Un viaje de 1956 a 2026: de Kansai a «Mi campaña de Osaka»

Enlazando con los contenidos incluidos en el número anterior de esta revista con motivo del lanzamiento de «Mi campaña de Osaka» en la SGEs, dedicamos esta sección a seguir aprendiendo de la historia y las claves de la Campaña de Osaka de 1956, con la meta de aprovechar esta «oportunidad para superar los propios límites» en 2026.
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En el caos que precede al alba,
en busca de la luz, […]
¿surgiré de la inmensa tierra de la vida?1

Cuando tuvo lugar la campaña de Osaka en 1956, no hacía ni diez años que Daisaku Ikeda había conocido a Josei Toda, el segundo presidente de la Soka Gakkai, y lo había adoptado como maestro. Se habían encontrado por primera vez en una reunión de diálogo de la Soka Gakkai el 14 de agosto de 1947. En aquel momento, un Ikeda de diecinueve años –y, de hecho, una generación entera de jóvenes a quienes les habían inculcado desde pequeños los ideales de la supremacía nipona y el sacrificio por el Estado– vagaba por las ruinas de un país que había sido derrotado sin paliativos en una guerra a cuyo desencadenamiento habían contribuido decisivamente sus dirigentes. En el caos de la posguerra, buscaba algo en lo que poder creer tras hacerse añicos el sistema de valores con el que habían crecido.

Ikeda quedó enormemente impresionado por la integridad de aquel superviviente de la represión militarista durante la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, defraudado por las creencias que había conocido hasta el momento, lo último que el joven buscaba era una religión. Por ese motivo, se debatió durante diez días antes de decidir abrazar la práctica del budismo Nichiren como discípulo de Toda, e ingresar en la Soka Gakkai aquel 24 de agosto. Desde aquel momento, Toda Sensei lo protegió y lo forjó día tras día, enseñándole no solo sobre el budismo Nichiren, sino sobre diversos campos del saber humano. Más tarde, recordaría cariñosamente sus lecciones matutinas con él como «Universidad Toda».

Con profundo agradecimiento, Ikeda Sensei dedicó toda su juventud a hacer realidad la meta que su maestro se había propuesto alcanzar en el transcurso de su vida, y que él había adoptado como propia: expandir la membresía de la Soka Gakkai en Japón –un movimiento que, cuando él ingresó, tenía algunos centenares de integrantes– a 750 000 familias.2

Diversas fueron las acciones emprendidas para realizar aquel objetivo, pero una de las más cruciales fue la que hoy conocemos como la Campaña de Febrero o Campaña de Kamata.3 Esta fue precursora de la Campaña de Osaka, cuyo 70.º aniversario celebramos este 2026 y que ha inspirado la propuesta de emprender cada uno y cada una «Mi campaña de Osaka».

KAMATA, UN ANTECEDENTE CLAVE

El maestro establece los principios. Depende de los discípulos emprender la acción para ponerlos en práctica.4

En febrero de 1952, tan solo unos meses después de que Josei Toda asumiera como segundo presidente de la Soka Gakkai y anunciara su meta de expansión sin precedentes (el 3 de mayo de 1951), el joven Ikeda se encargó de liderar las actividades del movimiento Soka en el área de Kamata, Tokio, donde era responsable de un grupo y asesor del distrito general.

En un ensayo sobre aquella campaña publicado décadas después, Ikeda Sensei escribiría:

[L]o cierto es que, en aquella época, nuestras iniciativas para dar a conocer el budismo no estaban dando los resultados esperados. Los responsables estaban perplejos, sin saber realmente qué hacer para que la difusión del budismo cobrase ímpetu.

En respuesta, el presidente Toda dijo: «La última de sus preocupaciones debería ser la estrategia y los medios para gestionar la organización o los procedimientos para ponerla en marcha. […] La fuerza que mueve la Soka Gakkai es la absoluta convicción y la pasión por la fe. Lo que necesitamos es hacer surgir esta convicción y esta pasión por la fe como una energía que circule por todos nuestros miembros». En otras palabras, lo que nos dijo fue: no se enfoquen en los procedimientos y en los medios; en cambio, vuelvan al punto de partida de la fe. Actúen con convicción y pasión, y abran el camino para el desarrollo de nuestro movimiento a través de emplear la estrategia del Sutra del loto, es decir, la fe en la Ley Mística.5

Sensei se esforzó al máximo para inspirar a cada miembro de Kamata y alentarlo a ponerse de pie para transmitir la Ley Mística: «Me entregué con alma y vida en cada reunión de diálogo en la que participé, en cada visita hogareña que hice, en cada carta de aliento que escribí. Consideré cada actividad como una batalla decisiva».6 Animó a cada unidad (equivalente a un grupo de diálogo) a lograr dos nuevos ingresos en ese mes, basándose en el daimoku, la consideración a los vecinos y compartiendo experiencias de fe.

Con ese ejemplo, de manera natural, los miembros locales llegaron a alinearse con el juramento por el kosen-rufu de Toda Sensei y lograron el ingreso de 201 familias en un mes, un resultado que superó largamente los límites que había hasta ese momento.7

A partir de ahí, la propagación cobró velocidad también en el resto del país, abriéndose las puertas de un nuevo y dinámico crecimiento que hizo que el acariciado sueño de alcanzar las 750 000 familias dejara de parecer una quimera.

OSAKA: HACER POSIBLE LO IMPOSIBLE

Debe tener una férrea determinación. […] [N]o dependa de los demás ni albergue inquietudes. Simplemente decídase.8

Cuatro años más tarde, Josei Toda confió en su joven discípulo una tarea que una vez más, incluso en un contexto de desarrollo de la organización, parecía irrealizable. Se trataba de construir en Osaka un bastión de valores humanos como el de Tokio, y de hacerlo en pocos meses.

Toda Sensei era consciente de la dificultad de lo que pedía a su discípulo, que en el momento de conocer el nuevo desafío estaba a punto de cumplir veintiocho años. Con la meta de alcanzar una base comunitaria suficiente para sostener el cambio social, debería lograr que la cantidad de miembros de la organización en Kansai se duplicara durante la primera mitad de 1956.9

El joven Ikeda oró y reflexionó mucho sobre los pasos a dar y, entonces, se lanzó a la labor determinado a vencer. Aunque esta vez la escala era mucho mayor, con la experiencia anterior en Kamata y otros lugares de Japón, el joven Ikeda era consciente de que la clave para la victoria no residía necesariamente en la cantidad, sino en una unión indestructible de incluso unas pocas personas, y que lo importante era utilizar «la estrategia del Sutra del loto» antes que ninguna otra, basándose en la fe en el Gohonzon y el estudio del Gosho.10

En La revolución humana se refirió detalladamente a ese episodio:

Daisaku Ikeda alienta a los compañeros con la caligrafía «Lucha valiente» (Osaka, mayo de 1956) | Foto: Seikyo Shimbun

Shin’ichi estaba determinado a dar rigurosa orientación a cada uno de los miembros de Kansai, ya que sabía que esa era la clave de toda la campaña. Cuanto más difícil es el objetivo, más necesario es que cada miembro se esfuerce con alegría por lograrlo. Esto era un requerimiento básico, que jamás podría satisfacerse a menos que todos los miembros se pusieran de pie juntos basándose en la fe. Para que esto ocurriera, primero debería dedicar todas sus energías a forjar la fe de cada miembro, uno por uno. Estaba determinado a hacer todo lo que el tiempo y su propia capacidad física le permitieran. Se encontraría con todos los miembros que fuera posible, profundizando en sus problemas, y dando lo mejor de sí mismo para alentarlos a tener una fe más fuerte.11

Fue así como emprendió la campaña: basándose en la oración y el estudio compartido con los compañeros y volcándose en las visitas de aliento y orientación personal. Se esforzó como nunca, llegando a gastar tres bicicletas en pocos meses. Para transmitir su determinación y contagiar a los compañeros de Osaka, habló así a los responsables de Kansai, muchos de los cuales habían abrazado la fe hacía poco:

«Cualquiera puede pensar que es una victoria imposible» dijo Shin’ichi, «y así es probablemente cómo se sienten ustedes ahora. Pero no olviden que tienen este maravilloso Gohonzon. Tiene el poder de transformar lo que normalmente asumimos como imposible, en algo posible. Aquellos que se rinden antes de haberlo intentando, no conocen el poder de la Ley Mística.

»Nichiren Daishonin es claro en esto. En el pasaje final de La refutación de los actos contra la Ley y la erradicación de las faltas declara: “Estoy orando para que el Sutra del loto y las diez demonios los protejan a todos, aunque vengan tiempos turbulentos para nosotros; lo hago con el fervor del que busca hacer fuego con leña húmeda o extraer agua de la tierra reseca”.12 […] Aquí nos muestra cómo orar al Gohonzon en los momentos cruciales. Si nos limitamos a analizar nuestra situación únicamente a través de la lógica, no habrá manera alguna de vencer. Pero el Daishonin sencillamente nos explica que el Gohonzon tiene poder infinito. La única cuestión reside en si confiamos o no en él. Si realmente pensamos que somos discípulos del Daishonin, debemos, en primer lugar, orar firmemente para desarrollar el tipo de práctica valiente que puede transformar lo imposible en posible».

Shin’ichi prosiguió explicando la existencia universal de la Ley Mística, empleando los ejemplos del Daishonin: las flores que provienen de la madera y el fuego que proviene de la piedra. «Piensen por un momento en un cerezo durante el invierno», dijo. «No importa lo cerca que se observe o en cuántos trozos se corte, es imposible ver de dónde crecen sus flores. Pero, cuando finalmente llega la primavera, una infinidad de hermosas flores aparecen. Del mismo modo, aunque se observe detalladamente una roca y se piense en cuántos trozos se puede romper, nunca se logrará ver el fuego. Pero, cuando se golpea una roca tallada, finalmente, se consigue hacer fuego». Estos hechos, afirmó Shin’ichi, ilustran cómo la Ley Mística, aunque invisible, se expande en el universo entero.13

Además, les pidió que se sumaran a él en aquella contienda compartida:

«Por favor, cuiden a todos los miembros que les han brindado su confianza», continuó. «Todos aquellos que abrazan el Gohonzon y entonan Nam-myoho-renge-kyo en el último Día de la Ley, son preciados hijos de Nichiren Daishonin. No los traten nunca a la ligera ni menosprecien. Salgan a la calle y encuéntrense con ellos, con cada uno. Escuchen todo aquello que quieran decir. Entonces, ofrézcanles orientación de manera sincera y amable, hasta que queden totalmente convencidos de que si mantienen su fe serán capaces de resolver todos sus sufrimientos. Enséñenles que la clave reside en fortalecer su propia fe, y alentar a otros a hacer lo mismo».14

A través de los constantes esfuerzos del propio Daisaku Ikeda, de la presencia de Josei Toda –que comenzó a impartir estudios en Osaka tal y como venía haciendo en Tokio– y de la revitalización de los miembros de Kansai, finalmente la Campaña de Osaka dio frutos increíbles. De hecho, la magnitud de la victoria sorprendió a la sociedad entera y fue comentada incluso por los medios de comunicación, que sentenciaron que lo imposible se había hecho posible.

DE AHORA HACIA EL PORVENIR

[N]osotros, como practicantes del budismo Nichiren –que [de las «tres existencias» de pasado, presente y futuro] hace hincapié en las dos existencias del presente y el futuro–, extraemos nueva esperanza…15

La Campaña de Osaka fue clave para asegurar el sueño compartido entre maestro y discípulo de establecer una base sólida para el kosen-rufu en Japón, primero, y en el resto del mundo, a partir de 1960.

Como practicantes budistas, aprender sobre la historia y los logros del maestro no solo sirve para conocer el pasado, sino sobre todo como inspiración para tomar acción aquí y ahora, en la vida cotidiana y en las propias circunstancias, conscientes de que este es el momento de los discípulos y discípulas: una oportunidad para trascender los propios límites.


LOS ENCUENTROS PERSONALES

En La nueva revolución humana, Daisaku Ikeda subraya la trascendencia de las visitas hogareñas utilizando la vívida imagen de la sangre que lleva el oxígeno hasta la última célula:

La organización es como el cuerpo humano que no funciona si no hay una buena circulación sanguínea. Las visitas a los miembros y las orientaciones personales hacen circular la savia de la fe y la calidez humana en toda la organización. Esto ha hecho que la Soka Gakkai se desarrollara en una institución donde palpita el humanismo. Valorar a cada individuo, mostrar genuino interés por su bienestar y persistir en el dialogo y en el esfuerzo de brindar aliento son la eterna e invariable clave para un renovado crecimiento y desarrollo de los miembros y de la organización.16

Las visitas no enriquecen solo las vidas de quienes las reciben, sino también las de quienes las realizan:

Mi conclusión, tras haber observado a muchos responsables, es que quienes se han dedicado a brindar aliento individual a los miembros jamás abandonan la práctica budista. Se debe a que esta tarea que implica un esfuerzo arduo y tenaz, que además es poco notoria y muchas veces pasa desapercibida, profundiza de verdad la propia fe. Dar orientación en forma asidua permite a los responsables verse a sí mismos y encaminar también sus vidas. Por este motivo, no dejan de practicar.17


1. IKEDA, Daisaku: «Irrumpir de la tierra», en Cantos de mi corazón, Rivas-Vaciamadrid: Ediciones Civilización Global, 2024, pág. 60.

2. En aquel período, la membresía de la Soka Gakkai en Japón se contabilizaba por familias en lugar de individuos.

3. Véase también la sección «Este mes» de este número.

4. Véase CGlobal, n.º 238, febrero 2025, sección «Orientación».

5. Ib.

6. Ib.

7. Hasta febrero de 1952, se había dado por hecho que el número máximo de nuevos miembros que podían ingresar en un distrito general de la Soka Gakkai en un mes era de cien familias.

8. Véase CGlobal, n.º 249, enero 2026, sección «Estudio».

9. En aquel momento, en Tokio había unas 90 000 familias miembros, mientras que en Osaka eran solo en torno a 30 000, muchas de las cuales llevaban muy poco tiempo practicando el budismo Nichiren en la Soka Gakkai.

10. Ib. nota 8.

11. IKEDA, Daisaku: La revolución humana, vol. 10, cap. «Determinación» (traducción tentativa; esta obra es inédita en España).

12. La refutación de los actos contra la Ley y la erradicación de las faltas, en END, pág. 466.

13. La revolución humana, op. cit.

14. Ib.

15. HARADA, Minoru: «Alentarnos y apoyarnos unos a otros, con miras al centenario de la Soka Gakkai», editorial de Daibyakurenge, noviembre de 2025.

16. IKEDA, Daisaku: La nueva revolución humana, vol. 30, parte 2, Rivas-Vaciamadrid: Ediciones Civilización Global, 2021, p.281)

17. IKEDA, Daisaku: La nueva revolución humana, vol. 27 (en proceso de edición en España).