La revolución interior, eje del cambio

Desde el Departamento de Estudiantes de la SGEs


Tras la maravillosa asamblea que celebramos en conmemoración de la fundación del Departamento de Estudiantes, queremos seguir profundizando en nuestra responsabilidad individual de erradicar la violencia, y no solo la violencia presente en armas nucleares y conflictos bélicos, sino también aquella que reside en la mentalidad humana, que es la raíz de tales problemas globales.

Daisaku Ikeda diserta sobre esa cuestión en sus propuestas de paz de 2010 y 2016 y, como medio para erradicar la violencia, menciona un concepto clave: el «desarme interior». Este se apoya en tres factores: en primer lugar, transformar el miedo, el odio, la indiferencia o desconfianza en cada persona; en segundo lugar, cambiar la violencia por la empatía y el respeto por la vida; y, finalmente, la convicción de que la paz mundial empieza por la transformación individual.

Más concretamente, Ikeda Sensei afirma que el cambio se produce cuando una persona asume su responsabilidad por el mundo, superando la indiferencia: 

Se trata de lograr una transformación fundamental de las prioridades humanas, de acuerdo con el principio de que el cambio en el destino de un solo individuo puede cambiar el destino de toda la humanidad.1

La idea principal es hacer hincapié en la importancia de una sola persona: en otras palabras, se trata de promover una cultura de paz basada en la educación en derechos humanos, fomentar la participación ciudadana y despertar la conciencia global de que la paz depende de las decisiones cotidianas de cada individuo.

Por otro lado, Sensei también propone centrarnos en la dignidad humana como eje del cambio. En esta visión, la paz mundial es un conjunto de acciones enfocadas en la dignidad de cada individuo. Por ejemplo, si pensamos en el trabajo de reconstrucción de zonas afectadas por diversos tipos de conflictos o desastres naturales, este no debe ser solo material, sino que es necesario atender la parte humana y comunitaria, con una postura que no obvie o le quite importancia al sufrimiento ajeno. Así lo expresa Sensei:

[R]eafirmamos nuestra promesa de no buscar jamás la felicidad personal a expensas de los demás, y de que quienes más han sufrido puedan ejercer su derecho a ser felices. De esa forma, aspiramos a construir un mundo donde la dignidad humana de todos los habitantes pueda florecer con plenitud.2

Enlazando estas dos ideas extraídas de las propuestas de paz, podemos resumir que la paz mundial no se construye solo con tratados o leyes, sino con una gran cantidad de «revoluciones interiores» de cada uno. Tomado así, el «desarme interior» es una práctica que debemos realizar de manera diaria.

Con la meta practicar nuestro propio «desarme interior», queremos proponer la siguiente reflexión para dialogar en nuestros próximos encuentros:

¿Qué «revoluciones interiores» podemos realizar cada uno de nosotros en nuestro día a día para contribuir a que nadie sea dejado atrás y erradicar el sufrimiento de la sociedad?


  1. IKEDA, Daisaku: Por una nueva era de creación de valores, Rivas-Vaciamadrid: Ediciones Civilización Global, 2010, pág. 3. ↩︎
  2. IKEDA, Daisaku: El respeto universal a la dignidad humana: un gran camino hacia la paz, Rivas-Vaciamadrid: Ediciones Civilización Global, 2016, pág. 12. ↩︎