El poder transformador del arte

Entrevistamos a Cosetta Falasco, artista plástica afincada en Gran Canaria cuya última exposición ha tenido una importante repercusión.
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Cosetta Falasco, entre dos de sus obras expuestas | Foto: Cortesía de Cosetta Falasco

Antes que nada, enhorabuena por tu reciente exposición, «Iconografía canaria», que nos consta que ha tenido una muy buena acogida. Por favor, háblanos un poco de ella.

Muchas gracias. Sí, la acogida ha sido muy positiva y, de hecho, se está valorando llevar la exposición a otros municipios e incluso fuera de la isla.

«Iconografía canaria» nace de mi fascinación por la historia y la identidad de Canarias. Durante años fui recogiendo materiales que encontraba en senderos y barrancos de Gran Canaria: troncos, piedras volcánicas, puertas abandonadas, fragmentos de hierro y otros objetos desechados. Veía en ellos una historia y un potencial artístico que me invitaban a transformarlos.

A través de estos ensamblajes intento recuperar la memoria de un pueblo marcado por el sufrimiento y la lucha y transmitirla, especialmente a los más jóvenes.

Me preocupa que muchas veces se desconozcan las raíces históricas de Canarias. Por ello, mi deseo es que quienes visiten la exposición puedan sentirse más conectados con su tierra y con las personas que la construyeron. En definitiva, que se sientan orgullosos de ser parte de esta historia.

Durante años fui recogiendo materiales que encontraba en senderos y barrancos de Gran Canaria […]. Veía en ellos una historia y un potencial artístico que me invitaban a transformarlos. A través de estos ensamblajes intento recuperar la memoria de un pueblo marcado por el sufrimiento y la lucha y transmitirla, especialmente a los más jóvenes.

Qué admirable esta voluntad de transmitir valores a las personas más jóvenes…

Siempre he entendido el arte como una forma de comunicación profunda. Más allá de la estética, me interesa su capacidad para despertar la conciencia, generar reflexión e incluso contribuir a la sanación emocional.

Mediante mis exposiciones, tengo el objetivo de que el mensaje que quiero transmitir a través de las obras se vuelva lenguaje para la gente. Es decir, que lo puedan leer. Por ello, me esfuerzo en organizar visitas guiadas e incluso invitar y guiar a estudiantes.

Siempre he entendido el arte como una forma de comunicación profunda. Más allá de la estética, me interesa su capacidad para despertar la conciencia, generar reflexión e incluso contribuir a la sanación emocional.

En Venezuela también me dediqué a la educación artística. Esta experiencia me permitió descubrir algo que marcó mi trayectoria: que muchas personas expresaban a través de sus creaciones emociones que no podían verbalizar. Aprendí a escuchar esas expresiones y a acompañarlas desde el propio proceso creativo.

El énfasis que mi maestro de vida, Daisaku Ikeda, puso en el hecho de que el arte es un vehículo extraordinario para llegar a las personas tiene todo el sentido para mí.

La prensa se ha hecho eco de la exposición de Cosetta (en la imagen, página de Canarias7) | Foto: Cortesía de Cosetta Falasco

¿Cómo decidiste dedicarte a la creación artística?

Estudié la carrera artística en Turín, mi ciudad natal, pero no me dediqué a ello hasta muchos años después. Fue así, fundamentalmente, por mi falta de confianza en mí misma y por la presión social y familiar. Acabé interiorizando la idea de que no podría desarrollarme como artista, porque el mundo del arte se me presentaba como un entorno muy difícil, atravesado por injusticias, favoritismos y prácticas endogámicas estrechamente ligadas a la mercantilización del arte. Esta percepción fue calando en mí hasta bloquearme.

En 1988, el mismo año en que recibí el Gohonzon,1 mis padres decidieron mudarse a Venezuela. Aunque yo no quería hacerlo, me trasladé para no decepcionarlos. Ante el sufrimiento que me generaba estar allí, decidí regresar a Italia. Siempre fui muy insegura y tenía muchos miedos, pero, esta vez, estaba decidida a romper mi cascarón.

Estudié la carrera artística en Turín, mi ciudad natal, pero no me dediqué a ello hasta muchos años después. Fue así, fundamentalmente, por mi falta de confianza en mí misma y por la presión social y familiar.

De nuevo en Italia, atravesé una etapa muy difícil. Estaba sola y, además, enfermé gravemente. La dolencia afectaba a mis riñones y el doctor me explicó que la situación eran tan grave que ponía en compromiso mi supervivencia.

Gracias a la práctica budista encontré la fuerza para no rendirme. Entoné daimoku con firme determinación y me recuperé. Los médicos no se lo podían creer…

En medio de esta crisis me di cuenta de que algo no iba bien en mi vida. Comprendí que llevaba años posponiendo mi verdadera vocación por miedo, inseguridad y por el deseo de cumplir las expectativas de otros.

Esta experiencia me enseñó algo fundamental: que no podía vivir de espaldas a lo que realmente amaba. Entonces, decidí tomar las riendas de mi vida y encaminarla hacia mi felicidad.

En 1997 decidí mudarme a Venezuela con mi familia y ahí dedicarme al mundo del arte. Ahora me doy cuenta de que tuve que pasar esos años sola en Italia y atravesar la enfermedad para romper mis límites.

Antes de presentarse en la sede de la prestigiosa Sociedad Recreativa y Cultural Liceo de Firgas, las obras que componen «Iconografía canaria» resultaron vencedoras en la convocatoria de Mueve tu Talento 2023 y fueron expuestas por Guaguas Municipales de Las Palmas de Gran Canaria: en la imagen, la artista contempla su obra en una guagua | Foto: Cortesía de Cosetta Falasco

Es una magnífica historia de superación. Y resulta significativo que esa transformación profunda comenzara poco después de iniciar tu práctica budista.

Lo es, sin lugar a duda. No puedo desligar del budismo el desarrollo de mi vida ni el de mi carrera como artista. Estoy muy agradecida a Ikeda Sensei por hacer posible que yo conociera esta práctica y por su aliento y orientación, que han tenido un enorme impacto en mi vida.

No puedo desligar del budismo el desarrollo de mi vida ni el de mi carrera como artista. Estoy muy agradecida a Ikeda Sensei por hacer posible que yo conociera esta práctica.

Recuerdo cómo, en un curso en que pude participar en el año 2007 en Japón, Sensei me animó a ampliar mis horizontes y no limitar mis posibilidades. En un mensaje, nos transmitió a quienes estábamos allí que podríamos regresar una y otra vez a Japón. La verdad es que no lo entendí muy bien, porque mi situación económica era muy precaria.

En aquel momento no podía imaginar hasta qué punto mi trabajo artístico me llevaría a viajar y desarrollar proyectos internacionales. Con el tiempo, surgieron oportunidades de colaboración con Japón que transformaron por completo mi trayectoria profesional y que me hicieron viajar repetidamente allí.

Cosetta Falasco, en una performance con maestros en Fukuoka, Japón | Foto: Cortesía de Cosetta Falasco

¿Por qué abandonaste esa prometedora trayectoria en Venezuela?

La situación del país no era muy favorable. Decidí dejarlo todo y trasladarme con mis padres, ya muy ancianos, y mi hija adolescente a Gran Canaria. Eso implicaba empezar de cero, también en el ámbito artístico.

Gracias a una serie de dibujos hechos sobre papel con tinta china que logré rescatar entre las pocas pertenencias que traje de Venezuela, pude realizar mi primera exposición aquí, titulada «La grandeza de lo esencial». Resultó un éxito inesperado. Los organizadores me comentaban que, en ese tipo de eventos, rara vez se vendían obras. Sin embargo, yo vendí cuatro piezas. Aquello fue fundamental, porque atravesaba una situación económica muy difícil.

La respuesta del público fue conmovedora. Muchas personas se sintieron impactadas por la energía que transmitían las obras. Me decían que nunca habían visto algo tan sencillo y, al mismo tiempo, tan cargado de energía.

Lo que más me fascinó fue ver que los visitantes comprendían el mensaje que quería transmitir, a pesar de que mis trabajos eran esencialmente abstractos. En ese momento se puso de manifiesto el extraordinario poder de comunicación que nace del corazón.

Precisamente esa capacidad del arte para conectar con las personas es lo que me impulsa a seguir creando nuevas obras. Entiendo cada creación como un punto de partida para la transmisión de valores y para generar espacios de reflexión y transformación. Esa misma convicción me llevó también a dedicarme a la educación, porque creo firmemente que el arte puede ayudar a las personas a atravesar situaciones complejas de la vida cotidiana. Después de tantos años, sigo convencida de que el arte tiene el poder de transformar vidas. Lo he visto en mis alumnos, en los visitantes de mis exposiciones y en mi propia experiencia. Esa es la razón por la que continúo creando, enseñando y compartiendo mi trabajo.

Cosetta pronuncia una conferencia sobre la espiritualidad en el arte | Foto: Cortesía de Cosetta Falasco

  1. Cosetta practica el budismo Nichiren en la Soka Gakkai. ↩︎