Decidir no ser vencida
Camila Ferreyra | Granada

Conocí el budismo Nichiren hace siete años gracias a mi marido, Juan. Aunque creía estar transitando una etapa de estabilidad, este último año me recordó de manera contundente que la revolución humana no es una línea recta, sino una profunda e incesante batalla interior.
Tras superar diversos retos familiares y laborales, enfrenté una situación totalmente inesperada que derivó en una cirugía de urgencia. El postoperatorio se convirtió en un abismo emocional; me sentía vacía, desconectada de mí misma y mi constancia en el daimoku se debilitó. Frente al Gohonzon albergaba dudas sobre mi futuro, pero me esforcé por seguir el ritmo de las actividades de mi grupo, sostenida en todo momento por el apoyo inquebrantable de Juan, mi madre y una de mis compañeras de fe.
El punto de inflexión llegó en una reunión de responsables en Málaga. Al escuchar las luchas de mis compañeros, desperté. Recordé estas palabras del maestro Ikeda: «Suele decirse que no existe mejor entrenamiento que la adversidad»1, y «cuanto más ataques y persecuciones pueda resistir y superar una persona, más fuerza y grandeza puede lograr».2 Comprendí que no hay que intimidarse ante los obstáculos, sino despertar el vigor de la valentía y decidir no ser vencidos por las dificultades o problemas.
Impulsada por esta determinación, decidí genuinamente salir de mi dolor. Concreté dieciséis visitas hogareñas, logrando crear lazos fuertes y sinceros, de corazón a corazón. En este camino experimenté reencuentros muy especiales y conocí a nuevas personas maravillosas que me enseñaron cómo practican en sus países. Al dialogar y orar juntos, forjamos vínculos verdaderos de corazón a corazón. Ver la valentía con la que cada persona enfrenta sus desafíos fue el mayor aliento que recibí; me enseñaron con su vida a no rendirme. Acompañarlos disolvió mi pequeño yo herido. Sigo en la lucha, pero mi juramento hoy es firme. Abrazo mi misión como Bodisatva de la Tierra, usando cada una de mis cicatrices para acompañar a los demás, con la certeza absoluta de que con daimoku puedo transformar cualquier veneno en medicina y ser una luz de esperanza que disipe la oscuridad en mi entorno.

