Encontrando mi camino
Iris Olivé Queralt | Lleida

Cuando tenía 16 años, tenía que decidir qué estudiar, pero no sabía cuál debía ser mi camino. Soy disléxica, y durante mucho tiempo esto me hizo dudar mucho de mí misma. Mi experiencia en el instituto fue complicada. Sentí mucha presión y, en muchas ocasiones, no recibí el apoyo que necesitaba.
Hubo un momento que me marcó profundamente: una psicóloga del instituto me dijo que era «como un pez fuera del agua» y que no encajaba. Aquellas palabras me afectaron mucho, haciéndome entrar en una etapa de tristeza e inseguridad.
Terminé el curso con dificultades y con un gran miedo a volver el curso siguiente. Me sentía muy insegura y sola. Finalmente, tomé la decisión de dejar el bachillerato porque sentía que aquel camino no me permitiría crecer ni ser feliz.
Durante todo ese proceso, mi madre y los miembros de la Soka Gakkai fueron un apoyo fundamental para mí. Me ayudaron a orientarme, a buscar alternativas y, sobre todo, a no rendirme cuando me sentía completamente perdida.
También empecé a entonar mucho daimoku. Aunque me sentía desanimada, decidí seguir avanzando y confiar en que encontraría mi camino.
Poco a poco, reconecté con aquello que realmente me gustaba desde pequeña, como dibujar o coser, mientras seguía recitando daimoku y buscando opciones. Surgió una oportunidad en el campo de la costura en un centro de estudios en Lleida y, desde el primer momento, sentí que estaba en el lugar adecuado. A pesar de incorporarme tarde y tener trabajo acumulado, me sentía motivada y capaz de avanzar. Incluso hice amistad con una compañera que también era disléxica, lo que me ayudó a sentirme comprendida y valorada.

La psicóloga del centro me ayudó a cambiar de perspectiva: el problema no era que yo no pudiera avanzar, sino que no había estado en un entorno que me proporcionara las condiciones necesarias para hacerlo.
Un día nos hablaron del CatSkills, un concurso entre institutos de formación profesional catalanes que daba la oportunidad de representar a Cataluña en campeonatos a nivel estatal e internacional.
Decidí que ese sería mi objetivo: quería dar lo mejor de mí misma y esforzarme para tener la oportunidad de representar a mi centro. Recientemente he participado en el concurso y, aunque tuve tensión y nervios, mantuve la serenidad y la confianza haciendo daimoku interiormente. A pesar de algunos obstáculos, conseguí terminar a tiempo. Sentí una inmensa alegría y gratitud cuando anunciaron el primer premio y escuché mi nombre.
Para mí, este logro es mucho más que un premio. Es la prueba de que, cuando decidimos no rendirnos, seguimos haciendo daimoku y confiamos en nuestro potencial, podemos transformar cualquier situación.
Mirando atrás, veo a una joven que dudaba de sí misma y que no sabía dónde encajaba. Hoy puedo decir que he encontrado un camino que me apasiona y que me permite crecer siendo yo misma.
Esta experiencia me ha enseñado que los obstáculos no tienen por qué determinar nuestro futuro. Gracias al daimoku, al apoyo de mi familia y de los miembros de la Soka Gakkai, y a la decisión de seguir avanzando, he podido transformar una etapa de sufrimiento en una gran victoria.
