEL MAESTRO DE CREAR UNA ÉPOCA AUSPICIOSA
«Siempre he actuado con la convicción de que la época correcta era algo que lograríamos con determinación y esfuerzo, y que todo se reducía a nuestro propio desafío personal. Más que estar sentado en posición contemplativa, me dediqué a entonar daimoku y a actuar –viajar, dialogar, escribir infatigablemente para propagar la filosofía budista de Nichiren Daishonin–, abriendo las puertas de los corazones y ayudando a cada persona a construir una fortaleza inexpugnable de paz y felicidad en su propia realidad. Tengo la convicción de que a esto se refiere la “selección del tiempo” –o elección del tiempo– desde la perspectiva de nuestra práctica budista individual.
Nichiren Daishonin, el Buda del Último Día, dijo: “Yo, Nichiren, consciente de la época en que vivimos, ahora quiero dar amplia propagación a esta doctrina [de las tres grandes leyes secretas, o Nam-myoho-renge-kyo]”.[3]
Toda Sensei declaró: “Uno siente que valió la pena haber nacido cuando descubre que está viviendo en una época auspiciosa y actúa a tono con esa época. […] Haber recibido el mandato del Buda de lograr el kosen-rufu es mi máxima alegría”».[4]
UN «BUEN REMEDIO»
Nichiren Daishonin indica claramente que la enseñanza de Nam-myoho-renge-kyo es el «buen remedio» que puede salvar «a las personas de incredulidad incorregible y a los que denigraran la Ley»[6] en el Último Día, la época en que la Ley pura se expone al riesgo de desaparecer.
Los habitantes del Último Día eran considerados personas de capacidad adversa o inferior, en lo referente a comprender las enseñanzas del Buda. Lo cierto es que, en la época del Daishonin, quienes profesaban la fe en el budismo eran mayoritariamente seguidores de maestros con ideas distorsionadas. En general, terminaban rechazando y denigrando la enseñanza cabal de la Ley Mística y actuando contra ella.
La citada expresión «personas de incredulidad incorregible» se refiere a quienes, enfocados en la búsqueda de deseos mundanos, rehúsan aceptar la validez de la enseñanza correcta expuesta por el Buda y, en cambio, la denigran. El Sutra del nirvana explica que, aun cuando las personas de incredulidad incorregible poseen la naturaleza de Buda, son incapaces de lograr la budeidad. Por eso, el Daishonin las compara con gente que padece una enfermedad grave e incurable.
En su tratado Sobre el establecimiento de la enseñanza correcta para asegurar la paz en la tierra, en alusión a las condiciones en que vivía la población de la época, el Daishonin observa que los actos contra la Ley habían devorado el corazón de las personas y amenazaban con desintegrar la trama espiritual de la sociedad. E identifica los actos contra la Ley como «el gran mal» o la causa potente que sumía a los hombres en el sufrimiento y a la sociedad en un estado de total desorden y confusión.[7]
La posibilidad de poner fin a ese gran mal, dice el Daishonin, se encuentra en que la Ley Mística sea aceptada y practicada por las personas, y de que la enseñanza correcta para la paz de la tierra sea ampliamente establecida en la sociedad. Como los actos contra la Ley significan denigrar y transgredir la enseñanza correcta, exhorta a que esta perjudicial conducta se elimine rápidamente.
La solución esencial yace en llevar a cabo acciones que sean el opuesto exacto a los actos contra la Ley; es decir, mantener la fe en la Ley Mística, esforzarnos abnegadamente por protegerla y compartirla con otros, y construir en la sociedad una sólida plataforma espiritual. Por lo tanto, el Daishonin sostiene que Nam-myoho-renge-kyo, esencia del Sutra del loto, es el gran remedio benéfico con el poder de curar la grave enfermedad de los actos contra la Ley, que aqueja a la sociedad en el Último Día.
Actuar contra la Ley es oponerse al Sutra del loto, la enseñanza que expone la iluminación universal. En la raíz de estos actos contra la Ley se encuentra la ignorancia u oscuridad que anida en la vida del ser humano, y esta es la que da origen a la denigración de la dignidad humana, que niega el valor supremo de la vida en sí. Así se extiende un pensamiento enfermizo, que oprime y discrimina a las personas y provoca desorden social.
El gran remedio benéfico de Nam-myoho-renge-kyo tiene el poder de curar aun la grave enfermedad de estas personas de incredulidad incorregible. ¿Por qué tiene ese inmenso poder? Porque Nam-myoho-renge-kyo es la semilla para el logro de la iluminación; es el manantial del cual brota la fuerza vital ilimitada de los budas.
UN BUDISMO DEL PUEBLO
A través de su lucha como devoto del Sutra del loto, el Daishonin reveló la gran enseñanza que debía propagarse en el Último Día, y estableció un genuino budismo del pueblo que pudiera ser propagado hacia el eterno futuro.
Este budismo del pueblo hoy ha podido diseminarse en todo el mundo gracias a la labor de la Soka Gakkai y de la SGI. Cuando nosotros participamos en las campañas por el kosen-rufu, permitimos el despliegue de nuestra fuerza vital como devotos del Sutra del loto y nos desarrollamos como personas de inmensa capacidad.
El budismo es una enseñanza humanística. Nos permite encontrar una esperanza suprema en nuestro interior, una esperanza representada por la infinita nobleza de nuestra vida. Cuando hallamos esperanza en nuestro propio ser, también podemos encontrarla en la vida de los demás. Podemos tomar conciencia de nuestra misión, orientada a construir un mundo nuevo y mejor, cuya característica saliente sea el respeto a la dignidad de la vida, basado en el amor compasivo y en la consideración hacia los otros. De ese modo, nos es posible recorrer el camino de una transformación positiva y de la creación de valor, mientras confrontamos intrépidamente hasta las realidades más difíciles.
El budismo es una enseñanza humanística. Nos permite encontrar una esperanza suprema en nuestro interior, una esperanza representada por la infinita nobleza de nuestra vida. Cuando hallamos esperanza en nuestro propio ser, también podemos encontrarla en la vida de los demás. Podemos tomar conciencia de nuestra misión, orientada a construir un mundo nuevo y mejor.
Esta es la actitud que muestran los Bodisatvas de la Tierra descritos en el Sutra del loto. La transformación interior de una persona puede traducirse en un cambio en la vida de muchas otras, y en última instancia cambiar el mundo entero.
La misión de los Bodisatvas de la Tierra es poner en movimiento y propagar esta corriente de esperanza y de valor positivo, en expansión perpetua. Lo más decisivo en esto es que una primera persona tome conciencia e inicie la acción.
El Último Día es una época de conflicto en que la Ley pura del buda Shakyamuni se oscurece y entra en una fase de declinación. Precisamente en una época así, Nichiren Daishonin se puso de pie con valentía y, con sabiduría, pudo reconocer que los actos contra la Ley eran la causa raíz que generaba todas las calamidades y desastres en su tierra.
En La selección del tiempo percibimos claramente el deseo del Daishonin: transmitir a sus discípulos leales y valientes, en esas horas cruciales, la misión que él mismo había asumido como Bodisatva de la Tierra, y la lucha absoluta que él había librado contra los tres enemigos poderosos sin escatimar la vida.
El camino hacia nuestra revolución humana individual y hacia la transformación profunda de la sociedad, atravesada por el sufrimiento y la maldad, yace en asumir la contienda altruista del Daishonin por propagar la Ley Mística. Es también aquí donde hallamos el camino hacia el cambio del karma de la humanidad: permitiendo a las personas de cada latitud superar la oscuridad primordial inherente a la vida y haciendo realidad un mundo donde todos podamos vivir juntos y felices, individual y colectivamente.
El camino hacia nuestra revolución humana individual y hacia la transformación profunda de la sociedad, atravesada por el sufrimiento y la maldad, yace en asumir la contienda altruista del Daishonin por propagar la Ley Mística. Es también aquí donde hallamos el camino hacia el cambio del karma de la humanidad.
TRABAJAR EN POS DEL KOSEN-RUFU ES LA VÍA PARA MANIFESTAR LA BUDEIDAD
En el tramo final de La selección del tiempo, Nichiren Daishonin pide a sus discípulos que se pongan de pie junto con él y se dediquen sin escatimar la vida a la propagación de la Ley Mística, que es la voluntad y el deseo del Buda. Su deseo es que sus discípulos puedan experimentar, como él, el estado de vida inconmensurable que desarrollan quienes practican el Sutra del loto.
En primer lugar, el Daishonin cita la siguiente frase del sutra: «[Q]uien pueda aceptar y practicar este sutra es superior a todos los seres vivos».[8] Transmite la convicción de que, si nos esforzamos valerosamente en nuestra práctica budista, sintiendo legítimo orgullo por estas palabras de reconocimiento del Buda, podremos adquirir enormes recompensas en esta existencia –es decir, el estado de budeidad– tal como enseña el sutra. Y nos exhorta a dedicarnos sincera y seriamente para constatar personalmente las pruebas.
El Daishonin libró una contienda implacable para demostrar que el Sutra del loto era, verdaderamente, la enseñanza más excelsa del Buda. Él, que en sus palabras nació como «hijo de un plebeyo»,[9] luchó con valentía a través de persecuciones interminables, con el único deseo de que sus congéneres pudieran acceder a la felicidad. Al leer el Sutra del loto con su vida, reveló su budeidad inherente –en otras palabras, un estado indestructible de felicidad absoluta–. Ansiaba permitir a todos sus discípulos lograr el mismo estado de vida que él, inmenso como el universo, y experimentar buena fortuna y beneficios sin límite. Con ese fin, los instaba a que lo lograran por sí mismos.
En el Sutra del loto se declara que «en épocas posteriores, aquellos que acepten, practiquen, lean y reciten este sutra […] en esta existencia obtendrán la recompensa de la buena fortuna».[10] También se afirma que «el que les dé ofrendas [a quienes acepten, practiquen, lean y reciten este sutra] y los elogie, en esta existencia obtendrá una recompensa manifiesta por ello».[11]
El Daishonin escribió al respecto:
En estos dos pasajes aparecen las frases «en esta existencia obtendrán la recompensa de la buena fortuna» y «en esta existencia obtendrá una recompensa manifiesta por ello». Cada una de ellas, en el original en chino, abarca ocho caracteres. Si estos dieciséis ideogramas carecieran de significado, y si Nichiren no recibiera alguna gran recompensa en esta existencia, dichas palabras de oro de El Que Así Llega [Shakyamuni] entrarían en la misma categoría que las mentiras estériles de Devadatta; el testimonio del buda Muchos Tesoros para corroborar su veracidad no sería distinto de las palabras infundadas de Kokalika [quien fue discípulo de Devadatta]. ¡En tal caso, ninguna de las personas que denigrasen la enseñanza correcta sería condenada jamás al infierno Avichi [del sufrimiento incesante], y los budas de las tres existencias no existirían! ¿Pero podría ser posible algo semejante?
¡Por eso, les digo a ustedes, mis discípulos: hagan la prueba de practicar tal como enseña el Sutra del loto y esfuércense sin escatimar la vida! ¡Pongan a prueba, ahora, la verdad del budismo![12]
En el transcurso de sus esfuerzos por superar toda clase de pruebas y adversidades, el Daishonin puso de manifiesto una sabiduría y amor compasivo indescriptibles, y estableció en su propia vida el monumental estado de vida del Buda del Último Día de la Ley. Mostró con su ejemplo que quienes practican el Sutra del loto sin falta reciben grandes beneficios y gozan de enorme buena fortuna. Y exhortó a sus seguidores a luchar con el mismo compromiso que él. En esencia, nos está diciendo: «¡Discípulos míos, practiquen el Sutra del loto como enseña el Buda, cultiven un estado de vida elevado y adornen su vida de victoria!».
NO ESCATIMAR LA VIDA
¿Por qué es importante que el devoto del Sutra del loto se esfuerce con la postura de no escatimar la vida? Porque el Último Día de la Ley es una época donde abundan los actos contra la Ley y porque propagar la enseñanza correcta implica, tal como advierte y anticipa el sutra, confrontar a los tres enemigos poderosos,[13] específicamente al tercero de ellos y el más insidioso: los falsos venerables arrogantes.
El Daishonin habla de «sacerdotes eminentes que fingen observar los preceptos y adoptan la apariencia de hombres sabios».[14] En otras palabras, los falsos venerables arrogantes son sacerdotes de alto rango que parecen tener una conducta irreprochable, dan la impresión de ser sabios y despiertan gran respeto entre la población, pero en realidad actúan contra la enseñanza correcta y persiguen a sus practicantes. En cambio, el devoto del Sutra del loto –Nichiren Daishonin– es una persona común, «de baja posición social y de humilde formación».[15] Esto da pie a que las autoridades y muchas personas depositen su confianza, equivocadamente, en personas que en realidad son falsos venerables arrogantes y que menosprecian al verdadero devoto del Sutra del loto. No solo hacen oídos sordos a las lúcidas palabras del devoto, sino que intentan deshacerse de él, activamente.
Sin un compromiso absoluto, nadie puede perseverar en la lucha por propagar la enseñanza correcta en el Último Día. Pero si no se asume esta contienda, la enseñanza del Sutra del loto se oscurecerá y se perderá, y el Último Día quedará envuelto en la penumbra eternamente. Si dedicamos esfuerzos tibios o condicionados y somos vencidos, la oscuridad de la época no hará más que intensificarse.
UNA GRAN LUCHA DEL PUEBLO, PARA EL PUEBLO Y POR EL PUEBLO
«Durante la época del Daishonin, surgieron discípulos que respondieron sinceramente a su llamada y se dedicaron a transmitir la Ley sin escatimar sus vidas.
Seguidores samuráis, como Shijo Kingo[16] y los hermanos Ikegami,[17] lucharon contra la traicionera influencia de los falsos venerables arrogantes y acendraron enormemente su fe para resistir las tormentas de obstáculos que se ensañaron con ellos. Incluso entre los seguidores campesinos, que lucharon contra la persecución gubernamental junto a Nikko Shonin –discípulo directo del Daishonin–, surgieron creyentes de profunda entereza, como los tres mártires de Atsuhara, que rehusaron ser vencidos por la intimidación.[18] Sus luchas ponen de relieve que el budismo del Daishonin es una enseñanza sostenida en el compromiso conjunto de maestro y discípulo.
En la época contemporánea, los tres primeros presidentes de la Soka Gakkai, unidos por los lazos de maestro y discípulo, continuaron la gran lucha iniciada por Nichiren Daishonin, en la cual el pueblo es el protagonista y el foco.
Tsunesaburo Makiguchi, fundador de la Soka Gakkai, comprendió claramente que la misión del budismo del Daishonin en bien de la humanidad es permitir a todas las personas liberarse del sufrimiento y lograr una felicidad genuina. Por eso, se puso de pie sin escatimar la vida y se dedicó a propagar la Ley con admirable altruismo. Su coherencia fue tal que murió en defensa de sus convicciones. En sus palabras:
Toda la humanidad ansía la Ley Mística de la iluminación, la suprema ley de la vida. Si, mediante nuestros esfuerzos [por demostrar su validez], esta Ley es puesta al alcance de todos, la gente naturalmente querrá compartir sus beneficios con los demás y ayudar a todos a construir una felicidad insuperable.[19]
El segundo presidente de la Soka Gakkai, Josei Toda, discípulo, sucesor y continuador de la obra de Makiguchi Sensei, afirmó:
Si eres un joven auténticamente preocupado por tu país y ansías la felicidad del pueblo, primero debes buscar tú mismo esta noble esencia de la revolución humana [que consiste en trabajar por la felicidad de todas las personas tomando como base la fe en el budismo del Daishonin], luchar y triunfar sobre los tres enemigos poderosos, prevalecer sobre los tres obstáculos y los cuatro demonios,[20] y arremeter con energía y coraje.[21]
Toda Sensei también recalcó: “El budismo de Nichiren Daishonin es el sol del mundo, y disipa la oscuridad que hoy envuelve al género humano”.
Yo también he dedicado mi vida a diseminar en todo el mundo esta lucha espiritual sin precedentes por la propagación de la Ley Mística. Desde los días pioneros de nuestro movimiento, incontables miembros se han puesto de pie valerosamente con el mismo compromiso que yo, y se han unido a esta sublime gesta por el kosen-rufu. Esta lucha del pueblo, por el pueblo y para el pueblo que fue iniciada por el Daishonin, hoy vive y pervive en la Soka Gakkai».[22]
HA LLEGADO EL MOMENTO
El Sutra del loto expone la irrupción de incontables Bodisatvas de la Tierra, que emergen en un mismo instante de los miles de millones de tierras del mundo saha.[23] Hoy, en fiel reflejo de ello, están apareciendo simultáneamente Bodisatvas de la Tierra en países de todo el mundo, cada vez más. Con su valentía, trasformarán el karma de la humanidad. La predicción del Daishonin sobre la propagación amplia y universal de la Ley en todo el mundo se ha hecho realidad.
Cuando desarrollemos montañas colosales de valores humanos que hagan una contribución positiva a la humanidad, e inmensos océanos de personas comunes que trabajen unidas por la felicidad de la gente, el budismo de Nichiren Daishonin iluminará realmente a toda la humanidad. Los devotos del Sutra del loto son quienes crean esta gran corriente del kosen-rufu global.
Los miembros de la Soka Gakkai son ciudadanos del mundo que practican y transmiten una filosofía para el logro de una felicidad genuina. Generan círculos de confianza y comprensión entre quienes los rodean y, comprometiéndose con su comunidad de este modo, contribuyen a acercar a las personas de todo el mundo.
Ha llegado una época tal que los líderes y pensadores de los más diversos campos celebran la red de ciudadanos globales de la Soka Gakkai. Es nuestra responsabilidad expandir más aún y consolidar este gran movimiento en el siglo XXI. Es hora de dar una brillante prueba real del kosen-rufu mundial, leyendo con la propia vida las palabras del Daishonin: «¡Por eso, les digo a ustedes, mis discípulos: hagan la prueba de practicar tal como enseña el Sutra del loto y esfuércense sin escatimar la vida! ¡Pongan a prueba, ahora, la verdad del budismo!».[24]
(Basado en la disertación publicada por entregas en la revista de estudio Daibyakurenge, entre abril y agosto de 2010).
[1] ↑ Sobre la práctica de las enseñanzas del Buda, en END, pág. 412.
[2] ↑ Véase IKEDA, Daisaku: La nueva revolución humana, vol. 30, parte II, Rivas-Vaciamadrid: Ediciones Civilización Global, 2021, págs. 290 y 291.
[3] ↑ En WND-2, pág. 988.
[4] ↑ Pasaje extraído de la disertación en que se basa este artículo.
[5] ↑ En END, pág. 578.
[6] ↑ La selección del tiempo, en END, pág. 576.
[7] ↑ Véase en END, pág. 15.
[8] ↑ SL, cap. 23, pág. 283.
[9] ↑ Carta al sacerdote laico Nakaoki, en END, pág. 1051.
[10] ↑ SL, cap. 8, pág. 319.
[11] ↑ Ib.
[12] ↑La selección del tiempo, en END, págs. 611 y 612.
[13] ↑ Tres enemigos poderosos: Tres clases de personas arrogantes que persiguen a quienes propagan el Sutra del loto en la época malvada posterior a la muerte del Buda. Son descritos en la estrofa de veinte versos del capítulo «Aliento a la devoción» (13.º) de dicho sutra. Miao-lo los clasificó en tres categorías: 1) laicos arrogantes; 2) sacerdotes arrogantes; 3) falsos venerables arrogantes.
[14] ↑ Ib., pág. 613.
[15] ↑ Ib.
[16] ↑ Shijo Kingo (c. 1230-1300): Uno de los seguidores más destacados de Nichiren Daishonin. Fue un samurái vasallo del clan Ema, que guardaba parentesco con el clan gobernante Hojo. Asimismo, era versado en medicina y en artes marciales. Se presume que se convirtió a las enseñanzas del Daishonin alrededor de 1256. Cuando este fue llevado a Tatsunokuchi para ser decapitado, en 1271, lo acompañó dispuesto a morir a su lado.
[17] ↑ Hermanos Ikegami: Destacados discípulos de Nichiren Daishonin. El mayor, Munenaka, fue desheredado dos veces por su padre, quien era seguidor de Ryokan, prior del templo Gokuraku-ji, perteneciente a la escuela Preceptos-Palabra Verdadera y, además, enemigo del Daishonin. Al mismo tiempo, el padre manipuló a Munenaga, el menor de los hermanos, para que abandonara la fe en las enseñanzas del Daishonin a cambio de ocupar el lugar del primogénito y ser el futuro heredero del patrimonio familiar. Pese a tales adversidades, los hermanos perseveraron en su práctica budista. Con el tiempo, el padre revocó la sanción contra Munenaka y llegó a abrazar la fe en las enseñanzas del Daishonin.
[18] ↑ Tres mártires de Atsuhara: Tres hermanos –Jinshiro, Yagoro y Yarokuro– que fueron arrestados y decapitados durante la persecución de Atsuhara. En 1278, la propagación de las enseñanzas de Nichiren Daishonin avanzaba raudamente en el área de Fuji, bajo el liderazgo de Nikko. Cuando tres sacerdotes del Ryusen-ji, un templo local de la escuela Tendai, decidieron convertirse a estas enseñanzas, el prior suplente Gyochi se alarmó y empezó a conspirar con las autoridades para intimidar a los creyentes de la localidad. El 21 de setiembre de 1279, veinte campesinos seguidores del Daishonin fueron arrestados bajo cargos falsos de haber robado arroz. Tres de ellos fueron ejecutados por negarse a abandonar la fe.
[19] ↑ MAKIGUCHI, Tsunesaburo: Makiguchi Tsunesaburo Zenshu (Obras completas de Tsunesaburo Makiguchi), Tokio: Daisanbunmei-sha, 1987, vol. 10.
[20] ↑ Tres obstáculos y cuatro demonios: Obstrucciones e impedimentos que se interponen en la práctica budista. Los tres obstáculos son: 1) el obstáculo de los deseos mundanos; 2) el obstáculo del karma; 3) el obstáculo de la retribución. Los cuatro demonios son: 1) el impedimento de los cinco componentes; 2) el impedimento de los deseos mundanos; 3) el impedimento de la muerte; y 4) el impedimento del Rey Demonio.
[21] ↑ TODA, Josei: Toda Josei Zenshu (Obras completas de Josei Toda), Tokio: Seikyo Shimbunsha, 1989, vol. 1, pág. 267.
[22] ↑ Pasaje extraído de la disertación en que se basa este artículo.
[23] ↑ Véase SL, cap. 15, pág. 211.
[24] ↑ La selección del tiempo, en END, pág. 612.
