Yuko Nishio | Madrid

Nací en Japón, en el seno de una familia budista. Concretamente, mi bisabuela materna fue pionera en nuestra familia: empezó a practicar el budismo Nichiren en la Soka Gakkai alentada por una amiga durante la Campaña de Osaka en 1956.1
Gracias a la determinación de mis padres, de pequeña tuve la oportunidad de estudiar en la escuela primaria fundada por Daisaku Ikeda en nuestra región, Kansai, y de seguir mis estudios en centros educativos Soka hasta la universidad.2 En realidad, la escuela primaria estaba muy lejos de donde vivíamos, y cada día viajaba dos horas de ida, con hasta tres transbordos en tren, y otras dos horas de vuelta. Al pensarlo ahora, me parece una locura para una niña de seis años, y seguro que mis padres se morían de preocupación, pero yo disfrutaba de los trayectos leyendo muchos libros y haciendo amistades. Para mí es un verdadero tesoro haber podido disfrutar del sistema educativo Soka, que respeta el potencial de cada niño y le permite cultivarlo.
Mi bisabuela materna fue pionera en nuestra familia: empezó a practicar el budismo Nichiren en la Soka Gakkai alentada por una amiga durante la Campaña de Osaka en 1956.
A los alumnos de primaria, Ikeda Sensei nos obsequió una guía: «Ser alegres, considerados y tenaces». Durante aquella época tuvimos varios encuentros con él, como fundador de nuestra escuela. En particular, grabé la orientación que nos brindó un día: «La victoria más difícil es vencerse a uno mismo». En aquel momento yo tenía solo once años y no entendí la profundidad de estas palabras, pero más tarde pude comprobarla en mi propia vida.

De pequeña soñé con ser muchas cosas: maestra de escuela infantil, intérprete, pastelera, etc. Me apasionaba saber sobre otros países fuera de Japón, y también la idea de aprender inglés. Sin embargo, por mucho que me gustara, el inglés se me daba fatal. Cuando tenía diecisiete años, quise participar en un curso de un mes que organizaba en EE. UU. el Instituto de Educación Secundaria Soka. El día de la entrevista en inglés me quedé totalmente en blanco. Pasaron varios minutos de silencio muy incómodos, y finalmente no conseguí pronunciar ni una palabra. A partir de ese momento, mi timidez empeoró y pensé que nunca más hablaría un idioma extranjero.
Sin embargo, pasó algo curioso: el hermano de mi mejor amiga viajó a Argentina y cuando volvió nos enseñó algunas palabras en castellano. Recuerdo que el sonido me resultó muy interesante, así que, ya durante mi etapa universitaria, empecé a estudiarlo. En la Universidad Soka es habitual que los alumnos realicen actividades varias fuera de las clases y yo, entre otras cosas, participé en el Club de Italia –que hoy se llama Club de Italia y España–, donde un pequeño grupo de estudiantes se dedicaba a aprender castellano e investigar sobre la cultura española. Allí hice grandes amistades y conocí a personas con quienes luego compartiría muchos desafíos y sueños. Aprendí muchísimo y creo que, incluso, mi carácter se volvió más abierto.
Estando en la universidad viví un momento crucial de mi vida. Me presenté al examen del programa de intercambio de estudiantes entre la Universidad Soka y la Universidad de Barcelona, ¡y por fin conseguí una plaza para tener una experiencia en el extranjero!.
Estando en la universidad viví un momento crucial de mi vida. Me presenté al examen del programa de intercambio de estudiantes entre la Universidad Soka y la Universidad de Barcelona, ¡y […] conseguí una plaza para tener una experiencia en el extranjero! Llegué a Barcelona en septiembre de 2001 y estuve hasta julio de 2002.
Llegué a Barcelona en septiembre de 2001 y estuve hasta julio de 2002. En realidad, fue una época dura, donde me enfrenté de nuevo a mis debilidades. En los primeros tiempos no entendía nada y no me veía capaz de hablar. Tuve otro bloqueo total y me invadió una sensación de gran impotencia.
Al mismo tiempo, esta etapa marcó la base de mi vida adulta, porque pude comprobar la fuerza del daimoku y aprender que realmente todo depende de mi fe. El centro cultural de la Soka Gakkai en Barcelona y las reuniones de diálogo eran mi oasis y, gracias al cálido sostén de los miembros barceloneses, pude cobrar fuerza para hacer frente a mi realidad y superar mis límites.

Tras finalizar el curso académico y conseguir mi diploma, volví a Japón, donde pude terminar mis estudios. En mi corazón, Barcelona era mi segundo hogar. Y mi vínculo con España se reforzó cuando, en los años siguientes, viajé de nuevo al país en apoyo a estudiantes que venían a conocerlo, en el marco de intercambios promovidos por la Universidad Soka.
A finales de marzo de 2016, volví a España, esta vez para empezar una nueva vida con la persona con quien había decidido formar una familia. Nos casamos el 12 de junio de 2016, así que este mes celebramos nuestro décimo aniversario.
Antes de conocer a mi marido, yo tenía un buen trabajo, buenos amigos y disfrutaba mucho de mi vida en Japón. Fue gracias a dedicarme a las actividades del Departamento Futuro allí que empecé a reflexionar sobre mi propósito, y surgió en mí el deseo de tener un compañero de vida. Así, con la meta de encontrar a alguien, me desafié aún más en la oración y el diálogo budista, y finalmente conocí a Darpan en 2013. Poco después decidimos casarnos y vivir juntos en España… y así fue como llegué a Madrid.
Sin embargo, era un momento muy delicado para la familia de Darpan. A raíz del fallecimiento de su padre en junio de 2015, se encontraban en una situación bastante difícil. Mi suegra y mi cuñada se tuvieron que mudar a Madrid desde Las Palmas de Gran Canaria en octubre de 2015, y pocos meses después llegaba yo. De repente, mi marido tuvo que convivir con tres mujeres –maravillosas, pero cada una con su carácter– y fue un verdadero desafío sostener una familia de cuatro personas solo con sus precarios ingresos. A los retos propios de la convivencia se les añadían los derivados de las diferencias de idioma y de cultura; además, teniendo mi suegra otras creencias religiosas, nuestra práctica budista a menudo se sumaba a los problemas económicos como tema de discusión.
Tardamos varios años en transformar todo esto que nos hacía sufrir. Sin embargo, puedo decir que ahora nos reímos de ello al recordarlo y que gozamos de verdadera armonía familiar. Mi marido, mi cuñada, mi suegra y yo nos esforzamos y nos apoyamos mutuamente, sin importar cuántas veces nos caigamos. He sabido que, hace poco, mi suegra le habló a mi cuñada de lo buena esposa que soy para su hijo, ¡y que incluso me alaba delante de sus amigas! Hace diez años esto me habría parecido imposible…
Gracias a esta lucha, basada en el daimoku y en mi participación en muchas actividades en la Soka Gakkai, he aprendido cómo se manifiestan las funciones demoníacas que intentan dividir a las personas, y he comprobado que la práctica budista nos ayuda a observar la situación con los ojos del Buda. Gracias al daimoku, siempre podemos encontrar una salida, por mucho que cueste.

Como bisnieta de alguien que inició su práctica durante la Campaña de Osaka en 1956, desde que la SGEs lanzó la iniciativa «Mi campaña de Osaka», he disfrutado especialmente de todo lo que se ha venido publicando en CGlobal sobre el tema. Me llegó mucho un pasaje de La revolución humana que dice:
«Piensen por un momento en un cerezo durante el invierno», dijo [Shin’ichi Yamamoto]. «No importa lo cerca que se observe o en cuántos trozos se corte, es imposible ver de dónde crecen sus flores. Pero, cuando finalmente llega la primavera, una infinidad de hermosas flores aparecen. Del mismo modo, aunque se observe detalladamente una roca y se piense en cuántos trozos se puede romper, nunca se logrará ver el fuego. Pero, cuando se golpea una roca tallada, finalmente, se consigue hacer fuego». Estos hechos, afirmó Shin’ichi, ilustran cómo la Ley Mística, aunque invisible, se expande en el universo entero.3
Compartí estas palabras con mis compañeros en el Grupo Raíces,4 en cuya actividad participo cada sábado, para alentarnos en el desafío de la perseverancia. Además, basada en esta orientación, determiné esforzarme más en «Mi campaña de Osaka» y mantener la convicción de que, sin duda, las acciones traen resultados. Y, poco a poco, fui viendo resultados que no habría podido imaginar…
Por dar algunos ejemplos, un día contactó conmigo una joven de nuestra zona5 de la que llevaba más de siete años sin tener noticias. Al día siguiente de nuestra conversación, participó en un encuentro de jóvenes, y retomó su práctica.
La hija de una amiga de mi suegra, a la que apenas conozco, me escribió diciéndome que quería conocerme más. Esto me dio la oportunidad de tener un diálogo muy bonito con ella y alentarla en relación con un tema personal que le hacía sufrir.
También, gracias a una compañera, una mujer se incorporó a un grupo de nuestra zona en el que, por una serie de circunstancias, desde hacía un año y medio la participación era muy reducida.
Finalmente, he tenido un enorme beneficio profesional, que ni imaginaba ni esperaba.
Trabajo en una empresa informática y soy responsable de un equipo de diez personas. 2025 fue para mí un año de mucho desafío en el ámbito laboral. En marzo de ese año entró a formar parte de mi equipo una persona que no hablaba español, así que toda la dinámica de trabajo cambió al inglés, un idioma que, como mencioné antes, no manejo bien. Al mismo tiempo, se dio de baja una compañera que era mi mano derecha. Y en junio me cambiaron de puesto y tuve que montar desde cero un nuevo equipo para nuevos proyectos, algo que me llevó a participar en muchas reuniones en inglés, con clientes estadounidenses.
Pasaron muchas cosas, una tras otra… Tuve momentos de gran tensión e incertidumbre, pero pude superarlos gracias a la capacitación recibida en la Soka Gakkai, entre otros, en el grupo de traducción e interpretación.6 A pesar de las dificultades, conseguí sacar adelante todo el trabajo. El resultado no siempre fue exitoso, pero, fruto de asumir todos estos retos, el 28 de marzo –el día en que cumplía diez años en Madrid– me ascendieron de puesto, con un incremento salarial muy significativo. Fue una prueba real de que, como ha remarcado «Mi campaña de Osaka», podemos superar nuestros límites y lograr cosas que antes nos habrían parecido imposibles.
Viéndolo en perspectiva, estoy segura de que este beneficio está relacionado también con los esfuerzos en la aportación que hemos venido haciendo mi marido y yo.7 Cada año nos hemos puesto una meta. En los inicios de nuestro matrimonio no llegábamos a cumplirla, pero en 2024 por fin la superamos y en 2025, motivados por el agradecimiento, redoblamos nuestro esfuerzo. También en este ámbito, si comparo nuestra situación actual con la de hace diez años, el avance es increíble.
Me gustaría concluir con otro fragmento de la orientación de Ikeda Sensei para la campaña de Osaka que me inspiró mucho:
[E]l Gohonzon tiene poder infinito. La única cuestión reside en si confiamos o no en él. Si realmente pensamos que somos discípulos del Daishonin, debemos, en primer lugar, orar firmemente para desarrollar el tipo de práctica valiente que puede transformar lo imposible en posible.8
Continuaré esforzándome basada en la oración y en las actividades por el kosen-rufu. Ahora que nos acercamos a la mitad de este «Año del avance vibrante hacia una Soka Gakkai juvenil en todo el mundo», me determino de nuevo a avanzar junto con mis compañeras del Departamento de Mujeres, sin dejar a nadie atrás.
- Se puede profundizar en la historia y las claves de la Campaña de Osaka en los números de 249 a 253 (de enero a mayo de 2026) de CGlobal. ↩︎
- Puede leerse más acerca de la educación para la creación de valor y sobre el modo en que Daisaku Ikeda trabajó para hacer realidad la visión educativa que heredó de Tsunesaburo Makiguchi y Josei Toda en las sucesivas páginas del apartado «Educación creativa» del sitio web dedicado a Daisaku Ikeda. ↩︎
- CGlobal, n.º 250, febrero 2026, sección «Orientación». ↩︎
- El grupo Raíces, del que Yuko es responsable, se dedica al cuidado y mantenimiento del Jardín de la Paz, en torno al Centro Cultural Soka en Rivas-Vaciamadrid. ↩︎
- Yuko es miembro del equipo de responsables de la zona Soleones de la SGEs en Madrid. ↩︎
- El grupo de traducción e interpretación de la SGEs se dedica a traducir textos o interpretar intervenciones orales, principalmente del japonés o el inglés al castellano, en el marco de la preparación de publicaciones y del desarrollo de cursos y otras actividades de la entidad. ↩︎
- La aportación es una actividad voluntaria en la SGEs, mediante la cual los miembros tienen la oportunidad de contribuir económicamente a la entidad para sostener el desarrollo de sus diversas actividades, como expresión concreta de la ofrenda budista. ↩︎
- CGlobal, n.º 250, febrero 2026, sección «Orientación». ↩︎
