No dejar a nadie atrás: construir una vida compartida
Desde el Departamento de Estudiantes de la SGEs
A lo largo de este año, para arrojar luz a las problemáticas actuales desde la filosofía budista, los estudiantes nos retamos a profundizar en algunas de las propuestas de paz que Daisaku Ikeda presentó a la ONU. Lo hicimos con la convicción de que es nuestra responsabilidad asumir el legado de preocuparnos no solo por nuestra felicidad y bienestar, sino también por el de toda la humanidad. En este último mes del año, queremos hacer hincapié en una idea fundamental que aparece en muchos de los escritos de Ikeda Sensei: la importancia de no dejar a nadie atrás. Esta idea cobró vigor durante la pandemia del coronavirus, pero no debemos olvidarla en la actualidad. En la propuesta de paz de 2022, leemos:
Después de un desastre, el sentimiento de no dejar a nadie atrás suele prevalecer espontáneamente. Pero, a medida que avanza la reconstrucción, esa conciencia solidaria tiende a diluirse. Asimismo, cuanto mayor es la magnitud de la crisis –tanto en el caso de la pandemia como del cambio climático– mayor es la probabilidad de que el factor causante del peligro concentre todo el interés y de que nuestro compromiso de no dejar a nadie atrás vaya desdibujándose con el tiempo, aun sabiendo que es un imperativo fundamental.[1]
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En mi propuesta del año pasado [2021, NdE], escribí que cuando la atención se limitaba solo a datos de tenor negativo –como el aumento de contagios–, era más fácil priorizar enfoques cerrados, como la defensa del propio país, antes que las políticas solidarias de inclusión a los otros. En vez de ello, es importante adoptar un enfoque positivo y poner en el centro la cantidad de vidas que podemos salvar si trabajamos en colaboración.[2]
También en otro artículo publicado en 2020, Sensei planteaba este concepto citando a Tsunesaburo Makiguchi, el primer presidente fundador de la Soka Gakkai:
Durante esa época [la primera mitad del siglo XX, NdE], se vivía bajo el dominio del imperialismo y el colonialismo, y, en gran medida, se consideraba natural la búsqueda de la prosperidad a expensas de otras sociedades. En esas circunstancias, Makiguchi había advertido que esta tendencia podría dar lugar a una competencia económica regulada por la «supervivencia del más apto» cuya progresión sería incontenible, e hizo un llamado por la transición hacia modalidades de competencia humanitaria que permitan «cuidar y mejorar no solo la propia existencia sino también la de otros». Siento que esa necesidad está aumentando dramáticamente en el siglo XXI, con una globalización y una integración económica que no existían en aquellos tiempos.
Las ideas de Makiguchi yacen, fundamentalmente, en la conciencia de que el mundo es, ante todo, el escenario sobre el cual se despliega la «vida compartida». El ámbito global se construye, en principio, por la superposición, el entrelazamiento y la influencia recíproca de las actividades de innumerables personas.[3]
¡Terminemos este año manteniendo la determinación de ser agentes de cambio allá donde estemos y apliquemos en nuestra vida cotidiana lo que hemos aprendido para comenzar el año entrante con energías y esperanza renovadas!
[1] ↑ IKEDA, Daisaku: Transformar la historia humana: un haz de luz hacia la paz y la dignidad, Rivas-Vaciamadrid: Ediciones Civilización Global, 2022, pág. 5.
[2] ↑ Ib., pág. 23.
[3] ↑ IKEDA, Daisaku: «Construir un mundo donde nadie se quede atrás», Times of India, 24/08/2020, disponible en línea.
