Unido a ese legado


Héctor Tortajada | Bugarra, Valencia


Cuando comencé a practicar el budismo Nichiren en abril de 2024, el nombre de Daisaku Ikeda resonaba como una presencia viva en el corazón de las compañeras que me guiaron hacia la Ley Mística y el grupo de diálogo que me acogió en sus reuniones. No conocí la práctica cuando Sensei vivía, pero sentí que su espíritu, valentía y compasión seguían presentes en el daimoku, en las reuniones y en las acciones cotidianas y entusiastas de las mujeres que me transmitieron la práctica.

Ellas me mostraron que el Gohonzon es un espejo del potencial infinito que habita dentro de mí. Con su ejemplo de alegría ante la adversidad, fe inquebrantable y aliento mutuo, comprendí que esta práctica no busca escapar del sufrimiento, sino transformarlo en valor y sabiduría.

Al conocer más de Ikeda Sensei en el curso de la región Mediterránea de octubre pasado, entendí con más claridad que un solo ser humano puede cambiar el rumbo de la historia con una fe profunda en la dignidad de la vida. Siento que su diálogo con líderes mundiales, su defensa de la paz y su compromiso con la educación y la cultura, expresan el espíritu de Nam-myoho-renge-kyo: la revolución humana en acción.

Ante dilemas y desafíos complejos, siempre recuerdo el consejo de mis compañeras: «Pregúntate qué haría Sensei». De algún modo, las respuestas fluyen. Así, siento un vínculo con el maestro; cuando me siento frente al Gohonzon, percibo que también dialogo con él. Su ejemplo me impulsa a vivir con coraje, contribuir al bienestar de los demás y mantener la esperanza aun en los momentos duros.

Aunque no empecé mi práctica contemporáneamente a Sensei, percibo que su legado vive en la red de discípulos que siguen avanzando. En esa cadena de fe, gratitud y acción encuentro el sentido de pertenecer a la Soka Gakkai. Así pues, hoy determino unirme a ese legado para seguir forjando mi yo inamovible, ser mi propio refugio y alentar a cada persona a despertar su felicidad.