Desarrollar una identidad inamovible

Giuditta Mazzè | Gijón

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Giuditta, haciendo realidad uno de sus sueños

Tengo treinta y tres años y soy originaria de Roma.

Empecé a practicar el budismo Nichiren en la Soka Gakkai a los dieciocho años, en medio de un intenso sufrimiento interior causado por dolorosos problemas de salud, que afectaban tanto a mi mente como a mi cuerpo; por un profundo malestar de origen familiar, sentimental y laboral; y por la inquietud con respecto a mi futuro. Decidí transformar mi karma y ser feliz, y encontrar esperanza allí donde no parecía haberla.

Empecé a practicar el budismo Nichiren en la Soka Gakkai […] en medio de un intenso sufrimiento interior […]. Decidí transformar mi karma y ser feliz, y encontrar esperanza allí donde no parecía haberla.

Me mudé a Asturias a los veintinueve años, buscando un lugar con mejor calidad de vida; Gijón es un sitio cercano a la naturaleza. Atrás dejé una vida muy cómoda, pero que me hacía tremendamente infeliz. Siento que, gracias a haber mantenido en estos años la fe en el Gohonzon y haberme dedicado al kosen-rufu sin escatimar esfuerzos, he podido establecer un sólido estado de felicidad interior y cambiar el rumbo de mi existencia, transformando lo que parecía ser mi destino.

En todos estos años de desafío en las actividades de la Soka Gakkai, he logrado increíbles beneficios invisibles y muchas de mis metas, como la compra de mi propio piso, relaciones más satisfactorias y armoniosas a nivel familiar, un cambio radicalmente positivo en mi salud física y mental, y poder ir de forma constante a la montaña, que era uno de mis sueños. Además, estoy rodeada de muchos amigos extraordinarios, lo cual –estoy convencida– es consecuencia también de haberme esforzado yo misma por cuidar y alentar a cada persona.

Siento que, gracias a haber mantenido en estos años la fe en el Gohonzon y haberme dedicado al kosen-rufu sin escatimar esfuerzos, he podido establecer un sólido estado de felicidad interior y cambiar el rumbo de mi existencia, transformando lo que parecía ser mi destino.

El 1 de febrero de este año asumí la vicerresponsabilidad del Departamento de Mujeres Jóvenes en la zona Gran Navío de la región Norte de la SGEs. Ahí fue cuando empecé a desafiarme en los encuentros de aliento personal en el marco de «Mi campaña de Osaka». Hacerlo ha sido motivo de gran alegría, ya que cada encuentro me produce una enorme felicidad.

Cuando iniciamos esta campaña, determiné esforzarme en encontrar, dialogar y alentar a dos mujeres jóvenes cada semana. Me parecía muy difícil, porque era un gran compromiso, pero quería que cada chica de mi zona creciera mucho en la fe, obtuviera pruebas reales y fuera feliz.

Concretar esta meta semanal supuso un gran esfuerzo y fue muy complicado. Sin embargo, en la revista de mayo leí estas palabras de Daisaku Ikeda, que me ayudaron a perseverar:

[P]ara el individuo, todo comienza en la profundidad de la vida misma. Cuando cambiamos nuestra determinación interior, todo comienza a moverse en una nueva dirección. En el momento en que tomamos una decisión poderosa, cada nervio y fibra de nuestro ser se orienta inmediatamente hacia el cumplimiento de esa meta o deseo. Por otro lado, si pensamos «Esto nunca va a funcionar», cada célula de nuestro cuerpo se desinflará y dejará de luchar.

La esperanza, en este sentido, es una decisión. Es la decisión más importante que podemos tomar.1

En estos meses, he preparado cada encuentro personal con seriedad, con abundante daimoku y espíritu de búsqueda en el estudio, y con la profunda determinación de escuchar a la otra persona y alentarla frente al sufrimiento que estuviera atravesando. Y mis esfuerzos han dado frutos: desde febrero he logrado encontrarme con una media de dos chicas por semana, tal como había determinado, y todas hemos crecido en la fe y logrado pruebas reales.

En particular, recuerdo con cariño todos los encuentros que tuve con una compañera de Gijón. Al principio, su situación era complicada y parecía sin salida, pero perseveramos juntas en la oración, determinadas a no seguir los dictados de nuestra propia mente, sino basarnos en la estrategia del Sutra del loto e ir más allá de las circunstancias del momento.2 Además, ella se desafió por primera vez en la actividad de protección3 en la «Jornada Soka para crear vidas felices» que tuvimos en mayo para celebrar el décimo aniversario de la creación de la región Norte,4 y concretó cada una de las metas aparentemente imposibles por las que estaba orando, incluido un rotundo cambio laboral. Por mi parte, me desafíe invitando a más de treinta personas y puedo decir que fue una asamblea victoriosa: con setenta participantes, se respiró muchísima alegría, y los jóvenes estuvimos en la primera línea de los preparativos y del encuentro en sí.

«Jornada Soka para crear vidas felices» en Gijón

Paralelamente a esto, cobraron impulso también otros aspectos de mi vida. Y pude lograr varios objetivos que tenía, entre los cuales mi actual trabajo.

Durante mucho tiempo había orado al Gohonzon con todo mi ser para concretar un empleo adecuado para mí. Quería, sobre todo, que tuviera un horario solo de mañanas, pues había decidido tener las tardes libres para los encuentros de aliento personal y para otras actividades que me hacen feliz. Contra todo pronóstico, encontré un trabajo que reúne estas características y, encima, ¡al lado de mi casa! Lo he vivido como una gran victoria.

Hace tiempo entendí la importancia de ponerme metas concretas también en mis esfuerzos de shakubuku. Por eso empecé a apuntar a cuántas personas les hablaba de Nam-myoho-renge-kyo. En septiembre de 2025 asumí un desafío personal de expansión. Adonde voy, hablo sobre la práctica budista, y varias de las personas con quienes lo he hecho han participado en reuniones de diálogo y en encuentros de La nueva revolución humana, y están empezando a practicar el budismo Nichiren. Todo esto me aporta una alegría rebosante. Que el Departamento de Jóvenes de la zona Gran Navío esté creciendo como nunca me proporciona la sensación de estar viviendo la mejor de todas las existencias posibles.

Selfie tomado por Giuditta a la finalización de un encuentro de jóvenes en Gijón

Fruto de todos mis esfuerzos, especialmente a lo largo de estos últimos meses de desafío, puedo decir que estoy construyendo un yo inamovible, que no se tambalea frente a las circunstancias, tal como nos alienta Ikeda Sensei.5 Por primera vez en mi vida, estoy empezando a tener confianza en mí. Me ha costado muchos años entender que tener confianza en mí misma es igual a tener fe en el Gohonzon, y que esta confianza y autoestima no implica estar siempre segura de mis decisiones o de lo que hago, sino que significa no dejarse asustar o desalentar frente a ningún obstáculo que se presente.

Hasta ahora, había puesto fe en mi budeidad, pero no podía dejar de percibirla como algo abstracto, lejano. Ahora por primera vez, he podido entender con el corazón qué significa respetarme y sentir con todo mi ser el valor que tiene mi vida. He logrado hacer algo que creía imposible: ser capaz de darme todo el amor infinito que merezco, el mismo que siento ante el Gohonzon. Como consecuencia de todo esto, también he podido romper el círculo de relaciones sentimentales infelices en las que estuve por más de quince años.

Es tal como dicen los escritos del Daishonin: «No hay felicidad más verdadera para los seres humanos que entonar Nam-myoho-renge-kyo».6 El Gosho también afirma: 

Aunque surjan problemas mundanos, jamás deje que estos lo perturben. Nadie puede evitar las dificultades, ni siquiera los sabios y venerables. […] Sufra lo que tenga que sufrir; goce lo que tenga que gozar. Considere el sufrimiento y la alegría como hechos de la vida, y siga entonando Nam-myoho-renge-kyo, pase lo que pase. ¿No sería esto experimentar la alegría ilimitada de la Ley? Fortalezca más que nunca el poder de su fe.7

Con esto en mente, de cara a la segunda parte de 2026, mi determinación es lograr aún más resultados en el shakubuku, y concretar una expansión aún mayor del Departamento de Jóvenes de Gran Navío. Además, determino seguir alentando a las chicas sin dejar a ninguna atrás; esforzarme para que nuestros encuentros de diálogo y de La nueva revolución humana sigan creciendo; y que cada joven experimente el poder de la Ley Mística y obtenga pruebas reales, llevando el corazón de Ikeda Sensei y el espíritu de la Soka Gakkai a la sociedad.


  1. Véase CGlobal, n.º 253, mayo de 2026. ↩︎
  2. En varios de sus escritos, Nichiren Daishonin alude a la importancia de un aspecto de la enseñanza budista que, en su Carta a Gijo-bo, en END, pág. 411, condensa en las siguientes palabras: «uno debería ser amo de su propia mente, en lugar de permitir que su mente lo domine». Y en La estrategia del «Sutra del loto», en END, pág. 1046, exhorta: «Empéñese en fortalecer el poder de su fe […] y utilice la estrategia del Sutra del loto antes que ninguna otra». ↩︎
  3. La protección a la que se alude aquí, a cargo de los grupos juveniles Azahar y Soka de la SGEs, consiste en diversas labores realizadas con base en la fe budista y el vínculo de maestro-discípulo con la meta de que miembros, simpatizantes e invitados de la entidad puedan disfrutar de las actividades sin preocupaciones. ↩︎
  4. Esta actividad es objeto de una noticia en la sección «Actualidad» de este número. ↩︎
  5. Véase CGlobal n.º 237, de enero 2025, sección «Orientación». En el texto citado, Daisaku Ikeda ofrece la siguiente guía: «Más que preocuparte por tu futuro pensando: “Quizá deba convertirme en esto. O tal vez en aquello”, primero adquiere compostura y construye una identidad firme e inamovible como el monte Fuji». ↩︎
  6. La felicidad en este mundo, en END, pág. 715. ↩︎
  7.  Ib. ↩︎