Sobre la «fe para tener una vida larga y saludable»

Retomando la serie iniciada en esta sección en febrero, abordamos la cuarta de las cinco guías eternas de la Soka Gakkai.
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INTRODUCCIÓN

Todas las personas experimentan las realidades del nacimiento, el envejecimiento, la enfermedad y la muerte. No hay quien pueda eludirlas. Pero, a través de persistir en la práctica budista, se puede construir un estado de vida impregnado de las cuatro nobles virtudes de la eternidad, la felicidad, la verdadera identidad y la pureza.1

La vida es una lucha por cumplir la propia misión. El propósito del budismo Nichiren es permitir a todas las personas triunfar sobre los sufrimientos esenciales de la vida a través de involucrarse en esa lucha resueltamente, con decisión propia.

Cuando nos basamos en el gran juramento del kosen-rufu y nos esforzamos día a día en las actividades de la Soka Gakkai, por muchas dificultades que puedan surgir, podemos transformar el karma en misión.

La determinación del movimiento Soka es que el siglo XXI sea el siglo de la vida. Pero ese siglo de felicidad, paz y salud genuinas solo podrá construirse si los habitantes de este mundo hacemos resplandecer la dignidad inherente a nuestra vida y podemos disfrutar juntos de una vida larga, plena y sana. Esta es la razón por la cual existe nuestro movimiento.

Tsunesaburo Makiguchi señaló: «La buena salud es el principal requisito de la felicidad. Y la actividad es la clave de la buena salud». Estaba firmemente convencido de ello. La Soka Gakkai es un oasis espiritual, en el que podemos mantenernos activos en pos del kosen-rufu junto a compañeros y compañeras, personas distintas unidas en torno a un mismo propósito. Esto nutre nuestra vida y nos infunde energía para fortalecer nuestra salud y vitalidad. De esa manera, es una fuente de felicidad.

En esta entrega estudiaremos el significado de la «fe para tener una vida larga y saludable», la primera de las dos guías para una nueva era que, en 2003, Daisaku Ikeda agregó a las tres guías eternas de la Soka Gakkai enunciadas por su maestro, Josei Toda.2 Lo haremos basándonos en una disertación que Ikeda Sensei dedicó al escrito de Nichiren Daishonin titulado Las tres clases de tesoros.3

LA CLAVE ESENCIAL PARA TRIUNFAR EN LA VIDA ES ACUMULAR TESOROS DEL CORAZÓN

«[N]ingún [tesoro] es tan preciado como los tesoros del corazón»,4 nos dice Nichiren Daishonin. «¡Esfuércese por acumular los tesoros del corazón!»5 es el mensaje que transmitió a su discípulo Shijo Kingo mientras este libraba una dura contienda. Contiene la clave esencial para lograr la victoria en la vida.

Nuestro corazón es el máximo tesoro de nuestra existencia. Está dotado de suprema nobleza e increíble potencial. Su profundidad y su amplitud pueden expandirse ilimitadamente; su fortaleza puede incrementarse sin medida. Víctor Hugo (1802-1885) declaró: «Hay un espectáculo más grande que el del mar, y es el del cielo; hay un espectáculo más grande que el del cielo, y es el del interior del alma».6

¿Cómo podemos expandir el reino interior de nuestra vida, cultivar fortaleza y acumular tesoros del corazón para vivir una mejor existencia? La respuesta se encuentra en la práctica de la Ley Mística.

En la última parte de Las tres clases de tesoros, el Daishonin enseña que, de todos los tesoros, «ninguno es tan preciado como los tesoros del corazón».7 El tesoro más valioso, a los efectos de lograr una verdadera victoria en la vida, es nuestra naturaleza de Buda, que se manifiesta desde dentro mediante el cultivo de la fe en la Ley Mística. Esta es una enseñanza crucial que jamás debemos perder de vista.

Dos meses antes de que el Daishonin escribiera esta carta, Shijo Kingo se había visto ante una grave crisis, cuando su señor feudal, Ema, le confiscó las tierras cuya administración le había confiado. Kingo eligió mantener la fe en el Sutra del loto, aunque implicara asumir esa pérdida. El Daishonin lo alabó por ello y lo advirtió: «Jamás deshonre el Sutra del loto, ni aun siendo el más desgraciado de los mendigos».8

Esa advertencia enseñó a Kingo el criterio esencial que debía seguir como practicante: la fe –como tesoro «del corazón»– es mucho más importante que su finca –un tesoro «de los cofres»– o que su posición de samurái –un tesoro «del cuerpo»–.9 Cuando Kingo puso en práctica esta orientación y puso la fe en primer plano, su adversa situación comenzó a cambiar. Su amo cayó enfermo y, dado que él tenía conocimientos médicos, fue llamado a tratarlo; a través de ello, pudo recuperar su confianza. Al mismo tiempo, las personas a su alrededor que habían tratado de sacar provecho de su caída en desgracia comenzaron a sufrir las consecuencias de sus actos negativos.

Al elogiar la fe de su discípulo, el Daishonin explica que Kingo había podido dar el primer paso hacia la victoria basado en el principio que sostiene que «cuando la naturaleza de Buda se manifiesta desde nuestro interior, uno recibe protección desde el exterior».10 En cuanto Kingo se puso de pie con fe invencible, su naturaleza de Buda se manifestó desde su interior; esto activó las deidades celestiales, o funciones protectoras del universo, lo cual dio lugar a un cambio positivo en las circunstancias externas.

Pero, a pesar de haber recuperado la confianza de Ema, Kingo seguía estando en un entorno hostil. Por ello, en Las tres clases de tesoros el Daishonin le ofrece consejos e instrucciones detalladas para ayudarlo a consolidar los logros que había concretado hasta entonces. Exhorta a su discípulo a mantenerse alerta para prever el menor ataque, a actuar con los demás de manera sincera y cortés, y a entablar relaciones amistosas con sus hermanos y compañeros de fe, para convertirlos a todos en aliados.

El Daishonin también advierte a Kingo de que debe mantener a raya su irascibilidad y de que, si se permite reacciones temperamentales, creará peligrosas asperezas en sus vínculos con la gente y destruirá todo progreso concretado hasta ese momento.

Para lograr una victoria definitiva, necesitamos desafiarnos seriamente, con el objetivo de transformar nuestro karma. Esta es la práctica de la revolución humana, cuyo foco es la lucha por vencer nuestra ignorancia u oscuridad interior. El descuido es el peor enemigo. Si bajamos la guardia y nos volvemos indolentes, si perdemos el espíritu de lucha, resurgirán en nosotros las tendencias negativas y los defectos que se originan en nuestra oscuridad fundamental. Por esta razón, el Daishonin recalca constantemente que la fe es el tesoro supremo en la vida.

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Una y otra vez recuerdo el momento, aún hoy inolvidable, en que me iban a decapitar. Usted acudió a acompañarme y, con los ojos anegados en lágrimas de dolor, se aferró a las riendas de mi caballo. No podría olvidarlo en ninguna de mis existencias futuras.

Si, por alguna grave falta, usted tuviese que caer en el infierno y Shakyamuni me estuviera instando a lograr la Budeidad, aun así yo me negaría. Preferiría, en cambio, ir al infierno con usted. Pues si los dos cayéramos juntos, encontraríamos al buda Shakyamuni y al Sutra del loto en ese lugar. […] Pero si usted se aparta de mi consejo, aun en lo más mínimo, luego no me culpe de lo que pueda suceder.11

JAMÁS PERDAMOS DE VISTA EL PUNTO PRIMORDIAL: LA INSEPARABILIDAD DE MAESTRO Y DISCÍPULO

«Si se encuentran en un punto sin salida, vuelvan al punto de partida»: son palabras de Makiguchi Sensei.

El Sutra del loto se basa en la inseparabilidad entre maestro y discípulo. El budismo del Daishonin es una enseñanza centrada en esa inseparabilidad. Nuestro punto primordial como practicantes, por ello, es nuestro juramento de esforzarnos junto al maestro. Si retornamos constantemente a ese punto de partida, jamás nos veremos en un callejón sin salida.

Si se encuentran en un punto sin salida, vuelvan al punto de partida.

En la cita destacada, el Daishonin evoca un episodio clave en la relación de maestro y discípulo entre él y Shijo Kingo, ocurrido durante la persecución de Tatsunokuchi.12 En la actitud con la que el maestro responde, sin reservas, a la sincera devoción de su discípulo –mostrando su disposición a acompañarlo incluso al infierno–, vemos la expresión suprema de la enseñanza humanística del Daishonin.

Si el Daishonin y Kingo llegaban a caer en el infierno, en tal caso tendrían que estar también allí el buda Shakyamuni y el Sutra del loto. Pero, entonces, ya no sería el infierno, sino el reino de la budeidad. Este es el principio según el cual «el infierno puede transformarse al instante en la Tierra de la Luz Tranquila». En otras palabras, podemos manifestar el brillo del estado de budeidad en cualquier situación o ambiente.

Mientras Kingo no perdiera de vista esta actitud de luchar junto al Daishonin, podría triunfar en cualquier lugar o circunstancia. Pero, si se dejaba vencer por su propia debilidad, si perdía los estribos y se permitía ser desconsiderado con las personas que lo rodeaban, se apartaría del camino de la indivisibilidad con su maestro. Por eso, el Daishonin le escribió con rigor: «Si usted se aparta de mi consejo, aun en lo más mínimo, luego no me culpe de lo que pueda suceder».13

La clave de la victoria yace en alinear nuestro corazón con el de nuestro maestro, que corporifica y propaga la Ley. Si ignoramos su orientación y damos prioridad a una subjetividad vacilante y cambiante, no podremos sostener nuestro avance por el arduo camino de la práctica budista. Un sutra nos exhorta a «ser maestros de nuestra mente, en lugar de permitir que ella nos domine».14 Solo cuando practicamos la fe con la misma postura que nuestro mentor podemos ser realmente maestros de nuestra mente y lograr la budeidad en esta existencia.

La clave de la victoria yace en alinear nuestro corazón con el de nuestro maestro, que corporifica y propaga la Ley. Si ignoramos su orientación y damos prioridad a una subjetividad vacilante y cambiante, no podremos sostener nuestro avance por el arduo camino de la práctica budista.

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Y no ande por ahí lamentándose ante los demás de cuánto le cuesta vivir en este mundo; una actitud así es totalmente impropia de un hombre digno.15

CUANDO NOS QUEJAMOS DE NUESTROS PROBLEMAS, DEMORAMOS NUESTRO DESARROLLO ESPIRITUAL

El ser humano tiende a lamentarse de las cosas que aparentemente escapan a su control. Todos estamos expuestos a caer en esta actitud. Hasta Shijo Kingo, un discípulo dispuesto a dar la vida por su maestro en el momento crucial, tendía a experimentar dificultades con las relaciones humanas, a causa de su rigidez y de su actitud frontal y directa; y esto podía llevarlo, inadvertidamente, a quejarse de su situación. Por ello, el Daishonin le aconsejó no andar lamentándose por la vida, haciéndole notar que esto no es propio de la gente sabia, sino de los necios.

El Daishonin añade:

Cuando un hombre se comporta de este modo [desafortunado], el día que muere, su esposa, abrumada por el dolor de haber enviudado, acaba contándoles a los demás los hechos vergonzantes que él cometió en vida, aun cuando esta no haya sido en verdad su intención. Y de ningún modo será culpa de ella, ya que el único origen de todo habrá sido el comportamiento reprochable del marido.16

La queja amplifica la debilidad y la negatividad, y es causa de estancamiento. Por ello, el Daishonin explica a Kingo que el camino seguro hacia la victoria en la vida es deshacerse de la actitud quejumbrosa y centrarse en hacer la propia revolución humana.

La queja amplifica la debilidad y la negatividad, y es causa de estancamiento.

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Es sumamente raro nacer como ser humano. El número de seres dotados de vida humana es tan pequeño como la tierra que cabe sobre una uña. La existencia de un ser humano es algo difícil de conservar, así como es difícil mantener el rocío sobre la hierba. Es mejor vivir un solo día con honor que ciento veinte años para morir en la deshonra. Viva de tal forma que la gente de Kamakura lo elogie por la diligencia con que Nakatsukasa Saburo Saemon-no-jo [Shijo Kingo] presta servicio a su señor, al budismo y a las demás personas.17

SER AUTÉNTICOS VENCEDORES EN LA VIDA

En el pasaje citado, el Daishonin subraya que nuestra vida como seres humanos es enormemente preciada, y que cada jornada, cada instante, tienen un valor irremplazable. «Es mejor vivir un solo día con honor que ciento veinte años para morir en la deshonra»:18 esta declaración esclarece la manera de desplegar un mérito genuino en la vida. Nuestra verdadera virtud como seres humanos depende del propósito que decidamos adoptar como eje de nuestros actos, y de la forma en que procedamos para cumplirlo.

En línea con ello, el Daishonin brinda a su discípulo una recomendación dirigida a que pueda triunfar en el nivel más esencial: «Viva de tal forma que la gente de Kamakura lo elogie por la diligencia con que Nakatsukasa Saburo Saemon-no-jo presta servicio a su señor, al budismo y a las demás personas».19 Aquí esboza tres áreas particulares en las cuales Kingo necesita ser victorioso: 1) reconstruir el vínculo de confianza mutua con su señor feudal; 2) seguir esforzándose sin vacilar como practicante de la Ley Mística; 3) ganar la confianza de quienes lo rodean. Los tesoros del corazón brillarán en esos tres ámbitos. En otras palabras, somos realmente victoriosos cuando hacemos brillar nuestra naturaleza de Buda en todos los aspectos de nuestra existencia.

Somos realmente victoriosos cuando hacemos brillar nuestra naturaleza de Buda en todos los aspectos de nuestra existencia.

De este modo el Daishonin nos enseña, además, a mostrar pruebas concretas, esforzándonos por vivir de una manera tal que nuestros semejantes consideren admirable o digna de elogio. Esto da indicios importantes para establecer cuál es la naturaleza de las pruebas reales a las que debe aspirar un budista. En síntesis, la victoria fundamental deriva del brillo interior de nuestro humanismo, que de forma natural despierta la admiración de los demás. Podría decirse que una parte esencial de nuestra lucha por el kosen-rufu consiste en que cada uno de nosotros coseche este respeto y esta confianza en la sociedad.

Lo que despierta el elogio y el apoyo de otras personas es, en última instancia, el poder de nuestra humanidad como budistas. Dicho de otro modo, los tesoros del corazón que cultivamos son lo que nos hace ganar la confianza y la estima, como ciudadanos ejemplares. Nuestra naturaleza de buda se manifiesta en el brillo de nuestro humanismo, y conmueve el corazón de los demás, sean o no practicantes del budismo. Merecer esta confianza de los semejantes es, sin duda, una prueba concreta del poder de nuestra práctica budista.

El deseo del Daishonin era que Shijo Kingo, como figura central de los seguidores de Kamakura, se convirtiera en un admirable líder de la sociedad y construyera una vida de profundo significado y sentido. Esta actitud compasiva y bondadosa era lo que motivó su aliento a que cosechara los elogios de la población de Kamakura.

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Más valiosos que los tesoros de los cofres son los del cuerpo. Pero ninguno es tan preciado como los tesoros del corazón. Desde el mismo instante en que lea esta carta, ¡esfuércese por acumular los tesoros del corazón!20

UNA PERSONALIDAD CABAL Y BIEN FORJADA ES UN TESORO INAPRECIABLE

El pasaje aquí citado es el más conocido de este escrito.

Los «tesoros de los cofres» son aquellos de naturaleza material; los «tesoros del cuerpo» son los relacionados con la salud o con las aptitudes adquiridas; y los «tesoros del corazón», en un nivel, denotan abundancia, riqueza y valores interiores, pero, en otro nivel más profundo, corresponden a la fe y el brillo de la naturaleza de Buda que se forja a través de dicha fe.

En este pasaje, Nichiren Daishonin indica el orden de prioridad que debemos establecer en nuestra búsqueda de tesoros, y establece una clara jerarquía de valores.

Shijo Kingo estaba en una situación muy particular, en la cual se exponía a perder todas sus tierras. No hace falta decir que la administración de esos feudos representaba una fuente insoslayable de ingresos para él y para su familia. Pero el Daishonin insiste en que mucho más valiosos que los tesoros de los cofres y los del cuerpo son los tesoros del corazón. La acumulación de esos tesoros interiores, afirma, es la base para todas las demás victorias.

El hecho de que Kingo se estuviera desafiando frente a esa adversidad, basado en la fe en la Ley Mística, significa que estaba dando el valor primordial a los tesoros del corazón. Porque tenía esa actitud, hasta ese momento había salido victorioso. Probablemente por eso el Daishonin esclarece este punto como pauta universal e invariable para la victoria en todas las áreas de la vida.

En verdad, cuando nos basamos en los tesoros del corazón, también se revelan, de manera visible y en su verdadero valor, todos los otros tesoros, tanto del cuerpo como de los cofres. En síntesis, nuestro propósito fundamental en la vida debe ser acumular tesoros del corazón. Si perdemos de vista este objetivo elemental, y nos dejamos capturar por la búsqueda prioritaria de tesoros materiales y físicos o intelectuales, solo generaremos apegos. Y, si esto ocurre, el miedo a perder esos tesoros se convertirá en causa de sufrimiento. Por eso es importante que, sobre todas las cosas, vivamos en pos de los tesoros del corazón. Esto refleja una conciencia correcta del propósito en la vida.

(Texto basado en Las cinco guías eternas de la Soka Gakkai, Sabiduría para ser feliz y crear la paz y comentarios de Daisaku Ikeda sobre La felicidad en este mundo).


  1. Estas cuatro virtudes representan cualidades de la vida de los budas: la eternidad alude a lo invariable e imperecedero; la felicidad, a un estado vital que trasciende todos los sufrimientos; la verdadera identidad, a la naturaleza intrínseca verdadera; y la pureza, a una condición libre de ilusiones y conductas erróneas. ↩︎
  2. Véase la primera entrega de esta serie en CGlobal nº250, de febrero 2026. ↩︎
  3. Esta disertación se publicó íntegramente en Ensayos de budismo, suplemento de estudio de CGlobal n.º 2, enero 2012. ↩︎
  4. Las tres clases de tesoros, en END, pág. 892. ↩︎
  5. Ib. ↩︎
  6. HUGO, Víctor: Los miserables, Editorial Porrúa, México, 1989, pág. 143. ↩︎
  7. En END, pág. 892. ↩︎
  8. Una exhortación a no mezquinar los feudos, en END, pág. 865. ↩︎
  9. Esta frase cita las tres clases de tesoros enumeradas en el escrito al que dan nombre, en END, pág. 892. ↩︎
  10. Las tres clases de tesoros, en END, pág. 889. ↩︎
  11. Ib., págs. 891-892. ↩︎
  12. Cuando, el 12 de septiembre de 1271, poderosas figuras del Gobierno arrestaron injustamente al Daishonin y lo conducían en mitad de la noche hacia un paraje llamado Tatsunokuchi, en las afueras de Kamakura, para ejecutarlo al amparo de la oscuridad, Shijo Kingo corrió a su lado y se aferró a las riendas del caballo que llevaba a su maestro, declarando que estaba preparado para morir a su lado. El intento de ejecución falló, y un mes más tarde el Daishonin fue exiliado a la isla de Sado. ↩︎
  13. Las tres clases de tesoros, en END, pág. 892. ↩︎
  14. Véase la Carta a los hermanos, en END, pág. 526. ↩︎
  15. Las tres clases de tesoros, en END, pág. 892. ↩︎
  16. Ib. ↩︎
  17. Ib. ↩︎
  18. Ib. ↩︎
  19. Ib. ↩︎
  20. Ib. ↩︎