La victoria a través de una práctica valiente

Andreu Febrer del Arco | Reus

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Andreu Febrer

Comencé a practicar el budismo Nichiren a finales de 2023. Un mes antes, me habían echado del trabajo, se había terminado una relación de pareja y había fallecido mi madre.

Ella estaba diagnosticada de ELA (esclerosis lateral amiotrófica), una enfermedad neurodegenerativa. Vivíamos los dos solos, por lo que yo fui su cuidador principal, atendiéndola en todo lo necesario. El proceso de la enfermedad fue muy duro; nadie nos prepara para algo así. Se va aprendiendo sobre la marcha, ya que surgen nuevos obstáculos a diario, a la vez que se va tomando conciencia de lo que está por venir.

Comencé a practicar el budismo Nichiren a finales de 2023. Un mes antes, me habían echado del trabajo, se había terminado una relación de pareja y había fallecido mi madre.

Un día, una vecina, amiga de mi madre, me dio un papelito donde ponía «Nam-myoho-renge-kyo» y me dijo: «Tú repite esta frase». Sabiendo que mi madre había comenzado a hacerlo esporádicamente, decidí adentrarme en la práctica también yo. Sentía que necesitaba un cambio de rumbo en mi vida.

Si echo la vista atrás, reconozco las cosas positivas de toda esa época marcada por la enfermedad: hubo un gran acercamiento a mis hermanos mayores, la relación con mi madre mejoró aún más y aprendí muchísimo de la vida. Probablemente hoy no estaría relatando mis vivencias ni sería quien soy si no hubiera pasado por ese proceso.

A continuación quiero compartir cómo la orientación de Daisaku Ikeda ha cobrado vida en mi propia experiencia. En el número de febrero de 2026 de CGlobal se leen estas palabras suyas: «[E]l Gohonzon tiene poder infinito. La única cuestión reside en si confiamos o no en él. Si realmente pensamos que somos discípulos del Daishonin, debemos, en primer lugar, orar firmemente para desarrollar el tipo de práctica valiente que puede transformar lo imposible en posible».1

Para mí, esa valentía surgió en el verano de 2025. Tras casi dos años de práctica y de haber recibido el Gohonzon en julio de 2024, participé por primera vez en un curso de verano de la SGEs. En él conecté mucho más profundamente con el budismo, conocí a gente maravillosa y, sobre todo, encontré mi vínculo con el maestro. Ese clic interno cambió mi enfoque: dejé de practicar por inercia y empecé a implicarme de verdad en el estudio, en la fe y en la práctica. A partir de ahí, empezó un gran cambio en mi vida.

[En 2025] participé por primera vez en un curso de verano de la SGEs. En él conecté mucho más profundamente con el budismo, conocí a gente maravillosa y, sobre todo, encontré mi vínculo con el maestro. Ese clic interno cambió mi enfoque: dejé de practicar por inercia y empecé a implicarme de verdad en el estudio, en la fe y en la práctica. A partir de ahí, empezó un gran cambio en mi vida.

Ikeda Sensei afirma que esta práctica puede «transformar lo imposible en posible»,2 y durante muchos años, mi gran «imposible» fue superar un problema de adicción a un psicotrópico.3 Sinceramente, no me veía capaz de dejarlo por mí mismo. De hecho, lo había intentado en varias ocasiones, sin éxito y con mucho sufrimiento. Sin embargo, al fortalecer mi práctica y mi determinación tras el verano de 2025, entendí que no estaba solo. Utilicé el daimoku para extraer una fortaleza mental que no sabía que tenía. Al dejar de luchar únicamente con mi fuerza de voluntad y apoyarme en la fe, logré superar la adicción con bastante facilidad. Esta ha sido mi mayor victoria, demostrándome que con el Gohonzon ningún obstáculo es insuperable.

Encuentro de jóvenes Soka en Reus, en marzo pasado

A principios de este año visité el Centro Cultural de la SGEs en Tenerife y disfruté del gongyo de Año Nuevo allí. Al regresar me propuse asistir a todas las actividades Soka que se hicieran en Barcelona, especialmente como sokahan.4 ¡Y así lo hice! Formaba parte del grupo Soka desde hace más de un año, pero al principio había podido asistir a pocas actividades, ya que soy árbitro de baloncesto y trabajo los fines de semana, además de que no vivo tan cerca de Barcelona. A partir de 2026, sin embargo, la cosa cambió: decidí priorizar las actividades, y he asistido a todas las reuniones y cursos que ha habido, la mayoría de veces como sokahan y el resto como responsable del Departamento de Hombres Jóvenes de mi grupo de diálogo, cargo que asumí en marzo de este año.

Sensei afirma que «el esfuerzo y el trabajo sostenido construyen el puente que conecta nuestros sueños con la realidad».5 En mis intensos meses de práctica, estudio y actividades, escribí dos determinaciones muy claras: mantenerme implacable con la adicción superada y trabajar como profesor de Educación Física en un instituto de educación secundaria en Reus. Y ese puente con la realidad se está materializando.

Sensei afirma que “el esfuerzo y el trabajo sostenido construyen el puente que conecta nuestros sueños con la realidad”. En mis intensos meses de práctica, estudio y actividades, escribí dos determinaciones muy claras […] y ese puente con la realidad ya se está materializando.

En febrero me asignaron una plaza vacante en un instituto de Reus hasta final de curso, como tutor de una nueva aula de 2.º de ESO con chicos y chicas inmigrantes recién llegados al país.

Andreu, arbitrando un partido de baloncesto

Además de ser tutor y profesor de Educación Física, también tenía que darles clases de Geografía e Historia, Catalán, Castellano y Realización de Proyectos. Un objetivo central del instituto era que aprendieran la cultura y la lengua catalana.

Al principio, yo estaba bastante asustado con el reto que tenía por delante, pero sabía que era una oportunidad increíble para crear valor.

He tenido 18 alumnos, de los cuales la mitad eran de América Latina y la otra del norte de África. Con los primeros, la comunicación no fue tan difícil: les podía traducir cualquier palabra con facilidad y se adaptaron rápido. En cambio, con los que solo hablaban árabe fue más complicado. Por suerte, una alumna palestina sabía inglés, así que yo le iba traduciendo del catalán y ella se lo comunicaba al resto en su lengua, o directamente usábamos un traductor automático.

Fueron meses de mucho trabajo: me preparaba las clases a diario y, como no podía seguir la programación del curso, tenía que ir creando mi propio material. Al mismo tiempo, fuera del instituto seguía siendo profesor de pádel y árbitro de baloncesto.

Durante el semestre hicimos varias excursiones y una salida de tres días a una casa rural, durante la que se abrieron mucho conmigo y pude conocerlos más. A final de curso, la gran mayoría me entendía hablando en catalán, incluso algunos lo hablaban conmigo. Y también progresaron en conocimientos y desarrollo personal.

La coordinadora pedagógica quería que siguiera trabajando en el centro el siguiente curso, y tuvo un par de reuniones con la directora. Lamentablemente, al ser un instituto público no dependía solo de ellas y, aunque pidieron mi continuidad, no se pudo conseguir. El último día, cuando los alumnos se enteraron de que no sería su profesor el curso siguiente, muchos vinieron a abrazarme llorando. También me hicieron regalos y me dieron cartas. Eso fue lo más gratificante… Me agradecieron mucho todo lo que había hecho por ellos, en algunos casos también en el ámbito personal.

Que este trabajo fuera la respuesta a la determinación que escribí me dio la convicción necesaria para estar frente a ellos y dar lo mejor de mí acompañándolos en un momento tan crítico de sus vidas. Mi labor con estos alumnos no fue solo académica; de alguna manera, mi misión era ser para ellos ese apoyo y esa luz que el budismo y mi maestro han sido para mí. Como yo había podido superar mis barreras, mi determinación era ayudarles a superar las suyas –el idioma, el desarraigo, el miedo– y demostrarles que ellos también pueden construir su propio puente hacia sus sueños.

En estos meses he podido comprobar que, cuando nos vinculamos al corazón del maestro, nuestra vida se convierte en una herramienta de felicidad y esperanza para los demás. Como dice Ikeda Sensei, «la esperanza se alimenta del esfuerzo constante».6 ¡Muchas gracias!


  1. CGlobal, n.º 250, febrero 2026, sección «Orientación». ↩︎
  2. Véase la cita referenciada en la nota 1. ↩︎
  3. Los psicotrópicos son sustancias químicas, naturales o sintéticas, que ejercen un efecto directo sobre el sistema nervioso central, alterando temporalmente funciones cerebrales como la percepción, el estado de ánimo, la conciencia, el pensamiento o el comportamiento. ↩︎
  4. El grupo Soka (en japonés, sokahan, término que también se emplea para aludir coloquialmente a sus integrantes) es un grupo de capacitación de la SGEs formado por jóvenes que, con base en la fe budista y el vínculo con el maestro, realizan en coordinación con otros grupos diversas labores dirigidas a que los miembros, simpatizantes e invitados de la entidad puedan disfrutar de las actividades sin preocupaciones. ↩︎
  5. CGlobal, n.º 251, marzo 2026, sección «Para dialogar». ↩︎
  6. Ib. ↩︎