La compasión: el poder que protege
Desde el Departamento de Estudiantes de la SGEs
A menudo la fuerza militar y la capacidad de generar temor se interpretan como elementos de poder. Sin embargo, como jóvenes comprometidos, nosotros queremos esforzarnos por cambiar el paradigma, contribuyendo a crear sociedades que se basen en la dignidad humana y en la interconexión entre las personas: el verdadero poder capaz de sostener la paz.
Estudiando las propuestas de paz de Daisaku Ikeda, observamos que la compasión tiene un carácter profundamente transformador, porque nace del interior de cada persona. No depende de armas ni de estructuras de poder, sino de la decisión consciente de respetar la dignidad de los demás. Esta idea conecta con el concepto de «desarme interior»,1 que asegura que el cambio social comienza por la transformación personal. Al erradicar el egoísmo, el odio y la indiferencia, las personas pueden construir relaciones basadas en la confianza, lo que a su vez se traduce en sociedades más pacíficas.
La compasión tiene un carácter profundamente transformador, porque nace del interior de cada persona. No depende de armas ni de estructuras de poder, sino de la decisión consciente de respetar la dignidad de los demás.
Este mes de mayo nos centraremos en la propuesta de paz de 2006, que trata este punto clave del uso de la amenaza como método disuasorio.2 En ese texto, Daisaku Ikeda señala que la lógica de la disuasión, especialmente la disuasión nuclear, se fundamenta en la desconfianza mutua y en la capacidad de destrucción. Este tipo de poder, aunque pueda prevenir conflictos a corto plazo, en realidad mantiene latente una violencia estructural que pone en riesgo a toda la humanidad. En contraste, la compasión es una fuerza activa, no pasiva, que implica reconocer el sufrimiento ajeno como propio y actuar para aliviarlo. En otras palabras, se basa en la capacidad de ponerse en la piel de los demás. Desde esta perspectiva, proteger no significa intimidar, sino cuidar y generar condiciones donde la vida pueda florecer.
Para ello, es imprescindible forjar vínculos de verdadera empatía. Tal como afirma Ikeda Sensei:
Si [es cierto que] nuestra humanidad se funda y desarrolla dentro del contexto de las relaciones con otras personas, el individualismo exagerado es una condición alejada de dicho contexto. El reconocimiento respetuoso de la existencia de los demás se basa siempre en la capacidad de dominar y de controlar los deseos personales, lo que no puede concretarse sino dentro del marco de la interacción humana.3
Con esto en mente, te invitamos a preguntarte:
1. ¿De qué manera has visto en tu propia experiencia que la compasión puede generar más cambios positivos que el uso de la autoridad?
2. En un mundo donde todavía predomina la lógica de la amenaza, ¿qué acciones concretas crees que podríamos tomar (especialmente los jóvenes) para construir relaciones basadas en la confianza y el cuidado?
