Declaración de paz
Departamento de Jóvenes de la Soka Gakkai de España
Desde sus inicios, la Soka Gakkai ha luchado por la concreción de una sociedad pacífica. Nosotros, los jóvenes de Soka Gakkai en España, herederos de este compromiso y conscientes del papel que albergamos en la construcción del mundo venidero, nos esforzamos en llevarlo a cabo en el complejo contexto actual.
Podría parecer que los conflictos que enfrentamos como humanidad sobrepasan la capacidad de influencia del ciudadano común, y nosotros somos jóvenes sin poder ni notoriedad. Pero nuestro maestro Daisaku Ikeda, el tercer presidente de la Soka Gakkai –quien, anualmente desde 1983 hasta el 2022, presentó a las Naciones Unidas propuestas de paz en las que planteaba vías de resolución de los principales problemas globales basado en la filosofía budista–, nos anima:
Los problemas que hoy enfrenta la humanidad son abismales, por su complejidad y su hondura. Aunque cuesta ver por dónde –o cómo– empezar, por ningún motivo debemos caer en el cinismo o en la parálisis. No caigamos en la tentación de adaptarnos pasivamente a la realidad actual; por el contrario, asumamos el desafío de crear una realidad nueva.[1]
Con esta determinación, asumimos nuestra misión, como personas comunes, de transformar la realidad que habitamos. Nos comprometemos hoy y aquí a construir la sociedad pacífica que anhelamos, mediante el esfuerzo concreto de tomar conciencia de nuestra propia capacidad a la vez que entablamos incansablemente diálogos dirigidos a que otros reconozcan también su potencial innato. Al mismo tiempo, pensamos y ponemos en práctica medidas concretas en nuestros propios campos de acción, en nuestra vida cotidiana, para crear una red solidaria de personas comunes dispuestas a ser agentes de cambio en su comunidad.
En palabras de Ikeda Sensei:
El espíritu humano está dotado de las cualidades para transformar aun las circunstancias más adversas, crear valor y hallar un sentido más profundo a las dificultades. Cuando cada persona haga florecer esta ilimitada capacidad espiritual, y cuando los ciudadanos anónimos se unan con el compromiso de generar cambios positivos, sin falta surgirá una cultura de paz y será el comienzo de un siglo de la vida.
La humanidad debe acometer una tarea pendiente, pero ella no consiste en lograr una «paz pasiva» –postulada como la ausencia de guerras– sino en transformar desde sus bases las estructuras sociales que ponen en peligro la dignidad humana. Desde luego, es necesario hacer gestiones para fortalecer la cooperación entre países y la estructura del Derecho Internacional, pero mucho más esencial resulta el trabajo creativo de cada persona para desarrollar una cultura de paz que refleje la rica diversidad humana en múltiples niveles, ya que, sobre esta base, será posible construir una nueva sociedad global.[2]
La paz duradera debe edificarse desde las bases mediante la suma de las voluntades de todas las personas. Conscientes de la necesidad de trascender el excesivo apego a las diferencias y de primar el factor común que es nuestra pertenencia al género humano, los jóvenes de la Soka Gakkai decidimos empezar desde nosotros mismos y dar continuidad al legado que nuestra comunidad y sus tres presidentes fundadores nos han confiado, nuestro mayor orgullo.
Desde la declaración con la que el segundo presidente de la Soka Gakkai, Josei Toda, en 1958 condenó la sola existencia del armamento nuclear, la lucha por la construcción de la paz de la Soka Gakkai está íntimamente vinculada con aquella por la abolición de las armas nucleares. En su última propuesta de paz, presentada en 2022, su discípulo Daisaku Ikeda afirmó que «el destino del género humano no podría transformarse sin resolver el problema de las armas nucleares –mal fundamental de la civilización moderna–».[3]
Sensei explicó:
Desde la perspectiva budista, las armas nucleares y la necesidad de su eliminación tienen un significado profundo que va mucho más allá del desarme. Lo que está en juego es superar, definitivamente, el legado nefasto que nos dejó el siglo XX: la desconfianza, el odio y el menosprecio a la condición humana. Lo que hace falta es asumir cabalmente la capacidad ilimitada del corazón humano para generar tanto el bien como el mal; para crear tanto como para destruir.[4]
Nuestra decisión inamovible es seguir trabajando cada día de nuestra vida, sin claudicar, en la creación de una sociedad en la que el respeto a la dignidad de la vida prevalezca sobre todos los aspectos que justifican la existencia de dichas armas.
Tomando el diálogo como nuestra acción concreta, nos comprometemos a generar un cambio en el destino de la humanidad hacia una paz profunda, verdadera e indestructible. Y juramos hacer realidad la promesa inscrita en el Cenotafio de la Paz, monumento que recuerda a las víctimas en Hiroshima: «Jamás volveremos a cometer el mismo error».
[1] IKEDA, Daisaku: La paz por medio del diálogo: Es tiempo de conversar, propuesta de paz de 2000, disponible en https://www.daisakuikeda.org/es/assets/files/2000-PEACE-PROPOSAL-SPANISH.pdf.
[2] Ib.
[3] IKEDA, Daisaku: Transformar la historia humana: Un haz de luz hacia la paz y la dignidad, propuesta de paz de 2022, disponible en https://www.daisakuikeda.org/es/sub/resources/works/props/2022-peace-proposal-full/.
[4] La paz por medio del diálogo, op. cit.
