Heredar un sueño, haciéndolo realidad

Motivados por el avance de «Mi campaña de Osaka» en la SGEs, dedicamos una nueva entrega de esta sección a profundizar en la gesta de 1956 que la ha inspirado. Este mes lo hacemos desde la perspectiva de un tema clave en el budismo Nichiren: la relación de maestro y discípulo.
(Este artículo enlaza con la entrega anterior de esta sección).
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Cuando en 1956 Daisaku Ikeda asumió la responsabilidad de la Campaña de Osaka, con apenas 28 años,1 también en otras áreas de Japón se tomaron iniciativas similares. Era una época de rápido crecimiento de la Soka Gakkai en todo el país, en la que sus miembros –muchos de los cuales habían ingresado recientemente en la organización– se esforzaban con apasionado altruismo para contribuir al logro de la meta de expansión anunciada por Josei Toda cinco años antes.2

Tales esfuerzos dieron frutos en varias regiones del país, donde las dificultades derivadas de un desafío como aquel no fueron obstáculo para el avance. Pero una de las razones por las cuales lo logrado en Kansai (la región que tiene su capital en Osaka) brillaría especialmente en los anales del kosen-rufu es que las condiciones de partida allí eran las peores. Cumplir con la hoja de ruta marcada implicaba dar un salto aparentemente imposible, duplicando la base de la organización en el transcurso de la primera mitad de aquel año. La dificultad de la tarea motivó al maestro Toda a confiársela al joven Ikeda.

Toda Sensei quería forjar a su joven discípulo. Apoyándolo para que creciese lo más posible, aseguraría el impulso del kosen-rufu también en el futuro. En La revolución humana se lee al respecto.

Josei Toda evaluó la situación en Kansai como lo que era: desesperanzadora. […] [Pero] deseaba más que nada que Shin’ichi liderase esa campaña.3 La victoria o la derrota eran algo secundario. Debía hacer que su discípulo enfrentase el arduo trabajo de abrir un nuevo camino hacia el kosen-rufu del futuro. Shin’ichi era su ojo derecho, y Toda sabía que su salud no le permitiría vivir muchos años más. Deseaba ver a Shin’ichi luchando firmemente, y desarrollando todo su potencial como Bodisatva de la Tierra. Fue únicamente entonces cuando Toda estuvo completamente seguro de que la Soka Gakkai se mantendría indestructible, incluso después de su muerte.4

Josei Toda evaluó la situación en Kansai como lo que era: desesperanzadora. [Pero] […] debía hacer que su discípulo enfrentase el arduo trabajo de abrir un nuevo camino hacia el kosen-rufu del futuro.

LA IMPORTANCIA DE LA CAPACITACIÓN COMO DISCÍPULOS

No era la primera vez que Toda pedía algo inverosímil: en los nueve años anteriores, le había hecho a su discípulo numerosas propuestas aparentemente irrealizables. Pero, en cada ocasión, el joven Ikeda había superado los impedimentos y había abierto un nuevo camino. Esta vez no iba a ser diferente.

«Cuando Shin’ichi escuchó lo que Toda esperaba de él en lo referente a la campaña en Kansai, respondió a la petición de su maestro sin dudar ni un segundo»; al mismo tiempo, «sintió que había una gran brecha entre la realidad y el objetivo».5 Y, como ser humano:

En un primer momento Shin’ichi cayó en la desesperación. Aunque no se lo contaba a nadie, día tras día vivía un constante tormento debido a la dificultad que presentaba la campaña. Mientras buscaba arduamente una solución, sentía la necesidad de gritar de agonía; pero los pasajes del Gosho cruzaban su mente uno tras otro […]. Estos pasajes le hacían ver de forma directa cómo transformar lo imposible en posible. […]  Después de todo, ¿no era él un creyente del budismo Nichiren en el Último Día de la Ley?6

Igual de impactados que él habían quedado sus compañeros en el Departamento de Jóvenes de la Soka Gakkai. Toda Sensei solía compartir abiertamente con los jóvenes su gran visión del kosen-rufu en el futuro y, cuando en un encuentro del Suiko-kai7 celebrado en 1955 les hizo partícipes de sus perspectivas para el año siguiente, los presentes quedaron perplejos. No habían podido imaginar que lo que planteaba fuera a llegar tan pronto.

Los jóvenes se dieron cuenta de que el movimiento del kosen-rufu avanzaba a un ritmo sorprendentemente rápido. No era momento de mantenerse ocioso. Habían recibido las ideas de Toda como si fueran sueños difusos, más que como planes concretos. Pero los sueños de Toda tenían por costumbre hacerse realidad de manera rápida, y tal como él planeaba. Los jóvenes reflexionaron que era momento de madurar. […] Si otros iban a seguir a los pioneros paso a paso, eran ellos, los miembros de la Soka Gakkai más jóvenes, los que tendrían que hacer lo mismo en el futuro.8

Nunca como en ese momento habían tomado tanta conciencia de la importancia del entrenamiento que les había brindado su maestro. Él les dijo: «Estoy ansioso, y a la vez paciente, de que llegue el día en que pueda ver cómo despliegan sus alas y vuelan alto».9

Los jóvenes se dieron cuenta de que el movimiento del kosen-rufu avanzaba a un ritmo sorprendentemente rápido. No era momento de mantenerse ocioso. Habían recibido las ideas de Toda como si fueran sueños difusos, más que como planes concretos. Pero los sueños de Toda tenían por costumbre hacerse realidad de manera rápida, y tal como él planeaba. Los jóvenes reflexionaron que era momento de madurar.

Josei Toda juega a shogi (ajedrez japonés) con miembros del Departamento de Jóvenes de la Soka Gakkai, en presencia de Daisaku Ikeda | Foto: Seikyo Shimbun

FORJARSE A TRAVÉS DEL ESFUERZO

Cuando se comenzó a fraguar la campaña en Osaka, lo que impulsaba al joven Ikeda más que ninguna otra cosa era el deseo de Toda Sensei –ahora también suyo– de construir en Kansai una Soka Gakkai fuerte y victoriosa. Aun así, la distancia entre el objetivo y la realidad no dejaba de preocuparlo. Nadie sabía de su angustia, salvo su maestro, quien un día le dijo de pronto:

«Shin, una vida llena de sufrimientos es una vida que se ha vivido de verdad. Es únicamente a través del sufrimiento cómo podemos entender lo que es la fe realmente. Eso es lo que te hace una gran persona».

«Sí», respondió Shin’ichi. ¡Su maestro era consciente del sufrimiento por el que estaba pasando! Shin’ichi se sintió verdaderamente agradecido.10

Animado por la confianza y la comprensión de su maestro, y decidido a cumplir la visión que compartían, Ikeda Sensei acometió aquella campaña determinado a vencer sin falta.

No podía fallar, por dos motivos. En primer lugar, la derrota significaría que un objetivo del maestro Toda no había podido lograrse. En segundo lugar, significaría que Shin’ichi había perdido su primera gran batalla por el kosen-rufu. […] Tenía que ganar, pasara lo que pasara.11

TRANSMITIR A LOS DEMÁS LA POSTURA CORRECTA

El joven Ikeda no se limitó a encarnar y vivir en primera persona el espíritu de inseparabilidad con su maestro. Fue más allá: se esmeró en enseñarlo y transmitírselo a los compañeros. En una ocasión, dirigiéndose a los responsables locales de Osaka, les habló como Toda Sensei le hablaba a él:

Mi determinación jamás flaqueará. Venceré sin falta, por ustedes, únicamente por ustedes. De ahora en adelante les haré sugerencias que parecerán imposibles. Cuando lo haga, por favor, recuerden que ni ustedes ni yo tendremos nada de lo que arrepentirnos después.12

En otra ocasión, durante un diálogo personal, ofreció la siguiente orientación a una figura clave para aquella campaña –que en la novela representa el personaje de Seiichiro Haruki–, que estaba muy preocupado por la dificultad del reto que enfrentaban:

«Nadie puede prever cómo será la batalla sin haber luchado aún» –dijo Shin’ichi, mirando fijamente a su visitante–. «Establecer las bases del kosen-rufu en la maravillosa Kansai es mi principal batalla. También es la tuya, Sei. Los dos estamos destinados a enfrentar esta lucha. Sé que no será tarea fácil, pero Toda Sensei nos ha pedido que lo hagamos. ¿No es eso motivo suficiente?».

«Es motivo más que suficiente» –dijo Haruki–. «Pero no tengo idea de qué debo hacer». Por primera vez desde su llegada, miró a Shin’ichi de frente, esbozando una sonrisa. […]

«Lo entiendo. Por eso digo que esta es nuestra “batalla inaugural”. El Gosho dice que los discípulos de Nichiren no han de ser cobardes. Determínate, Sei. Lo demás, déjalo en manos del Gohonzon. Lo que nosotros debemos hacer es orar, orar y avanzar».

«Sí. Puede que haya nacido cobarde», murmuró Haruki con expresión seria. Shin’ichi no pudo evitar reír.

«¡Un cobarde en su primera batalla!», dijo mientras reía.13

El joven Ikeda no se limitó a encarnar y vivir en primera persona el espíritu de inseparabilidad con su maestro. Fue más allá: se esmeró en enseñarlo y transmitírselo a los compañeros.

EL APOYO DEL MAESTRO, EN RESPUESTA A LOS ESFUERZOS DEL DISCÍPULO

Una vez lanzado de lleno a la campaña, y con la firme determinación de ganar sin falta, el joven discípulo se esforzó al máximo con los miembros locales, la inmensa mayoría de los cuales tenían muy poca experiencia en la práctica del budismo Nichiren.

Como resultado de esos esfuerzos, el número de personas que se unían al movimiento por el kosen-rufu comenzó a crecer rápidamente. Si bien esta era la mejor noticia que podía esperarse, también existía el peligro de que, si el rápido crecimiento no iba acompañado de una correcta guía en la fe y por el estudio, el crecimiento terminase dando lugar a una multitud desorientada.

Entonces, el maestro decidió salir en apoyo del joven discípulo. Toda Sensei anunció que interrumpiría los seminarios de estudio que impartía varias veces al mes en Tokio para hacerlo en Kansai:

Debía compartir en Kansai los conocimientos que había compartido en Tokio. En parte, su decisión fue tomada por la gran consideración que tenía por Shin’ichi Yamamoto. Había confiado a Shin’ichi la campaña en Kansai. Toda sabía que su joven discípulo se estaba esforzando al máximo para concretar el objetivo, y quería recompensarlo por ello. De ahora en adelante, Toda pasaría un total de seis días al mes en Kansai, impartiendo estudios y orientación a los miembros locales.14

A la primera conferencia de estudio de Toda en Osaka acudieron nada menos que siete mil personas. Fue necesario recurrir a un sistema de megafonía en el exterior del centro cívico de Nakanoshima, donde se celebró, para que quienes se habían quedado afuera pudieran escucharlo. Nadie estaba más sorprendido y feliz que Daisaku Ikeda por el éxito de esa tarde y por la postura de los miembros de Kansai. Iban por el camino correcto de la fe. Los increíbles resultados de la Campaña de Osaka demostrarían que la membresía local no solo había crecido hasta cumplir las metas, sino que lo había hecho con bases fuertes.

Josei Toda imparte un estudio, en 1956 | Foto: Seikyo Shimbun

UN VÍNCULO CON BASE EN EL GOHONZON

Si durante aquellos vibrantes meses de 1956 no hubiera palpitado en Kansai el espíritu de inseparabilidad de maestro y discípulo, no se habría cosechado la victoria que sigue inspirándonos hoy.

La experiencia paralela vivida en Tokio en ese mismo período ofrece un contraejemplo. Allí se partía de condiciones mucho más favorables, pero diversos responsables de la Soka Gakkai, a cargo de promover un desarrollo aún mayor, se confiaron; además, lucharon sin una verdadera unión. Y esto afectó de forma directa al resultado. Osaka, inferior a Tokio en número, superó a la capital gracias al espíritu que se cultivó durante la campaña.

En Tokio se evidenció que muchas personas tenían todavía una concepción superficial del vínculo de maestro-discípulo en el budismo.

[Aunque] entendían la importancia que suponía avanzar en el camino de maestro y discípulo, […] se aferraban en gran medida a sus propios conocimientos y referencias que habían aprendido de la sociedad, y trataban de aplicarlos en la campaña. Escuchaban la orientación de Toda como simple teoría, que luego trataban de adaptar a sus propios planes.15

En cambio:

Cuando Shin’ichi recibió la responsabilidad total del área de Kansai, supo de inmediato lo que Toda esperaba de él. […] El espíritu de ambos era inseparable. No necesitaba esforzarse en comprender la orientación de su maestro; la entendía de manera natural. […] Para Shin’ichi, todo partía de su unión con Toda: la profunda unión de sus corazones16.17

Podría pensarse que la inseparabilidad de maestro y discípulo implica que el discípulo siga de forma mecánica las instrucciones del maestro. Eso, de hecho, resulta relativamente fácil… Pero no es así. La «inseparabilidad» aquí significa, más bien, «que el deseo del maestro palpite en la vida del discípulo y que este actúe de manera espontánea».18 No se trata de un deseo unilateral, sino verdaderamente compartido. Sin embargo, «para lograr este estado, el discípulo debe en primer lugar comprender de dónde procede el deseo más profundo de su maestro y, entonces, hacerlo suyo. Es un proceso difícil, que únicamente puede ser logrado a través de desarrollar una fe firme. La fuente de energía tanto para el maestro como para el discípulo no es otra que el Gohonzon».19

La «inseparabilidad» aquí significa […] «que el deseo del maestro palpite en la vida del discípulo y que este actúe de manera espontánea». […] Es un proceso difícil, que únicamente puede ser logrado a través de desarrollar una fe firme.


  1. Además de la entrega del mes pasado de esta sección, se puede leer más sobre la Campaña de Osaka de 1956 en otras secciones de los dos números anteriores de CGlobal, especialmente «Este mes» y, en enero, «Estudio». ↩︎
  2. El 3 de mayo de 1951, al asumir la segunda presidencia de la Soka Gakkai, Josei Toda juró llevar la membresía de la Soka Gakkai hasta las 750 000 familias en el arco de su existencia, construyendo así una sólida base comunitaria, capaz de sostener un cambio social profundo y duradero en Japón. ↩︎
  3. Como en La nueva revolución humana, en esta obra de historia novelada el personaje de Shin’ichi Yamamoto representa a Daisaku Ikeda. ↩︎
  4. IKEDA, Daisaku: La revolución humana, vol. 10, cap. «Determinación» (traducción tentativa; esta obra es inédita en España). ↩︎
  5. Ib. ↩︎
  6. Ib. ↩︎
  7. Suiko-kai (Grupo «A la vera del río»): Grupo de capacitación del Departamento de Hombres Jóvenes de la Soka Gakkai formado por Josei Toda. Debe su nombre a la antigua novela épica china A la orilla del agua, que fue un material de estudio central por parte de la agrupación. ↩︎
  8. IKEDA, op. cit. ↩︎
  9. Ib. ↩︎
  10. Ib. ↩︎
  11. Ib. ↩︎
  12. Ib. ↩︎
  13. Ib. ↩︎
  14. Ib. ↩︎
  15. Ib. ↩︎
  16. Nótese que el concepto de «corazón», en el budismo Nichiren, alude a la vez a la mente, a la intención esencial. ↩︎
  17. IKEDA, op. cit. ↩︎
  18. IKEDA, Daisaku: La revolución humana, vol. 10, cap. «Latido de corazón» (traducción tentativa; esta obra es inédita en España). ↩︎
  19. Ib. ↩︎