Con esta entrega dedicada a la última de las cinco guías eternas de la Soka Gakkai culmina la serie cuya publicación iniciamos en febrero.
LA VICTORIA DE LOS DISCÍPULOS ES LA VICTORIA DEL MAESTRO Y DEL BUDISMO
Los maestros siempre esperan conocer los logros de sus discípulos.
En la vida de Nichiren Daishonin, el período posterior a su traslado al monte Minobu1 (1274-1282) se caracterizó por la lucha seria y sincera de numerosos seguidores genuinos. No pocos de ellos superaron enormes obstáculos y pudieron lograr victorias espléndidas. Durante esos años, el Daishonin no dejó de alentar y orientar a esos discípulos. Entre ellos se contaba Shijo Kingo.2
En 1277, Shijo Kingo enfrentó su mayor adversidad. En junio de ese año se llevó a cabo un debate religioso en Kuwagayatsu3 (Kamakura) y llegó a oídos de su señor feudal, Ema, el rumor malintencionado de que había interrumpido el debate al frente de un grupo armado, perturbando su normal desarrollo. Esto instó a Ema a ordenar a su vasallo que escribiera un escrito de renuncia a la fe en el Sutra del loto; en caso contrario, sus tierras le serían confiscadas.
Kingo envió al Daishonin una carta en la cual expresaba su determinación de no firmar jamás una declaración de esa naturaleza. En respuesta, el Daishonin escribe Una exhortación a no mezquinar los feudos,4 fechada el mes siguiente, donde elogia a su discípulo por su noble determinación, y le señala: «Jamás deshonre el Sutra del loto, ni aun siendo el más desgraciado de los mendigos».5 También redacta en nombre de Kingo La carta de petición de Yorimoto,6 para explicar al señor feudal Ema la realidad de la situación. Además, escribe El Héroe del Mundo,7 una carta en la que el aliento del Daishonin está imbuido de su ardiente deseo de guiar a Kingo en dirección a la victoria.
Al inicio de este último texto se encuentra la primera cita que abordamos en esta disertación.
*
Ahora que he leído su carta, siento un profundo alivio, como si el día por fin hubiese despuntado después de una larga noche, o como si hubiese regresado a mi hogar al cabo de un largo viaje.
El budismo concede una importancia primordial a la victoria y la derrota, mientras que la autoridad secular se basa en el principio de la recompensa y el castigo. Por esa razón, el Buda es reverenciado como el Héroe del Mundo,8 en tanto que al monarca se lo describe como «el que reina según su voluntad».9
LA FE EN LA LEY MÍSTICA ES LA CLAVE PARA LA VICTORIA
Las primeras palabras de este escrito sugieren algún tipo de cambio positivo que pudo haber en la situación de Shijo Kingo, cuya noticia causó un enorme alivio a Nichiren Daishonin. O quizá la fuente de su alivio solo haya sido saber que Kingo, pese a sus difíciles circunstancias, había tomado una profunda determinación. Otra posibilidad es que el señor feudal Ema hubiera suavizado un poco su postura y estuviera dispuesto a encontrarse con Kingo.
Sea como fuere, la situación de este seguía siendo crítica, y el Daishonin tuvo que haber percibido la necesidad imperiosa de que su discípulo se mantuviera firme y tenaz en su lucha. En ese momento tan crucial, para que Kingo lograra la verdadera victoria en la vida, el Daishonin decidió enseñarle el principio de que en el budismo se trata de triunfar o de ser vencidos.
En la cita el Daishonin se refiere al budismo y a la autoridad secular. Este era, sin duda, un tema de importancia vital para Shijo Kingo, quien se veía ante dos opciones: 1) seguir su práctica budista y arriesgarse a perder sus tierras; 2) obedecer la orden de su señor y abandonar la fe en el Sutra del loto.
Aunque ya había decidido no escribir el juramento solicitado por su amo, se encontraba en una situación de conflicto entre su fe y las órdenes de aquel.
El budismo no niega los intereses mundanos ni los asuntos de valor secular. Sin embargo, como practicantes, no podremos concretar la felicidad verdadera si perdemos de vista la enseñanza y el valor supremos del budismo, si nos obsesionamos por logros efímeros como la riqueza, el prestigio social y la fama, o si nos dejamos intimidar por coacciones de autoridades seculares tiránicas. Lo único que nos espera en caso de hacerlo es nuestra derrota espiritual.
El budismo no niega los intereses mundanos ni los asuntos de valor secular. Sin embargo, como practicantes, no podremos concretar la felicidad verdadera si perdemos de vista la enseñanza y el valor supremos del budismo, si nos obsesionamos por logros efímeros como la riqueza, el prestigio social y la fama, o si nos dejamos intimidar por coacciones de autoridades seculares tiránicas.
Por eso, en la realidad de la vida diaria y de la sociedad, siempre debemos tomar el budismo como guía y parámetro fundamental, y seguir desafiándonos tenazmente hasta lograr la victoria final. Tomar el budismo como base significa avanzar con una fe sólida como una roca, que no se vea afectada por la recompensa o el castigo de la autoridad secular, ni por las vicisitudes de la fortuna mundana.
«El budismo concede una importancia primordial a la victoria y la derrota»: este principio fundamental palpita en la raíz de nuestro compromiso de seguir esforzándonos basados en las insuperables enseñanzas del budismo, pase lo que pase. Por lo tanto, si hay algo crucial, es nuestra determinación y nuestro esfuerzo real por dar pruebas concretas del poder de la fe.
En la realidad de la vida diaria y de la sociedad, siempre debemos tomar el budismo como guía y parámetro fundamental, y seguir desafiándonos tenazmente hasta lograr la victoria final. Tomar el budismo como base significa avanzar con una fe sólida como una roca, que no se vea afectada por la recompensa o el castigo de la autoridad secular, ni por las vicisitudes de la fortuna mundana.
A continuación, en el mismo gosho, el Daishonin se refiere a uno de los títulos honoríficos del Buda: Héroe del Mundo. Este alude a un campeón de sabiduría insuperable, que ha triunfado sobre el sufrimiento y la ilusión y ha adquirido un estado de felicidad indestructible. Muy probablemente, el Daishonin menciona este apelativo para recalcar la importancia de emplear la profunda sabiduría del budismo para discernir lo que posee verdadero valor y para construir con convicción una vida de felicidad y victoria genuinas en medio de la realidad social.
Seguidamente destaca que a un rey se le denomina «el que reina según su voluntad». En sentido general, esto se refiere a la forma en que, en el mundo secular, un soberano administra a criterio propio castigos y recompensas entre sus súbditos. Pero tal vez el Daishonin también haya hecho esta distinción para indicar que el poder del Buda –el Héroe del Mundo y el rey de la Ley–10 se ejerce libremente.11 En el Sutra del loto, Shakyamuni dice: «Soy el Rey del Dharma, libre de hacer con la Ley lo que desee».12
En la sociedad feudal en la cual vivía Shijo Kingo, la fortuna de un vasallo samurái estaba determinada por la evaluación y el juicio de su amo; es decir, por las recompensas o castigos que este le deparase. Pero, aquí, el Daishonin muestra a su discípulo que, en última instancia, es posible triunfar sobre cualquier autoridad secular –por opresiva o poderosa que sea– cuando uno se basa en la enseñanza suprema del budismo y ejerce libremente el poder de la Ley en su existencia cotidiana.
El Daishonin observa en el mismo gosho que ni siquiera los poderes seculares encumbrados e imponentes de la Antigüedad pudieron evitar caer en la ruina como resultado de su afán por destruir el budismo, una conducta contraria a la razón. Era obvio, entonces, que las fuerzas que perseguían a Shijo Kingo, un practicante de la enseñanza correcta, perderían fuerza y desaparecerían. Así pues, el Daishonin exhorta a Kingo a no ser vencido, por difíciles que pudieran ser sus circunstancias en ese momento.
El profundo amor compasivo del Daishonin se puede apreciar claramente en los largos párrafos que dedica en este escrito a explicar la historia del budismo y los principios budistas esenciales para ayudar a Kingo a que fortalezca sus convicciones y salga victorioso.
CREAR FORTALEZA INTERIOR Y MANTENER UNA FE RESUELTA
En épocas de adversidad es cuando se revela la verdadera medida de nuestra fe. En lo que concierne a luchar contra los tres obstáculos y los cuatro demonios,13 o a confrontar a los tres enemigos poderosos,14 o cuando se trata de librar una contienda decisiva para transformar nuestro karma, una fe inquebrantable es de extrema importancia.
Durante el difícil período de su exilio a Sado (1271-1274), y también en las ocasiones en que Kingo se vio ante grandes dificultades personales, el Daishonin en cada circunstancia alentó a su leal discípulo a que mantuviera firmemente la fe. Por ejemplo, le exhortó: «Mantenga siempre la fe en el Sutra del loto. Es imposible extraer fuego del pedernal si uno se detiene en mitad del intento».15 También le señaló: «Aceptar es fácil; continuar es difícil. Pero la Budeidad yace en mantener la fe. Los que creen en este sutra deben estar preparados para enfrentar dificultades».16
Las adversidades forjan nuestra fe y templan nuestra personalidad. Son obstáculos inexorables que debemos remontar en el camino hacia el logro de la budeidad en esta existencia. Si perseveramos en la fe y superamos todos los obstáculos, sin falta podremos cosechar los laureles de la victoria. Lo importante es que nunca abandonemos la fe.
«El hierro sin templar se derrite enseguida entre las llamas, como hielo en agua caliente. Pero una espada que ha sido bien forjada puede resistir incluso el calor de una hoguera»,17 explica el Daishonin en otro pasaje de El Héroe del Mundo. Con esta advertencia, busca fortalecer la determinación interior y la fe de Shijo Kingo.
No podemos lograr la verdadera victoria si vacilamos constantemente, oscilando entre la esperanza y el temor hacia lo que nos deparará el futuro. El budismo es razón. Solo cuando abordamos la existencia con un estado de vida sereno y despejado, forjado mediante el cultivo de la fortaleza interior y el desarrollo de nuestra fe, podemos desplegar nuestros propios recursos internos, los recursos prodigiosos de la vida, que nos ponen en la senda de la victoria.
El camino del desarrollo interior basado en la Ley Mística –en otras palabras, el camino del propio fortalecimiento y de la autosuperación constante mediante la fe– es la vía directa hacia el auténtico triunfo en la vida. Para quienes vivimos en la época contemporánea como miembros de la Soka Gakkai, esto significa realizar una práctica asidua de gongyo por la mañana y por la tarde, y participar en actividades en bien del kosen-rufu. Con este esfuerzo constante, y con el progreso que hacemos en nuestra propia revolución humana, abrimos el camino hacia la victoria.
VIVIR SABIAMENTE
Shijo Kingo siguió al pie de la letra la orientación del Daishonin y se comportó con total integridad. Triunfó sobre sus emociones, siendo «maestro de su mente», tal como le había pedido que hiciera. Y esto influyó radicalmente en su situación.
La victoria real se logra a través de un esfuerzo meticuloso, basado en la sabiduría y en la reflexión cuidadosa, y siendo conscientes de que hasta las cosas más pequeñas deben ser tenidas en cuenta. Los discípulos que practiquen las enseñanzas del Daishonin y se esfuercen por dar pruebas claras de su fe en una época oscura y llena de influencias negativas deben mantenerse siempre atentos y en alerta. El Daishonin, incluso, insta a Kingo a que «sea un millón de veces más cauteloso que antes».18 Era crucial que fuese más prudente y sabio que nunca.
Otra cosa que le señala el Daishonin es la importancia de crear firmes aliados entre las personas a su alrededor; esto sería parte de su esfuerzo por crear, personalmente, un medio ambiente que lo acompañara hacia la victoria. Además, le aconseja que tome la íntima y profunda decisión de vencer y que, basado en la fe, resista tenazmente todo lo necesario. Entonces, llegado el momento propicio, le dice que arremeta con sabiduría, apuntando a despejar la solución.
En ese momento de su epopeya, cuando el desarrollo del kosen-rufu dependía cada vez más de que sus discípulos triunfaran en todas sus iniciativas, el Daishonin enseñó a Shijo Kingo los principios fundamentales de la lucha budista, enfocada en la victoria o la derrota. Primero, siempre tenemos que tomar el budismo como fundamento y vivir basados en la fe en la Ley Mística. En segundo lugar, debemos luchar contra nuestra propia debilidad y cultivar nuestra fortaleza interior, elevándonos por encima de los ataques maliciosos, las tentaciones perniciosas y otras influencias negativas. Esto, en esencia, significa batallar contra el mal y contra la negatividad. Tercero, debemos creer en el poder ilimitado de la Ley Mística y actuar en todo momento con integridad y abundante humanismo. En otras palabras, tenemos que perseverar en nuestra lucha por la verdad de acuerdo con los principios del budismo, haciendo surgir una profunda sabiduría.
La clave para lograr una victoria fundamental y una felicidad genuina, que trasciendan las vicisitudes de la sociedad y de la época, es basar nuestra vida en la Ley Mística con la postura de que el budismo significa triunfar.
*
Ni siquiera de niño, yo, Nichiren, oré por cuestiones mundanas; mi único propósito puro y sincero fue llegar a ser un buda. Sin embargo, últimamente he estado orando por usted sin cesar al Sutra del loto, al buda Shakyamuni y a la deidad del Sol, pues tengo la íntima convicción de que usted es una persona capaz de heredar el espíritu del Sutra del loto.19
«UNA PERSONA CAPAZ DE HEREDAR EL ESPÍRITU DEL SUTRA DEL LOTO»
Como se ha expuesto, en el budismo se trata de triunfar o ser vencidos. Y la victoria de cada practicante individual representa una victoria del budismo. Con esta postura, el propio Nichiren Daishonin luchó resueltamente contra los obstáculos y prevaleció sobre todas las fuerzas negativas. Abrió ilimitadamente el camino hacia la victoria para todos nosotros, los que vivimos en el Último Día de la Ley. Y, mediante la prueba real de fe victoriosa que él mostró, comenzó la transmisión de la gran Ley para la iluminación de todas las personas en la sociedad.
Si el Daishonin fue quien revivió el «alma del Sutra del loto», el espíritu de propagar ampliamente la Ley y de guiar a todas las personas a la budeidad, ¿quién heredará esta alma o espíritu fundamental? ¿Quién expandirá más aún este camino y ayudará a las personas a concretar la felicidad genuina en el futuro infinito del Último Día? Serán los discípulos que, junto con su maestro, e igual que él, se desafían y triunfan en sus contiendas con la convicción de que el budismo significa vencer.
Cuando el maestro y el discípulo triunfan, ese logro crea una poderosa corriente del kosen-rufu que fluirá durante el eterno futuro del Último Día.
Cuando el maestro y el discípulo triunfan, ese logro crea una poderosa corriente del kosen-rufu que fluirá durante el eterno futuro.
En El Héroe del Mundo, el Daishonin escribe que él está constantemente orando por Shijo Kingo, para que su discípulo salga victorioso en sus contiendas. No hace falta decir que esto demuestra su profundo amor compasivo, enfocado en la felicidad de Kingo. Al mismo tiempo, recalca que está orando, por sobre todas las cosas, para asegurar que el kosen-rufu siga fluyendo sin interrupción y que el beneficio del Sutra del loto se transmita a las generaciones futuras.
La aparición de discípulos «capaces de heredar el espíritu del Sutra del loto» significa la victoria del maestro y el triunfo del budismo. Todo dependerá del discípulo que decida adoptar el corazón de su maestro como propio, esforzarse y triunfar mediante la fe, con la misma postura que él.
El Daishonin deseó con alma y vida el crecimiento y la victoria de sus discípulos. Y sus discípulos desafiaron con coraje todas las dificultades que les tocó vivir, se elevaron sobre su sufrimiento kármico y demostraron espléndidas pruebas reales de fe. Esto ocurrió con Shijo Kingo y Nichigen-nyo; con los hermanos Ikegami y sus mujeres; con Nanjo Tokimitsu y la monja laica de Ueno; con Toki Jonin y Myojo; con Oto Gozen y Nichimyo la Venerable; con la monja laica Myoichi y muchos otros. En respuesta al aliento del Daishonin, todos ellos, todas ellas representaron una grandiosa saga de victoria en la vida. Esto se convirtió en el manantial de la eterna corriente del kosen-rufu en el Último Día.
LOS LAZOS DE MAESTRO Y DISCÍPULO EN EL BUDISMO DE NICHIREN DAISHONIN
«El budismo significa triunfar» no es un aforismo ni un eslogan. En esta expresión está condensada la esencia y el corazón de la relación de maestro y discípulo en el budismo de Nichiren Daishonin.
Con la postura de que el budismo significa triunfar, los tres presidentes fundadores de la Soka Gakkai triunfaron sobre todos los obstáculos.
Todos enfrentamos la lucha interna esencial entre las pulsiones positivas y las negativas, que el budismo expresa como lucha entre el Buda y las funciones demoníacas. El budismo es la enseñanza para triunfar en esta batalla primordial. Nuestra victoria asegura que la verdad y la justicia puedan prevalecer, y también testimonia la rectitud y la validez del budismo.
(Basado en la disertación de Daisaku Ikeda sobre El héroe del mundo publicada en la edición de octubre de 2010 de Daibyakurenge).
- El monte Minobu está situado en la actual prefectura de Yamanashi. Nichiren Daishonin vivió en él los últimos años de su vida. Allí se consagró a formar a sus discípulos, dirigir las tareas de propagación y componer tratados doctrinales. ↩︎
- La entrega anterior de esta serie, en CGlobal, n.º 257, septiembre 2026, tomó como referencia central un escrito de orientación dirigido por Nichiren Daishonin a Shijo Kingo. ↩︎
- El debate de Kuwagayatsu enfrentó a Sammi-bo, discípulo de Nichiren Daishonin, con un sacerdote de la escuela Tendai llamado Ryuzo-bo, protegido de Ryokan, que era prior del templo Gokuraku-ji en Kamakura y enemigo del Daishonin. Ryuzo-bo resultó claramente vencido por Sammi-bo, ante a una gran audiencia, en la que se encontraba también Shijo Kingo. Los compañeros de armas de Kingo que eran seguidores de Ryokan y envidiaban a su talentoso colega vieron la oportunidad de desacreditarlo frente al señor feudal Ema. Entonces, sabiendo que Ema estimaba a Ryokan, le presentaron un informe falso incriminando a Kingo en actos que habían perturbado el debate, y acusándolo de haber tratado con desprecio a Ryuzo-bo y a Ryokan. ↩︎
- Una exhortación a no mezquinar los feudos, en END, pág. 864-867. ↩︎
- Ib., pág. 865. ↩︎
- La carta de petición de Yorimoto, en END, pág. 843-857. ↩︎
- El Héroe del Mundo, en END, pág. 876-883. ↩︎
- Un pasaje del capítulo «La parábola de la ciudad fantasma» (7.º) del Sutra del loto señala: «Incomparable Héroe del Mundo, / tú que te adornas de cientos de beneficios / y has alcanzado la sabiduría insuperable» (véase SL, cap. 7, pág. 121). ↩︎
- El Héroe del Mundo, en END, pág. 876. ↩︎
- Rey de la Ley: También «rey del Dharma», es otra denominación del Buda. ↩︎
- El Sutra Vimalakirti comentado señala: «Un rey secular gobierna a las personas a su antojo. El rey del Dharma gobierna la Ley a su voluntad». Un pasaje del Sutra de los infinitos significados también señala: «[El rey de la Ley] puede ejercer sus poderes libremente, y disponer de la Ley a su albedrío» (véase The Lotus Sutra and its Opening and Closing Sutras [El Sutra del loto y sus sutras de inicio y de cierre], Tokio: Soka Gakkai, 2009, pág. 10). ↩︎
- SL, cap. 3, pág. 72. ↩︎
- Tres obstáculos y cuatro demonios: Diversas obstrucciones e impedimentos que se interponen en la práctica budista de los creyentes. Los tres obstáculos son: 1) el obstáculo de los deseos mundanos; 2) el obstáculo del karma; 3) el obstáculo de la retribución. Los cuatro demonios son: 1) el demonio de los cinco componentes; 2) el demonio de los deseos mundanos; 3) el demonio de la muerte y 4) el demonio del Rey Demonio del Sexto Cielo. ↩︎
- Tres enemigos poderosos: Tres clases de personas arrogantes que persiguen a quienes propagan el Sutra del loto en la época malvada posterior a la muerte del Buda. Son descritos en la estrofa de veinte versos del capítulo «Aliento a la devoción» (13.º) del Sutra del loto. Miao-lo los categorizó como: 1) laicos arrogantes; 2) sacerdotes arrogantes; 3) falsos venerables arrogantes. ↩︎
- Los deseos mundanos son la iluminación, en END, pág. 338. ↩︎
- La dificultad de mantener la fe, en END, pág. 493. ↩︎
- El Héroe del Mundo, en END, pág. 880. ↩︎
- Ib. ↩︎
- Ib. ↩︎
