Crear vida para dar vida

Entrevistamos a Veronica Cirino, CEO de una empresa de biotecnología cuya vocación es «transformar la agricultura global a través de prácticas sostenibles que garanticen seguridad, abundancia y calidad alimentaria».

Veronica Cirino, en uno de los eventos del sector agroalimentario en los que su empresa da a conocer su trabajo y las posibilidades que ofrece | Foto: Cortesía de Veronica Cirino

Es un gusto conversar contigo de nuevo, Veronica. Ha pasado casi una década desde nuestra anterior entrevista[1] y los temas que tratamos en aquella ocasión no han hecho sino ganar importancia. Nos consta que la empresa que lideras se mantiene en la primera línea de la biotecnología aplicada a la agricultura. ¿Podrías explicar brevemente en qué consiste vuestro trabajo?

El uso de productos químicos ha sido durante décadas la práctica predominante en la agricultura. Sin embargo, sus impactos negativos en el ambiente y la salud impulsaron la búsqueda de alternativas basadas en soluciones naturales. Lo más disruptivo de nuestro proyecto es que empezamos a generar productos a base de seres vivos, en concreto microorganismos. Creamos vida que vuelve al suelo para dar vida. Es apasionante…

Por ejemplo, los hongos arbusculares conocidos como «micorriza» existen desde hace millones de años y los encontramos en los bosques de manera natural. Las micorrizas establecen una relación simbiótica, donde planta y hongo se sostienen mutuamente en un intercambio vital. Esto refleja el principio budista de engi u «origen dependiente», que esclarece la interdependencia entre todos los fenómenos naturales, de la que surgen la armonía y el beneficio.

Entonces, ¿por qué no aplicar estos beneficios a la agricultura moderna?

Hoy en día, todavía se utilizan muchos productos químicos cuyo uso es dudoso para la salud humana. Sin embargo, la mayoría de estos productos son compatibles con los microorganismos que creamos, los cuales actúan como filtros. De este modo, el impacto que estos químicos tienen sobre la planta es menor y, consecuentemente, también lo es para nosotros.

Además, la aplicación de micorrizas mejora la calidad nutracéutica de los cultivos al aumentar la producción de compuestos bioactivos beneficiosos para la salud con funciones antioxidantes y antiinflamatorias.

Por todo esto, el fomento de estos microorganismos es muy favorable para la salud humana.

El uso de productos químicos ha sido ha sido […] predominante en la agricultura. Sin embargo, sus impactos negativos en el ambiente y la salud impulsaron la búsqueda de alternativas basadas en soluciones naturales. Lo más disruptivo de nuestro proyecto es que empezamos a generar productos a base de seres vivos, en concreto microorganismos. Creamos vida que vuelve al suelo para dar vida.

Se trata de un proyecto ciertamente interesante. Al mismo tiempo imaginamos que, al ser disruptivo como comentas, su aceptación requerirá pedagogía.

Así es. Aunque el uso de hongos favorece la salud de la planta y también el de la vida humana, en un inicio los agricultores eran bastante reacios. Cuando les planteábamos la idea de trabajar con los hongos nos decían que por qué, ¡si lo que ellos querían hacer con los hongos era matarlos!

Tuvimos que ser muy pacientes y perseverantes. Además, es importante tener en cuenta que la conexión profunda entre el hongo y la planta –esa relación natural y tan hermosa– se va desarrollando de manera gradual, y comienza a mostrar sus valiosos resultados con el tiempo.

Por eso, nuestra labor requirió tenacidad, especialmente en los inicios. Hemos mantenido un espíritu de lucha constante y, poco a poco, estamos logrando modificar la visión de los agricultores. Su resistencia es comprensible en cierta medida: necesitan ver garantizada su subsistencia en un mundo donde una tormenta o una sequía puede quitárselo todo.

Hemos tenido que lidiar en varios frentes a la vez. Lograr que las personas cambien de opinión es muy difícil; por eso tuvimos que aprender cómo comunicar y transmitir una cultura de trabajo distinta. Además, hemos tenido que vérnoslas con políticas legislativas para lograr expandir este modelo de agricultura a otros países. Ha sido todo un desafío, pero estamos avanzando exitosamente.

Participamos en proyectos europeos cuyo enfoque no se limita al ámbito de la agricultura, sino que tienen el conjunto del planeta como marco. Lo que se busca es recuperar bosques enfermos a través de un hongo específico, como la trichoderma, que a diferencia del otro hongo del que antes hablaba combate directamente una enfermedad. De momento, son bosques del ámbito europeo, pero esperamos trascender las fronteras y llevar esto a otras partes del globo.

Hemos tenido que lidiar en varios frentes a la vez. […] Tuvimos que aprender cómo comunicar y transmitir una cultura de trabajo distinta. Además, hemos tenido que vérnoslas con políticas legislativas.

Se diría que, como ocurre con un árbol, a medida que vuestro proyecto va echando raíces, amplía el área que cobija…

Sin duda, crecemos con él. Desde un inicio, mi mayor preocupación fue la metodología industrial y la bibliografía científica. Por un lado, necesitas estandardizar los procesos para mantener una calidad elevada del producto y, por el otro, necesitas crear las bases científicas solidas para los nuevos desarrollos. También decidimos seguir un modelo open access, donde todo lo que vamos descubriendo se publica en revistas científicas.

De este modo, la comunidad científica tiene acceso a nuestros avances, creando redes y colaboraciones que nos permiten, por un lado, seguir desarrollándonos y, por otro lado, dotar a nuestro proyecto de solidez científica.

Invernaderos de la empresa que lidera Veronica e imagen microscópica de un hongo de micorriza | Fotos: www.atens.com

Has citado un principio budista. En la entrevista anterior, destacaste el nexo entre tu fe y el desarrollo del proyecto. ¿Sigue estando ahí?

Por supuesto. El budismo es el eje. Si no lo practicara, no sería capaz de enfrentar todos los desafíos que implica este trabajo. Gracias al budismo he podido cumplir lo que para mí era un sueño, y cada vez el proyecto tiene más alcance.

Las actividades de la Soka Gakkai son mi carburante. Trabajo entre doce y catorce horas diarias y los fines de semana abro mi casa para la celebración de reuniones de la SGEs. Escuchar las experiencias de otros compañeros es mi motor para seguir comprendiendo y para enfrentar las dificultades. Para mí es fundamental tener una condición de vida elevada para no dejarme llevar por las circunstancias y, tanto si las cosas están bien como si están mal, para no perder de vista hacia dónde quiero ir.

El budismo es el eje. Si no lo practicara, no sería capaz de enfrentar todos los desafíos que implica este trabajo. […] Las actividades de la Soka Gakkai son mi carburante.

Desde un inicio habéis contribuido al crecimiento del Jardín de la Paz, aportando productos para la nutrición y la defensa de las especies que se iban plantando con el objetivo de que llegara a ser «el más sano y más bonito del mundo». Hace años se trataba solo de una visión, pero, con la inauguración de esta zona verde en mayo de 2022, se ha convertido en una realidad palpable.

Desde luego, ese objetivo se está cumpliendo. Visité el lugar cuando todavía era un descampado y no me puedo creer la profunda transformación que ha tenido gracias al incansable trabajo de los miembros de la SGEs. Ahora es un jardín que desprende una energía especial. Siento que todo lo que hay en su entorno vivo está en perfecta conexión con el budismo.


[1] ↑ Veronica Cirino aceptó una entrevista para el n.º 144, de abril 2017, de esta revista.