Del volumen 2
Como se menciona también en las secciones «Estudio» y «Este mes» de este número, el 12 de septiembre de 1271 Nichiren Daishonin sufrió la persecución de Tatsunokuchi, un arresto y un intento de ejecución sumaria al amparo de la noche, en una playa en las afueras de Kamakura, por parte de las autoridades de la época. Tras el fracaso de aquel intento por la aparición en el cielo, justo en el momento previsto para la ejecución, de un cuerpo celeste que asustó al verdugo, las autoridades decidieron desterrar al Daishonin a la remota isla de Sado. El motivo del arresto del Daishonin no había sido el haber infringido alguna ley secular. Más bien, «[e]l temor y la alarma de las autoridades por la elevada enseñanza del Daishonin –en la que asigna el máximo valor al pueblo– fue, sin duda, la razón principal».[1]
En una época en que muchas religiones se volvían esclavas del Gobierno, solo el Daishonin se levantó con firmeza. Amonestó con coraje al gobernante y continuó refutando las enseñanzas erróneas de las otras escuelas. No retrocedió un solo paso. Por eso, la persecución creció hasta la furia».[2]
Podemos leer sobre ello en el capítulo de La nueva revolución humana que desde la SGEs se propone leer y tratar en los encuentros programados para ello este mes: «El estandarte del pueblo», del volumen 2. Allí se narran los esfuerzos de Shin’ichi Yamamoto en los últimos meses de 1960, año en que había asumido la tercera presidencia de la Soka Gakkai (el 3 de mayo). En poco menos de dos meses, Shin’ichi participó en un torbellino de reuniones y actividades, y en cada una remarcó de alguna forma el principio rector de la Soka Gakkai: «poner a los miembros en primer lugar y hacer de la gente común su base».[3] Además, en este capítulo se exponen algunos consejos clave para la crianza, en un mes en el que el calendario de la SGEs incluye una reunión dirigida a abordar desde el punto de vista de la fe los desafíos que ella entraña, con quienes están haciéndoles frente.[4] Una de las entregas alude a un aspecto al cual el protagonista da la mayor importancia:
Shin’ichi siempre se esforzaba por cumplir cualquier promesa que les hubiera hecho a sus hijos. […]
La confianza entre padres e hijos comienza con el mantenimiento de las promesas. Ciertamente hay veces en que es inevitable romperlas; pero, cuando un padre se esfuerza sinceramente para cumplirlas, de alguna manera, el hijo comprende y aprecia el esfuerzo. Esto es lo que forja lazos de confianza.[5]
La referencia del capítulo para España es:
IKEDA, Daisaku: La nueva revolución humana, vols. 1 y 2, Rivas-Vaciamadrid: Ediciones Civilización Global, 2023, págs. 359-399.

[1] ↑ IKEDA, Daisaku: La nueva revolución humana, vols. 1 y 2, Rivas-Vaciamadrid: Ediciones Civilización Global, 2023, pág. 367.
[2] ↑ Ib.
[3] ↑ Ib., pág. 369.
[4] ↑ Se refiere a un encuentro de madres y padres convocado en línea para la segunda quincena de septiembre.
[5] ↑ IKEDA, op. cit., pág. 395-396.
