Cultivando un yo inamovible


Nadia Ayala | Madrid


Inicié mi práctica en 2019, gracias al aliento de mi abuela y mi hermana, que ya eran practicantes. En ese momento me sentía perdida y desconectada de mí misma, y pensé: «¿Por qué no?». Empecé a entonar daimoku todos los días y a participar en las reuniones de mi grupo más cercano. Fue entonces que conocí a Daisaku Ikeda, Sensei.

Confieso que al principio fue difícil comprender la relación de maestro y discípulo, ya que yo siempre había sido muy crítica con la idea de seguir a otras personas, y además en la cultura occidental es muy común que este concepto se relacione con la obediencia ciega.

Sin embargo, a medida que iba profundizando en quién era Sensei a través de la lectura de La nueva revolución humana, escuchando experiencias de mis compañeros de fe y participando en actividades en el Centro Cultural Soka, fui develando el real significado de tener un maestro de vida.

Su mensaje a los jóvenes es un llamado a que seamos personas auténticas, a fortalecer nuestro yo interior, y a ser fuertes y valientes, verdaderos faros de felicidad para nosotros y para todas las personas que nos rodean. Gracias a la lectura de sus obras y a su aliento diario, pude reflexionar sobre la persona que era y la persona en quien deseaba convertirme, y eso me ayudó a enfocarme en mí y a empezar a construir un yo inamovible.

Para mí, en esencia, tener un maestro como Daisaku Ikeda significa abrazar esos valores y llevarlos a mi práctica cotidiana para contribuir en la construcción de una sociedad mejor y más feliz. Por ello, me determino a seguir cultivando un yo inamovible frente a cualquier circunstancia, para poder alentar a cada persona a construir una vida brillante, como yo lo estoy haciendo.