Con la voluntad de seguir contribuyendo desde estas páginas a la iniciativa «Mi campaña de Osaka» impulsada por la SGEs durante este semestre, y enlazando con los contenidos de los números anteriores de esta revista, dedicamos una nueva entrega de esta sección a profundizar en la historia y las claves de la Campaña de Osaka de 1956. En ella tratamos un evento que tuvo lugar tal mes como este, en abril, y el lugar central que ocupó el aliento personal durante toda la campaña.
Este artículo enlaza con la entrega anterior de la sección
Cuando llegó abril de 1956, Daisaku Ikeda ya llevaba tres meses viajando regularmente a Osaka desde Tokio para pronunciar disertaciones de estudio, participar en reuniones de diálogo, realizar visitas hogareñas y brindar orientación personal.
El joven Ikeda estaba haciendo todo lo posible para hacer realidad la visión de su maestro Josei Toda y, para ello, era crucial un triunfo del pueblo de Osaka. Cuando había asumido la segunda presidencia de la Soka Gakkai, en 1951, la gran mayoría de los miembros se concentraba en la capital. Se podría decir que en aquel período inicial de la posguerra, en la práctica, la Soka Gakkai era casi una comunidad religiosa de Tokio. Dada esta circunstancia y el contexto social y tecnológico del momento, no era mucha la orientación en la fe que alcanzaba otras regiones.
En ese sentido, Kansai era clave. Tras la Segunda Guerra Mundial, la región se había desarrollado mucho, llegando a representar un importante centro económico, que en diversos aspectos rivalizaba con la capital del país. De hecho, no era inusual que los habitantes de Osaka (la capital de Kansai), orgullosos de su identidad propia, vieran con recelo lo que provenía de Tokio. Por todo ello, el maestro Toda pensaba que Kansai llegaría a ejercer como una suerte de campo base para la expansión del kosen-rufu.
Desde luego, para 1956, la Soka Gakkai en Osaka había crecido con respecto al 1951, pero también era cierto que seguía habiendo una gran disparidad con respecto a la capital: a inicios de año, la cantidad de miembros en Tokio triplicaba la de Osaka.1 Por eso Toda Sensei había confiado en su joven discípulo la misión de salvar la amplia distancia que separaba Tokio de Osaka. Si lo conseguía, se abrirían las puertas al crecimiento en todo el país y se sentarían las bases del kosen-rufu mundial.
EN ABRIL, UN HITO
Es sabido que la Campaña de Osaka representó un hito en la historia de la Soka Gakkai y del kosen-rufu. Pero la campaña tuvo también su propio hito, el 8 de abril de 1956: un acontecimiento que forma parte de la identidad de la Soka Gakkai de Kansai como organización «siempre victoriosa» o, en otras palabras, que «nunca se da por vencida».2
Ese día estaba previsto celebrar en el Estadio de Osaka (el principal estadio de béisbol de la ciudad, situado en el área de Namba), una reunión general a la que estaban convocados los miembros de la Soka Gakkai de todo Kansai y de las regiones vecinas. Se preveía la participación de veinte mil personas, algo sin precedentes. La intensidad de los preparativos y las expectativas eran, pues, enormes. De modo que cuando el día anterior comenzó a llover con intensidad y el servicio meteorológico advirtió de la posibilidad de tormentas, la incertidumbre fue también mayúscula.
A las 7 de la mañana del 8 de abril llegaron al estadio medio millar de responsables del Departamento de Jóvenes encargados de apoyar la organización del encuentro. No solo seguía diluviando, sino que constataron que el escenario montado para la ocasión, situado en el centro del campo de juego, se había convertido en una auténtica isla: estaba rodeado de charcos que, si se pisaban, convertían el área en un lodazal. A toda prisa, tuvieron que probar varias soluciones improvisadas. Al final, tendiendo una lona lograron crear algo así como una pasarela que permitía al menos alcanzar el escenario.
En cuanto a las personas convocadas al evento, en un primer momento muchas pensaron que se anularía, comprensiblemente. Una de ellas, al ser entrevistada años después compartió que, al levantarse aquel día, había dado por sentado que llegaría un aviso de cancelación, pero que lo que recibió, en cambio, fue a su responsable en la Soka Gakkai, quien acudió tal como habían quedado para luego seguir hacia el estadio.3

Así, cuando se abrieron las puertas a las 9, las gradas empezaron a verse concurridas. A las 10 ya había unas cuatro mil personas. Y a lo largo de la mañana el estadio se llenó con asistentes llegados, además de Kansai, desde Kyushu, Shikoku, Chugoku y Hokuriku, que en algunos casos habían iniciado su viaje la noche anterior. Al superarse el aforo, el exterior del estadio comenzó a colmarse de gente dispuesta a seguir el acto desde allí.
La decisión final de mantener o no la programación descansaba en los hombros del responsable general de la actividad, Daisaku Ikeda. Él, «al ver en esa inmensa y multicolor cantidad de paraguas una expresión de valentía, supo que debía seguir adelante».4 Cuando se informó de que el encuentro se celebraría, con una agenda simplificada para adaptarse a las condiciones, la alegría corrió por todo el estadio.
La apertura oficial fue a la una. Los veinte mil participantes interpretaron varias canciones juntos. Cuando Josei Toda y su comitiva emprendieron el camino hacia el escenario bajo la lluvia, sobre la lona pero sin paraguas, su actitud respetuosa y a la vez indómita emocionó a la audiencia. Entre los responsables que hablaron a continuación, y que acortaron sus discursos con respecto a lo previsto, estuvo el propio Daisaku Ikeda, que encarnó el espíritu de desafío. El público escuchaba atentamente, absorbiendo cada palabra. Y llegó el turno del maestro Toda, el último en intervenir. Para entonces, por fin había parado de llover y pudo pronunciar una declaración de intenciones que, en esas circunstancias, fue también de victoria: «Mi principal preocupación no es expandir la Soka Gakkai, sino hacer que todos sean felices».5
Esa multitudinaria reunión general pasaría a ser considerada una piedra fundamental en la historia del kosen-rufu en Kansai. En ella los miembros de la Soka Gakkai tomaron conciencia, por primera vez, de la magnitud del movimiento que integraban. En el marco de la campaña que estaban impulsando, el encuentro demostró ser el punto de partida de un gran salto hacia delante, y muchas de las personas que asistieron fueron las que sostendrían la época pionera de la región también en los años sucesivos. De hecho, más tarde la Soka Gakkai establecería el 8 de abril como Día de Kansai.

Además, la reunión no pasó inadvertida al resto de la sociedad. Nadie antes habría podido imaginar que un evento organizado por un movimiento incipiente y no pocas veces ridiculizado podría llenar y desbordar el Estadio de Osaka de ese modo. La forma en que la prensa miraba a la Soka Gakkai cambió:
Marcó el comienzo de una nueva clase de cobertura periodística de los asuntos de la Soka Gakkai. Hasta entonces, no habían dedicado ni una sola línea a informar con justicia de los eventos de la Soka Gakkai ni el diario Mainichi ni el influyente Asahi. Pero, esta vez, ambos incluyeron artículos y fotografías que describían la reunión de Osaka como una congregación de «devotos seguidores».6
TESTIMONIOS PERSONALES DE PARTICIPANTES EN LA CAMPAÑA DE OSAKA
Rememorando las semanas previas al 8 de abril de 1956, Akiko Kurihara afirmó: «La orientación clave que recibimos de Ikeda Sensei fue: “Solo cuando estemos preparados para vencer sin falta, podremos recibir a Toda Sensei”. Aprendimos […] que el discípulo debe mostrar la prueba real de la victoria para recibir al maestro». A su vez, Akinori Mineyama señaló: «Ikeda Sensei alentó especialmente a los miembros de Nishinari, Naniwa y Semba, es decir, las zonas cercanas al Estadio de Osaka. Acudía a pequeños encuentros y decía: “Vamos a recibir a nuestro maestro aquí”. […] “Recibamos el 8 de abril con el resultado de habernos esforzado en el shakubuku”. Los miembros de la Soka Gakkai en la zona pudieron comprender el significado de la reunión general y ponerse en acción. Yo vivía en Nishinari y todos estábamos entusiasmados». Setsuko Umemoto recordó: «Ikeda Sensei nos alentó a hacer de un día el equivalente a una semana o diez días».
A Nobushige Okazaki le impactó especialmente una reunión de diálogo en la que participó junto con Ikeda Sensei durante la campaña. Asistieron nada menos que veintiún invitados, la mayoría de los cuales decidieron ingresar en la Soka Gakkai ese mismo día. Maravillado, Nobushige preguntó a Sensei cómo era posible… Él le respondió: «Lo que marca la diferencia es la fuerza vital». Otro asistente a la reunión, Zenjiro Ikeda, mencionó que, mientras se dirigían hacia el siguiente encuentro, Sensei le dijo: «Zenjiro, la reunión de diálogo es un campo de batalla. El vigor del espíritu de la figura central es clave».
(Testimonios recogidos en los números de agosto y octubre de 2022 de la revista Ushio).
EL ALIENTO PERSONAL, LA CORRIENTE DE LA VICTORIA
Más allá de ser multitudinario, el encuentro del 8 de abril inspiró a la comunidad Soka de Kansai a poner mayor empeño aún en labores discretas como son las que sustentan las reuniones de diálogo, el aliento personal y el shakubuku. Lo cierto es que el éxito de la propia reunión general resultó de tales esfuerzos, incrementados exponencialmente desde el inicio de la campaña en enero gracias al liderazgo de Daisaku Ikeda. Tanto que, cuando unos días antes –en la reunión mensual de responsables realizada aquel 31 de marzo– se anunció la cifra de personas que habían ingresado a la organización a lo largo del mes en todo Japón, una tercera parte pertenecían a la región.
Daisaku Ikeda tuvo clara la importancia de las pequeñas reuniones y el aliento personal desde el inicio de la Campaña de Osaka:
Shin’ichi estaba determinado a dar rigurosa orientación a cada uno de los miembros de Kansai, ya que sabía que esa era la clave de toda la campaña. Cuanto más difícil el objetivo, más necesario es que cada miembro se esfuerce con alegría por lograrlo. Esto era un requerimiento básico, que jamás podría satisfacerse a menos que todos los miembros se pusieran de pie juntos basándose en la fe. Para que esto ocurriera, primero debería dedicar todas sus energías a forjar la fe de cada miembro, uno por uno. Estaba determinado a hacer todo lo que el tiempo y su propia capacidad física le permitieran. Se encontraría con todos los miembros que fuera posible, profundizando en sus problemas, y dando lo mejor de sí mismo para alentarlos a tener una fe más fuerte.7
Sabía que era clave porque lo había aprendido de su maestro:
Ya desde los tiempos del presidente Makiguchi, la dinámica para la orientación personal se basaba en el diálogo de uno a uno, con el fin de abrir nuevos horizontes en el corazón de quien recibía el aliento. No era ninguna sorpresa que los problemas que escuchó Shin’ichi […], fueran numerosos y variados. Algunas personas enfrentaban enfermedades incurables. Otras estaban sufriendo situaciones económicas muy difíciles, que no lograban solventar por muy duro que trabajasen. También había personas que estaban afligidas por conflictos en el matrimonio, o entre padres e hijos, que ni la ética ni la moral resolvían. […]
Shin’ichi asumió todos los problemas como suyos propios. […] Puso especial énfasis en intentar transmitir a cada persona su convicción en el poder de la fe. En la mayoría de los casos, observó cómo sus expresiones se relajaban visiblemente, y como la calidez y alegría brotaban de sus corazones.8
Desde luego, este compromiso implica mayores desafíos. Durante la primera mitad de 1956 el joven Ikeda asistió a reuniones de diálogo por todo Osaka, recorriendo distancias cuya suma en kilómetros podía fácilmente alcanzar las tres cifras en un solo día. Algunos de estos desplazamientos eran pedaleando y, dada su intensidad, llegó a usar tres bicicletas, debido al desgaste de las primeras. No obstante, valía la pena:
[E]ra mayor el número de lugares que debía visitar para poder alentar a todos, pero, a la vez, eso me daba la posibilidad de conocer más vecindarios y comunidades. […]
Quería aprovechar esa lucha en Kansai para encontrarme a dialogar con la mayor cantidad posible de personas, sin perder una sola ocasión. No solo quería alentar a mis compañeros de fe con todo mi ser, sino también crear nuevos lazos con las personas a quienes conocía por primera vez. Y fueron estos vínculos de vida a vida los que construyeron nuestra invencible Kansai, la Siempre Victoriosa.9
Sin duda, en «Mi campaña de Osaka» en 2026, los vínculos de vida a vida son también clave para el logro de la meta de la iniciativa: la superación de los propios límites.
UNA INOLVIDABLE JORNADA DE LUCHA COMPARTIDA
Setsuko Umemoto formó parte de un grupo que acompañó a Daisaku Ikeda durante una jornada de aliento y orientación en el área de Sakai (sur de Osaka), desplazándose en bicicleta. La agenda empezaba temprano e incluía numerosos lugares a visitar, desde la mañana hasta la noche. Todo esto, en una zona en la que había callejones y pasajes estrechos y también pendientes pronunciadas. En particular, llegar a una reunión de diálogo celebrada al final del día en un área alta implicaría subir una cuesta tremenda.
Le impactó que el joven Ikeda pedaleara durante aquel extenuante día sin quejarse y que, al preguntarle si estaba cansado, él respondiera con la misma pregunta.
Pero también le impresionó que, cuando tocó acometer aquella subida inclemente por la noche, al llegar al lugar de reunión en lo alto se sincerara con el grupo diciendo algo como «Estoy hecho polvo…». Le conmovieron tanto su entrega sin reservas para apoyar a cada persona como su cercanía, exenta de impostura o afectación.
(Testimonios recogidos en el número de septiembre de 2022 de la revista Ushio).
- Como apuntamos en la entrega de febrero, en aquel momento en Tokio había unas 90.000 familias miembros, mientras que en Osaka eran solo en torno a 30.000, muchas de las cuales llevaban muy poco tiempo practicando el budismo Nichiren en la Soka Gakkai. ↩︎
- En la Soka Gakkai la región es conocida como Josho Kansai, o «Kansai siempre victoriosa». Y una expresión dialectal con la que los miembros locales se alientan mutuamente, especialmente en los momentos de desafío, es maketara akan, o «no nos demos nunca por vencidos». En el origen de esto está la lucha compartida por el maestro y los discípulos locales, sobre todo, en 1956 y 1957. ↩︎
- Testimonio recogido en la revista Ushio, agosto 2022. ↩︎
- IKEDA, Daisaku: La revolución humana, vol. 10, cap. «Un salto hacia delante». ↩︎
- Ib. ↩︎
- Ib. ↩︎
- IKEDA, Daisaku: La revolución humana, vol. 10, cap. «Determinación». El personaje de Shin’ichi Yamamoto, recordemos, representa al propio Daisaku Ikeda en esta obra. ↩︎
- Ib. ↩︎
- IKEDA, Daisaku: Salir con bravura al encuentro del diálogo con los demás, de la serie «Resplandor del siglo de la humanidad». ↩︎
