Un diálogo para el futuro
En este mes tan significativo para la Soka Gakkai, en el que conmemoramos el 5 de mayo como Día de los Sucesores, presentamos una conversación que mantuvieron miembros del Departamento Futuro de la SGEs con compañeros del Departamento de Jóvenes. Este intercambio, en forma de preguntas y respuestas, encarna el apoyo mutuo entre las juventudes y, al mismo tiempo, representa un paso más en el cultivo de los vínculos entre generaciones. Confiamos en que inspirará la creación de espacios de diálogo respetuoso y genuino con los más pequeños también en cada asamblea «Mi decisión es la esperanza».



Mireia Muñoz: ¡Muchas gracias por esta reunión! En particular, gracias a los miembros del Departamento Futuro por preparar y compartir de antemano vuestras preguntas, que son muy significativas. Y gracias a los jóvenes por reflexionar sobre ellas y dar lo mejor de vosotros para responderlas hoy. Si os parece, ¡comenzamos!
Mireia: «Gracias a los miembros del Departamento Futuro por preparar y compartir de antemano vuestras preguntas, que son muy significativas».
Leo: Kosuke, me gustaría saber por qué te hiciste miembro de la Soka Gakkai y qué cambió en tu vida.
Kosuke Takanezawa: Mi madre era miembro de la Soka Gakkai, y su deseo era que yo fuera feliz. Con su forma de vivir, ella me transmitió el espíritu de la Soka Gakkai y el corazón de Daisaku Ikeda, nuestro maestro. Así, casi sin darme cuenta, establecí mi propia forma de vivir.
Cuando tenía 13 años, fui nombrado capitán de mi equipo de fútbol. Esto molestó a un compañero, y empezó a hablar mal de mí a todos mis amigos. Sufrí bullying. Dejé de querer ir a clase y a los entrenamientos, y lo pasé muy mal.
Sin embargo, en casa veía cómo mi madre superaba sus dificultades mediante la práctica budista, y empecé yo también a hacer gongyo y daimoku cada día. Escuchaba que el Gohonzon era un espejo, un gran yo, así que me alentaba a mí mismo mirando al Gohonzon y diciéndole: «Yo también quiero ser grande, y quiero ser más fuerte».
Deseaba sacar coraje cada día para salir de casa y no ser vencido, y así cambiar la situación. Recitando Nam-myoho-renge-kyo, mantuve el valor y la esperanza, y después de un año transformé totalmente la situación y pude disfrutar muchísimo los tiempos que vinieron.
Sam: Cuando eres mayor, ¿la vida es más difícil?
Lucila Rodríguez: Muchas gracias por tu pregunta, Sam. Es bastante compleja, pero espero poder responderte.
Lo primero que te quiero decir es que no te tienes que preocupar. Es normal pensar en cómo será el futuro o cómo será la vida cuando me haga mayor, pero no te olvides de disfrutar el presente, de ir al cole, de jugar al fútbol y de divertirte.
He buscado la palabra «difícil» en el diccionario, y dice que es difícil algo que presenta obstáculos.
Yo conocí la práctica del budismo Nichiren en la Soka Gakkai cuando tenía 24 años. Los obstáculos no desaparecieron en mi vida, pero empecé a enfrentarlos con más alegría, y a aprender de cada una de las cosas que me iban sucediendo.
Estoy segura de que, con 8 años, ya habrás experimentado y superado algún obstáculo. Cuando te haces mayor es parecido: puedes ir resolviendo los problemas que te suceden. Es verdad que tienes más responsabilidades, pero también puedes descubrir un montón de cosas que te gustan. Daisaku Ikeda dice que los retos que encontramos, en realidad, son oportunidades para seguir creciendo…
Lucila: «Yo conocí la práctica del budismo Nichiren en la Soka Gakkai cuando tenía 24 años. Los obstáculos no desaparecieron en mi vida, pero empecé a enfrentarlos con más alegría, y a aprender de cada una de las cosas que me iban sucediendo».
Irene: ¿Cómo has podido superar los momentos de agobio y dificultad en los estudios, y cómo has podido avanzar?
Lucila: ¡Otra gran pregunta! En la escuela me gustaba estudiar, pero me costaban mucho las Matemáticas, la Física y la Química. En secundaria estudiaba con amigas, e intentaba esforzarme. A veces el resultado de la nota no era tan alto como esperaba, pero no me preocupaba porque era consciente de que me había esforzado.
Con el tiempo comprendí que todos tenemos habilidades diversas: alguna asignatura nos va a costar más que otras y, en realidad, no pasa nada: cada persona es diferente y abordamos las cosas de manera distinta. Lo importante es ser capaz de aprender, aunque sea una sola cosa en ese momento, porque seguro que en el futuro nos va a ayudar.
Pensando en el tema tras recibir tu pregunta, encontré esta cita de Ikeda Sensei que me encantó:
Si vuestras calificaciones en la escuela no son brillantes, eso no es grave. Más bien, aseguraos de brillar como seres humanos. Las calificaciones no son la única forma de medir la inteligencia o la capacidad; en realidad, si vemos la vida a largo plazo, ni siquiera es un factor crucial. Sin embargo, espero que os detengáis a indagar cuando algo despierte vuestra curiosidad, y que meditéis sobre ello largo y tendido.1
En mi etapa estudiantil, yo todavía no conocía la práctica budista. Pero hace un par de años empecé un trabajo nuevo y tuve que estudiar mucho. Me resultaba muy difícil porque parte del temario estaba en inglés y tenía que aprender muchas cosas a la vez. La verdad es que me abrumé: pensé que no lo iba a lograr, que no lo iba a hacer bien y que no iba a poder conservar ese trabajo. Me sentía incapaz.
Empecé a recitar daimoku para ver las cualidades que sí tenía y para no dejarme vencer por esa circunstancia. Y comencé a tomar clases de inglés. Estudiaba dos o tres horas cuando volvía del trabajo. De este modo, fui dando un paso, y luego otro.
Ahora mismo he superado todo eso. De hecho, este mes he empezado otro curso, con mucha alegría. Así que sigo creciendo…
Concentrarme en una cosa, en el lugar donde estoy, hace que vaya encontrando la manera de ganar más confianza cada día. Sensei siempre nos alienta a no perder la esperanza de mejorar: si no se nos da bien la escuela primaria, seguramente lo podremos hacer mejor en la etapa de secundaria y, si en este ciclo tampoco nos va bien, podemos mejorar en el bachillerato, en la universidad o cuando trabajemos en la sociedad. Siempre hay una oportunidad de poner en práctica lo que hemos aprendido y de superar las dificultades. Siempre podemos sentir orgullo de nuestro propio esfuerzo.
Irene: Muchas gracias. Otra pregunta que tengo es sobre la manera de decidir el camino a escoger, en los estudios y en general.
Kosuke: Cuando yo era más joven, un día vi un documental sobre África que reflejaba la pobreza que se sufría en el continente. Recuerdo que no fui capaz de terminarlo. Sentía que yo no podía hacer nada para cambiarlo y eso me hacía sufrir mucho.
Entonces, determiné cambiar el mundo. En esa época mi sueño era ser jugador de fútbol profesional y, con 21 años, me vine a España. No sabía hablar español ni inglés, pero quería desafiarme, luchar por mi gran sueño y no tener arrepentimientos.
Finalmente, no conseguí ser jugador profesional. Entonces, me entraron dudas: no sabía si volver a Japón o seguir desafiándome en España, ya que económicamente no me estaba yendo muy bien.
Seguí entrenando y haciendo daimoku, y un día me pregunté: «¿Para qué he venido aquí? ¿Solamente para ser futbolista profesional o para hacer algo por la sociedad?». Ahí recordé que yo en realidad quería hacer cosas para cambiar el mundo, que ese era mi sueño real. Así que decidí quedarme aquí a pesar de que mi situación era bastante difícil. En ese momento no veía una salida, pero tener el Gohonzon y entonar daimoku me hacía mantener la esperanza.
Ahora ya llevo 18 años viviendo en España y soy cocinero. Yo no sabía nada de cocina, pero poco a poco he podido transformar mi vida hasta montar mi propio negocio. Me doy cuenta de que, aunque no conseguí ser futbolista, a través de mantener el gran sueño del kosen‑rufu lo estoy consiguiendo todo.

Santiago: ¿Qué es lo fundamental para conseguir todas tus metas?
Lucila: Es una pregunta que nos hacemos todos, todo el tiempo. Una clave para cumplir las metas es la perseverancia.
Ikeda Sensei dice que para los practicantes del budismo Nichiren la perseverancia es el esfuerzo de entonar daimoku diariamente, y es la forma más segura para que, en nuestras vidas, el invierno siempre se convierta en primavera.2 También dice que lo que nos caracteriza a los jóvenes es la aspiración continua a superarnos, el deseo de llegar cada vez más lejos y el tener metas.
En mi caso, he logrado ser tenaz con mis propios objetivos gracias a la relación con Sensei y a tener buenos amigos en la Soka Gakkai. Estos dos aspectos han sido clave para no tirar la toalla en los momentos difíciles a lo largo del camino.
Sensei nos alienta diciendo que nada es irredimible en la juventud. Es decir, que nada es incorregible, que todo se puede solventar. «El único error grave que podéis cometer cuando sois jóvenes» –dice– «es perder la confianza en vosotros mismos o dejar que el miedo os impida intentar algo que queréis lograr».3 Cuando fracasamos, el aprendizaje nos puede ayudar en el futuro. No somos perfectos y no pasa nada: lo más importante es ser fiel a uno mismo.
En muchas ocasiones no confío en mí misma, y me digo: «Uy, esta meta no la voy a conseguir». Pero en esos momentos, siempre pienso en qué me diría mi maestro; y seguramente me diría: «Sigue, no te dejés vencer». También me ayuda dialogar con otros jóvenes, y con otros compañeros de más edad. Ellos me alientan a creer en mi potencial, a confiar en que yo también soy capaz de cumplir mis sueños.
Creo que tenemos que ser capaces de pensar en grande, soñar en grande y perseverar. Y, cuando tengamos menos confianza, podemos hablar con un amigo que nos vuelva a alentar a no desistir en la búsqueda de nuestro sueño.
Santiago: ¡Gracias! También quería preguntar otra cosa. ¿Por qué es importante entonar Nam‑myoho-renge-kyo todos los días?
Kosuke: Hubo una época en que yo hacía daimoku aun sin entender bien por qué. Lo hacía mi madre y ella me transmitía su determinación, su postura. Yo sabía que ella también tenía sus sufrimientos, pero la veía luchar cada día. Y, así, al principio simplemente la imitaba. Y el caso es que, aunque no lo entendía, me servía: cuando jugaba al fútbol y me enfrentaba a un equipo fuerte, notaba cómo extraía sabiduría y fuerza. Cuando oraba, aunque solo hiciera tres Nam‑myoho-renge-kyo, sentía esa fuerza y ese coraje profundos. Por eso lo seguía haciendo. Más que algo teórico, experimentaba esos efectos en mí, y aumentaba mi convicción del poder que tiene el daimoku.
Hubo épocas en mi adolescencia en que dejé de hacer daimoku. Pero al final del día siempre recitaba tres Nam-myoho-renge-kyo.
En general, yo no lo analizo tanto con la cabeza, sino que oro y experimento que Nam‑myoho-renge-kyo funciona. Además, el daimoku llega a las personas y, con esta forma de vivir, puedo crear amistades profundas con quienes están a mi alrededor. Transmitiendo alegría y confianza, es posible crear unión con cualquier persona de tu entorno.
Kosuke: «[Cuando era pequeño] yo hacía daimoku aun sin entender bien por qué. Lo hacía mi madre y ella me transmitía su determinación, su postura. […] Al principio simplemente la imitaba. Y el caso es que, aunque no lo entendía, me servía: cuando jugaba al fútbol y me enfrentaba a un equipo fuerte, notaba cómo extraía sabiduría y fuerza».
Sam: ¿El daimoku te da suerte?
Kosuke: No sé si es suerte o no, pero mi convicción es que cuando entonamos daimoku estamos haciendo algo bueno para nosotros y por el mundo. Orando profundamente, estás cambiando tú mismo, tu interior y, además, estás pensando en la felicidad de tu mamá, tu papá, tu familia o amigos, de tu vecino, o incluso de tu perro. Se mueve todo el universo, porque tú mismo eres Nam-myoho-renge-kyo.
Ikeda Sensei nos explica que la finalidad del budismo es ser felices, y nos dice:
La realidad es rigurosa… Por favor, seguid luchando contra las dificultades que se os presenten y, en cada caso, triunfad, y volved a triunfar, una y otra vez: en la vida diaria, en el trabajo, en los estudios y en las relaciones familiares. Las enseñanzas del budismo y nuestra práctica de la fe son la fuerza motriz de un desarrollo ilimitado.4
Con esta forma de vivir, ponemos una gran causa, que inevitablemente produce un efecto. El daimoku no es una práctica mágica o milagrosa, sino que, al hacerlo, creamos esa causa positiva. Es una forma de vivir. ¡Estamos construyendo felicidad!
Irene: Muchas gracias por darnos la oportunidad de hacer unas preguntas y por responderlas. Ha sido como una guía. ¡Gracias!
Mireia: ¡Gracias a vosotros! A nosotros también nos ha encantado compartir este espacio. Sigamos dialogando sobre cualquier tema. ¡Contad con nosotros!
- IKEDA, Daisaku: Sabiduría para ser feliz y crear la paz. Parte 2: La revolución humana, Rivas-Vaciamadrid: Ediciones Civilización Global, 2022, pág. 287 (texto adaptado). ↩︎
- Véase El invierno siempre se convierte en primavera, en END, pág. 561. ↩︎
- IKEDA, op. cit., pág. 295 (texto adaptado). ↩︎
- IKEDA, Daisaku: Sabiduría para ser feliz y crear la paz. Parte 1: La felicidad, Rivas-Vaciamadrid: Ediciones Civilización Global, 2021, pág. 7. ↩︎
