Juan Robles | Madrid

Tengo treinta años y soy originario de Bogotá, Colombia.
Mi camino en la práctica del budismo Nichiren comenzó en 2022, cuando empecé a ser testigo de la revolución humana de mi mejor amiga, Victoria, que hoy en día considero una hermana de fe. Ambos conocimos la práctica budista y la Soka Gakkai en Buenos Aires, Argentina, donde viví durante diez años. Por motivos de crecimiento laboral y económico, en 2023 regresé a Colombia.
Durante los siguientes dos años en Bogotá, Victoria vivió unos meses conmigo, y fue entonces cuando apareció por primera vez su Gohonzon en mi piso. Habiendo constatado su transformación positiva, y gracias al diálogo, su práctica y su constancia, un día me senté junto a ella a recitar daimoku.
Mi camino en la práctica del budismo Nichiren comenzó […] cuando empecé a ser testigo de la revolución humana de mi mejor amiga […]. Habiendo constatado su transformación positiva, y gracias al diálogo, su práctica y su constancia, un día me senté junto a ella a recitar daimoku.
Entonces, conocí la Soka Gakkai de Bogotá, justo unos meses antes de que mi amiga continuara su camino hacia Europa. A partir de ese momento, la responsabilidad era mía: la constancia y la participación en las actividades dependían de mí. Y allí fue cuando realmente empecé a practicar y a ver el poder de la fe a través de las experiencias de mis compañeras y compañeros.
En esa época, con mi familia planeábamos un viaje a España para 2024. Era mi primera visita a Europa y, para mí, amante de la historia y la arquitectura, representaba un sueño por cumplir. Entonces, durante nuestra estancia en Madrid, mi familia y yo fuimos víctimas del hurto de todas nuestras pertenencias: pasaportes, dinero, herramientas de trabajo y recuerdos únicos.
Mientras estábamos en la comisaría realizando la denuncia, lo único en lo que podía pensar era que me podrían robar todo menos el budismo. Gracias a la práctica, resté dramatismo a la situación y hoy tengo mucha más templanza.
Con esa primera prueba real, me di cuenta de que, tal como enseña el budismo, la felicidad no está determinada por nuestras circunstancias, sino que es algo que cada uno de nosotros construye con su condición de vida interior. En palabras de Ikeda Sensei: «El estado de vida determina nuestro enfoque del mundo externo y nuestros sentimientos hacia la realidad».1
En Madrid, mi familia y yo fuimos víctimas del hurto de todas nuestras pertenencias […]. Mientras estábamos en la comisaría realizando la denuncia, lo único en lo que podía pensar era que me podrían robar todo menos el budismo. Gracias a la práctica, resté dramatismo a la situación y […] me di cuenta de que, tal como enseña el budismo, la felicidad no está determinada por nuestras circunstancias.
Al regresar a Colombia, y con una sonrisa de oreja a oreja, continué con la determinación de seguir practicando con esmero. A pesar del robo, quedé enamorado de Madrid y, tras ocho años en la empresa, tomé la decisión de dejar mi trabajo corporativo, vender todas mis pertenencias y prepararme para mudarme de país nuevamente.
En este proceso de empezar de cero por tercera vez, la práctica fue clave. Tenía que conseguir varias cosas en el camino: recursos económicos, un visado especial y la admisión a un máster sin contar con una carrera de grado. Firme en la práctica budista, participando activamente en las actividades y recibiendo mucho aliento de mis compañeras de fe, conseguí todo lo necesario. Los recursos llegaron con ayuda de mi familia, pude obtener la aprobación de mi visado y, lo más importante, fui aceptado por el comité académico de una importante escuela de negocios en España, donde valoraron mi trayectoria profesional y me aceptaron como alumno del máster en Dirección de Marketing en Moda.
Cinco meses después, y con todas estas pruebas superadas, a tan solo una semana de dejar Bogotá, recibí el Gohonzon de manos de mis compañeras y compañeros de la Soka Gakkai de Colombia y, por supuesto, con mi amiga Victoria acompañándome online desde Sicilia, donde se encontraba.
Así, llegué de nuevo a España a finales de 2024. Una vez resueltas las cuestiones necesarias para establecerme en Madrid, y sin dejar nunca la práctica de lado, tomé contacto con el que sería mi grupo de diálogo y comencé mi nueva etapa en la Soka Gakkai de España.

Esos primeros meses estuvieron llenos de emociones. Me encontraba entre la felicidad de empezar de nuevo en esta ciudad maravillosa, la alegría de estar cursando un máster con el que soñaba desde pequeño y, al mismo tiempo, la inquietud de no tener trabajo durante los nueve meses que duraría la formación.
Mientras terminaba el máster, me lancé a buscar trabajo. Con mis recursos comenzando a llegar a su límite, el rechazo en más de veinte entrevistas laborales y la fecha de vencimiento de mi permiso de residencia acercándose cada vez más… nunca dejé de entonar Nam-myoho-renge-kyo y no bajé los brazos. Asistí a todas las reuniones de diálogo, recibí el aliento de mis colegas en cada momento y, finalmente, en mayo de 2025 recibí la llamada que tanto esperaba.
Se trataba de una empresa con la que había tenido varias entrevistas unos meses antes, que aparentemente no habían llevado a nada. Me contactaron de nuevo y, tras una negociación final, cerramos un acuerdo: actualmente soy el responsable de la imagen y el marketing de todos sus puntos de venta en España. Mi permiso de residencia fue aprobado, cuento con un nivel de acompañamiento de mi empleador que nunca había tenido antes y, en tan solo un año, he podido viajar por toda España. Es un sueño que parecía imposible para ese niño que creció creyendo que vivir de la moda y acceder a una educación de calidad para él no sería una opción.
[Actualmente estoy viviendo] un sueño que parecía imposible para ese niño que creció creyendo que vivir de la moda y acceder a una educación de calidad para él no sería una opción.
¿Pero qué sería la felicidad si no fuera compartida? En todos estos meses, en el piso compartido en el que vivo me he enfrentado a los desafíos de convivir con personas de diferentes culturas e historias de vida. Recitando daimoku en casa y aplicando el poder del diálogo, he logrado transmitir la práctica a dos compañeros de piso, y actualmente uno de ellos nos acompaña activamente en las reuniones de diálogo. Además, he afianzado nuevas y maravillosas amistades dentro del Departamento de Jóvenes de la SGEs.
Como agradecimiento, y con el deseo de desafiarme aún más, hace unos meses asumí la responsabilidad del Departamento de Hombres Jóvenes en mi grupo de diálogo, Hortaleza. Además, también he comenzado a hacer actividad como sokahan.2 Siento que esta capacitación me permite renovar mi juramento: ser el responsable de mi propia felicidad y proteger a los demás.

El budismo enseña que la felicidad verdadera no es un estado fortuito, sino el resultado de un esfuerzo tenaz y sincero por afrontar los numerosos desafíos de la existencia. Algo que siempre me ha inspirado es el desarrollo de mis compañeros y compañeras de fe, de quienes sigo aprendiendo y recibiendo aliento, y con quienes continúo formándome. A partir de ahora, me determino a transmitir el poder transformador de nuestro budismo, alentar a quien lo necesite y, al igual que mi amiga, ser yo el mejor ejemplo a través de mi propia revolución humana.
- IKEDA, Daisaku: Sabiduría para ser feliz y crear la paz, parte 1, Rivas-Vaciamadrid: Ediciones Civilización Global, 2021, pág. 32. ↩︎
- El grupo Soka (en japonés, sokahan) es un grupo de capacitación de la SGEs formado por integrantes del Departamento de Hombres Jóvenes que, con base en la fe budista y el vínculo con el maestro, realizan en coordinación con otros grupos diversas labores dirigidas a que los miembros, simpatizantes e invitados de la entidad puedan disfrutar de las actividades sin preocupaciones. ↩︎
