Forjando una solidaridad global

Cuando, en la declaración que emitió el 1 de agosto con motivo del 80.º aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial (publicada en castellano en el número anterior de esta revista), el presidente de la Soka Gakkai, Minoru Harada, expresó el compromiso de «seguir trabajando denodadamente en tres áreas clave para resolver los desafíos globales», el área que enunció en primer lugar fue «el intercambio juvenil». Desde luego, este compromiso trasciende las actividades internas de la organización, como ilustran regularmente las noticias publicadas en esta sección; sin embargo, en el mes de octubre se desplegó con vigor en ese ámbito, mediante la programación de encuentros de intercambio de la juventud Soka entre diversas regiones de Japón y varios países del mundo.
Uno de estos encuentros sin precedentes conectó, el domingo 26 de octubre, Hokkaido con España. Fue a través de una reunión híbrida realizada en un horario a la vez matinal (para España) y vespertino (para Japón), que, si bien tuvo sus sedes coanfitrionas en Sapporo y Rivas-Vaciamadrid, contó con numerosos puntos de conexión.
Como se puede leer en la sección «Mi historia» de este número, que recoge dos de las experiencias relatadas durante el intercambio, la región más septentrional de Japón fue escenario de importantes episodios en las vidas de los tres presidentes fundadores de la Soka Gakkai y, en particular, el lugar donde Daisaku Ikeda acendró su determinación de impulsar el kosen-rufu mundial siendo joven. A su vez, el renacimiento Soka de España representa en Japón –como en el resto del mundo– un inspirador referente.
El encuentro se estructuró en dos partes: durante la primera, los contenidos se emitieron desde Hokkaido y, durante la segunda, desde España, en ambos casos con dinamismo y amenidad. Además de las presentaciones y de las experiencias, se compartieron audiovisuales y expresiones de arte y cultura locales a la vez que universales. Al final, un representante del equipo de responsables jóvenes de la SGI brindó orientación conjunta.
Los múltiples desafíos que entrañaba la convocatoria de un encuentro de esta naturaleza no impidieron que en España fueran más de trescientos los jóvenes quienes, justo el día en que los relojes se adaptaban al horario de invierno, madrugaron para inspirarse e inspirar, en lo que se convirtió en un espacio de profunda conexión humana y una fuente de alegría: la de constatar que la sintonía y la unión de los jóvenes discípulos de Ikeda –ciudadanos y ciudadanas verdaderamente globales– trasciende incluso distancias superiores a los diez mil kilómetros.
Esta energía ha impulsado a los jóvenes de la SGEs a establecer nuevas metas para 2026, empezando por la conmemoración del 16 de marzo, con un sentido agradecimiento.

